Ahora se entiende por qué Zapatero no quiso contestar al juez

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Ahora se entiende por qué Zapatero no quiso contestar al juez

Cuando el juez Calama preguntó a José Luis Rodríguez Zapatero por el cobro, a través de la sociedad peruana Focos Social Research SAC, de 200.000 euros, el ex presidente del Gobierno, claramente tenso, titubeó, se limitó a decir que era un contrato de consultoría y se negó a dar más explicaciones. Ahora sabemos por qué: el último informe de la UDEF revela que Rodríguez Zapatero cobró esa cantidad por influir a favor de una empresa peruana ante el Gobierno de Bolivia, recibiendo, como contrapartida y de forma camuflada, un pago por falsas labores de consultoría a través de una empresa interpuesta.

Zapatero habría logrado del entonces presidente boliviano Luis Arce, con quien se reunió en septiembre de 2024, su implicación y la del ex ministro de Justicia César Siles, ambos procesados por corrupción, en favor del conglomerado empresarial peruano Gloria, que tenía varios pleitos millonarios en Bolivia. Por tanto, de labores de consultoría, nada. Puro tráfico de influencias «aprovechando sus contactos y ascendencia pública internacional». En suma: «Simuló servicios de asesoría nunca prestados, creando contratos ad hoc para justificar dichos pagos».

Con independencia de que habrá que convenir que los altos contactos bolivianos de Zapatero están envueltos en escándalos de corrupción parecidos al del propio ex presidente del Gobierno —Dios los cría y ellos se juntan—, resulta más que evidente que su imputación por pertenencia a una organización criminal orientada al tráfico de influencias en la que ocupa una posición dirigente, tiene que ver, precisamente, con hechos como el contenido en el último informe de la UDEF.

Y es que ahora la izquierda pretende hacernos creer que lo que hacía Zapatero era asesorar. No, las labores de Zapatero eran, presuntamente, las tipificadas como un delito de tráfico de influencias a escala internacional y continuadas en el tiempo. Y, por cierto, con los gobiernos menos recomendables del planeta. O, por decirlo de forma clara: los más corruptos del mundo.

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