¿Harto de las chinches? La ciencia descubre el remedio definitivo para acabar con ellas sin químicos
Un estudio de la Universidad de California revela que las chinches huyen del agua por su fisiología
Los expertos alertan: los insecticidas con agua pueden dispersar las chinches a otras zonas del hogar
Las chinches huyen del agua de forma instintiva, y esta reacción podría ser la clave para combatir una de las plagas más resistentes que existen. Un nuevo estudio publicado en el Journal of Ethology por investigadores de la Universidad de California en Riverside (UCR) documenta por primera vez este comportamiento y abre la puerta a métodos de control más eficaces para eliminarlas de los hogares.
La razón de este miedo al agua tiene una explicación anatómica concreta. Las chinches tienen el cuerpo extremadamente plano y unos pequeños orificios respiratorios llamados espiráculos situados en la parte ventral. Según el profesor de entomología Dong-Hwan Choe, coautor del estudio, si estos insectos entran en contacto físico con el agua, quedan atrapados en su superficie y sus vías respiratorias quedan bloqueadas.
El cuerpo, una trampa mortal
«Debido a su fuerte poder adhesivo, el agua puede ser muy peligrosa desde la perspectiva de una chinche», explica Choe. La propia fisiología del insecto convierte algo tan cotidiano como una superficie mojada en una amenaza potencialmente letal. No sorprende, por tanto, que las chinches muestren una aversión extrema a cualquier forma de humedad.
El hallazgo llegó de forma fortuita en el laboratorio de Choe. Las colonias de chinches se mantienen normalmente en tubos de ensayo con papel para que los insectos puedan aferrarse a él. Un día, la membrana de un alimentador artificial se rompió levemente y la sangre comenzó a empapar el papel del interior del tubo.
Un descubrimiento accidental
Choe esperaba que las chinches se acercaran a beber la sangre derramada, pero ocurrió todo lo contrario: los insectos evitaron activamente las zonas húmedas y ni siquiera se aproximaron a ellas. «Pensé que las chinches estarían contentas de beber la sangre del papel», recuerda el investigador. «Pero lo que vi fue muy distinto: evitaban activamente la parte del papel que se había mojado».
Intrigados por la observación, los investigadores repitieron la prueba mojando el sustrato de papel únicamente con agua. El resultado fue idéntico: las chinches huyeron de las zonas húmedas exactamente igual que habían huido de la sangre derramada. Estas observaciones impulsaron el diseño de experimentos más rigurosos y sistemáticos.
Todos huyen, los jóvenes más rápido
El investigador postdoctoral Jorge Bustamante diseñó una batería de experimentos utilizando una cámara infrarroja especial con lente de aumento, imprescindible para seguir el movimiento de las chinches más jóvenes, que apenas miden dos milímetros de longitud. Mediante software de análisis de vídeo, Bustamante midió la velocidad y las distancias que recorrían los insectos para alejarse del agua.
Los resultados fueron concluyentes: todas las chinches, independientemente de su sexo o edad, evitaban las superficies mojadas con determinación. Todos los individuos tendían a alejarse del agua con mayor rapidez de la que se acercaban a ella. Las chinches más jóvenes, además, realizaban un giro de 180 grados significativamente más rápido al detectar la humedad.
Insecticidas y dispersión
Este comportamiento tiene consecuencias prácticas importantes para el sector del control de plagas. Las empresas que desarrollan insecticidas en base acuosa deben tener en cuenta que las chinches huirán activamente de las superficies tratadas hacia otras zonas del hogar. «Si los insecticidas no matan a las chinches de inmediato, estas abandonarán las áreas tratadas y se dispersarán por otros lugares», advierte Choe.
Esta reacción de huida podría reducir temporalmente la eficacia de los tratamientos convencionales y dificultar la erradicación total de la plaga si el producto no actúa con rapidez suficiente. Los especialistas tendrán que incorporar este comportamiento en el diseño de nuevos protocolos de desinsectación.
El baño, primer escudo
Para quien sospeche que tiene chinches encima, el profesor Choe ofrece una solución directa: «Date un baño. Eso resolverá el problema». El agua corriente resulta suficiente para deshacerse de los insectos que pudieran estar sobre el cuerpo, aunque el investigador aclara que las chinches que se encuentren en la habitación o en la cama requerirán un tratamiento específico diferente.
El estudio representa la primera documentación científica de la aversión de las chinches al agua y sienta las bases para desarrollar métodos de control que aprovechen esta vulnerabilidad natural del insecto. Los investigadores esperan que el hallazgo inspire nuevas líneas de investigación orientadas a mejorar los tratamientos contra una plaga que lleva décadas resistiendo los métodos convencionales de desinsectación.
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