Opinión

Diccionario grasiento del ‘caso Koldo’

  • Carla de la Lá
  • Escritora, periodista y profesora de la Universidad San Pablo CEU. Directora de la agencia Globe Comunicación en Madrid. Escribo sobre política y estilo de vida.

ACUSACIÓN POPULAR. Podrías ser tú o cualquier ciudadano o entidad que se persona para acusar, aunque no sea víctima directa. El invitado incómodo que no puedes tachar de la boda. Puede preguntar, escribir acusaciones y pedir cosas, pero los acusados se permiten el lujo de mirar al techo y decir «a usted no le contesto». En este drama lo encarna el PP.

ALEGATOS. Discursos de cierre de fiscal, acusaciones y defensas para resumir pruebas y pedir condena o absolución. Todos hablan como si el juicio hubiera demostrado exactamente lo que ellos ya sabían desde el primer día. Competición de monólogos con toga.

BÚNKER. El retiro espiritual de Koldo en Polop de la Marina. Un chalet con nueve armas, veinte móviles y una caja fuerte que es el monumento nacional a la paranoia del conseguidor. Un sitio ideal para freír chistorras mientras esperas que la UCO llame al timbre.

CHISTORRA. Unidad de medida de la trama. No es embutido navarro, sino billetes de 500, esos color violeta que riman con «bragueta». Koldo dice que él solo bajaba al bar a por ellas, pero la UCO sospecha que no se digieren, se blanquean.

COADYUVAR. Me pregunto por qué no dicen ayudar, colaborar, contribuir a un fin. Palabra cara para idea barata. Podría ser también cantar lo justo para arañar rebaja sin perder sitio en la mesa del patio de la prisión.

FASE DOCUMENTAL. Contratos, whatsapps, correos, escrituras, informes… Es la venganza de los PDFs. Todo lo que el acusado dice no recordar aparece con fecha, hora, firma y foto. Es cuando ese «yo nunca ordené nada» se cruza con un correo que pone «dale esto que es amigo».

FASE INTERMEDIA. Es el purgatorio procesal. Ni cielo ni infierno: solo ese momento en que los abogados aún venden a su cliente que «esto se puede archivar» mientras el auto de apertura de juicio ya se está probando la toga frente al espejo.

FASE PERICIAL. Hablan los peritos, esos señores que entienden de números, contratos e infraestructura. Nadie entiende nada pero todos asienten mucho; trazabilidad, flujos y sobrecostes; el traductor simultáneo dice: «Aquí se ha mangado y bastante”.

FASE TESTIFICAL. Policías, técnicos, ex, amantes, funcionarios y vecinos. Aquí aparecen la amante arrepentida, la miss enchufada y el funcionario que llevaba veinte años sellando papeles sin saber que un día sería trending topic.

FISCAL GENERAL DEL ESTADO. Jefe de todos los fiscales, lo nombra el Gobierno, lo firma el Rey, dirige la política criminal. El patriarca de la familia togada. Es el personaje que convierte la famosa frase «¿de quién depende la Fiscalía?» en algo más que una anécdota de hemeroteca.

FISCALÍA ANTICORRUPCIÓN. Fiscalía especial para gentes como Ábalos, Aldama y Koldo. Tiene jefe propio, pero obedece al Fiscal General.

GATO. El avalista peludo de Jésica. Resulta que el piso en Plaza de España era, en realidad, un refugio animal. Ábalos justifica el alquiler porque era difícil encontrarle techo a un minino; una suerte de sensibilidad veterinaria pagada con el sudor del contribuyente. Si tienes una amante, que tenga gato.

GHOSTING. Ábalos dice haber conocido este anglicismo en sus affaires románticos y enchufados. Ghosting es lo que se hace con los ex: exnovias, exasesores, exministros. Un día eres el hombre de confianza y al siguiente te quedas en «visto» eterno. Ábalos lo aprendió con Jésica y el partido lo perfeccionó con él.

INSTRUCCIÓN. Fase en la que juez y Fiscalía investigan si hay delito o solo rollos. Se pinchan teléfonos, se registran casas y se cuentan billetes.

ORNITORRINCO PROCESAL. Se lo llaman a Aldama, como acusado que se comporta como medio acusador, híbrido entre imputado y delator. Un animalito raro del ecosistema judicial: se sienta en el banquillo, pero señala con el pico a los otros: pone huevos en la trama y al mismo tiempo explica quién más estaba en el gallinero.

PITAYA. La coartada botánica de Koldo. Pretende convencernos de que su incremento patrimonial viene de cultivar frutas en Latinoamérica. De las mascarillas a la agricultura tropical sin bajarse del coche oficial. Si no puedes explicar tu fortuna, di que es por las pitayas: suena ecológico, verde y absolutamente falso.

SENTENCIA. Después de meses de «no sé», «no recuerdo» y «el perro me ha comido los deberes» alguien escribe cuántos años de reflexión le caen a cada romántico de la pandemia. Es el momento en que descubres si lo tuyo era coadyuvar… u otra cosa.

SEÑORITA. Tratamiento de cortesía de señoro que confunde el interés general con su interés genital. Mejor que lo de Koldo, Puta1 y Puta2.

TRIBUNAL. Dioses del Olimpo jurídico que discuten, negocian párrafos y acaban firmando una verdad oficial que luego media España llamará complot y la otra media, justicia histórica. Escuchan historias de gatos y pitayas con una paciencia que roza la santidad laica, mientras deciden si lo tuyo es un bolero o un banquillo

VISTO PARA SENTENCIA. Estamos ahí. A partir de ahora no sirve llorar ni enamorarse ni descubrir nuevas palabras en inglés. El tribunal cierra el telón y se retira a meditar sobre el surrealismo español. Sólo queda esperar a que, en algún despacho del Supremo, unas cuantas plumas decidan cuánto dura realmente el amor… y la condena. Porque al final, en este karaoke judicial, el amor es ciego, pero la UCO… la UCO tiene una vista de lince.