¿Dónde está la APM?
Imaginamos que desde la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) condenarán las palabras de Pablo Echenique contra el director de OKDIARIO, Eduardo Inda. Se supone que un colectivo que se presta de defender el código ético y deontológico de la profesión no dejará pasar insultos tan graves como «mafioso» o «sicario en busca de padres y sus hijos». Es de desear para la tranquilidad de todos los profesionales del sector que la presidenta de dicha asociación, Victoria Prego, que además de compañera de oficio es directora adjunta de un medio competidor, rechace los ataques del secretario de Organización de Podemos. Más, si cabe, cuando es una información que cumple todas las reglas del óptimo desempeño periodístico. Noticia que ya ha dado la vuelta al mundo varias veces.
Desde luego, de no hacerlo, sería un agravio comparativo. Sobre todo porque la APM llegó a tuitear casi de manera acusatoria una información que decía que la empresa editora de OKDIARIO, Dos Mil Palabras S.L., había obtenido en 2016 un crédito de 300.000 euros de la Empresa Nacional de Innovación (ENISA), que en aquella época dependía del Ministerio de Industria. Una línea de financiación que, amparados en su supina ignorancia, trataron de utilizar desde Podemos para cargar contra este periódico y que era perfectamente legal y ética tanto en el fondo como en la forma. De hecho, cada año se benefician de ella casi mil empresas de nueva creación, a las que va destinada. Por poner sólo un ejemplo, Infolibre, medio dirigido por Jesús Maraña, también obtuvo dicho crédito.
Por lo tanto, es de esperar que la Asociación de la Prensa de Madrid sea diligente y reaccione pronto para defender y proteger las bases de actuación que rigen el periodismo. Ni Victoria Prego ni el resto de dirigentes de dicho colectivo pueden consentir que un representante público insulte de la manera en que Pablo Echenique ha insultado a Eduardo Inda o que catalogue de forma despreciativa a un medio donde decenas de profesionales hacen un trabajo honesto cada día con calificativos como «tabloide de extrema derecha». No sólo porque atenta contra la verdad, sino porque supone un peligroso hábito: el de atacar con saña, rozando el delito, a un medio de comunicación por el mero hecho de publicar la verdad que no quieren que se sepa. ¿Dónde está la APM? Esperamos que aparezca.
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