Naturaleza
Agricultura

No hay que dramatizar aún, pero la ciencia afirma que las mallas que protegen los cultivos de fruta están alterando la vida de aves, insectos y murciélagos

  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

Hay técnicas ancestrales que están revolucionando la agricultura, pero otros métodos tradicionales necesitan una revisión para preservar la biodiversidad. Al parecer, este es el caso de las mallas.

Y es que las mallas agrícolas son una solución sencilla para proteger el fruto del granizo, de la lluvia, de algunas plagas y del exceso de sol. Sin embargo, esa defensa también afecta a animales que viven en el campo como las aves, los insectos o los murciélagos.

Esa es la conclusión a la que ha llegado el estudio científico Orchard netting impacts on biodiversity leading to cascading effects at the ecosystem level, publicado en Biological Reviews. No hay que retirar todas las mallas, pero si tomar medidas para no empobrecer el ecosistema.

Las mallas agrícolas afectan a las aves, los murciélagos y los insectos, según la ciencia

A veces, de forma indirecta, las actividades humanas en la naturaleza sirven de refugio a algunos animales. Por ejemplo, ocurre con las placas solares. Sin embargo, con las mallas agrícolas ocurre justo lo contrario.

Llevan años usándose para proteger frutas y frutos secos de riesgos físicos, como el granizo, la lluvia o la sombra excesiva, y también de amenazas biológicas. El problema es que también afecta a la biota.

Según el estudio firmado por Corrado Alessandrini y otros investigadores, una malla agrícola no sólo tapa al árbol. También filtra qué especies pueden entrar, alimentarse, moverse o aprovechar los recursos que quedan bajo esa cubierta.

Ese filtrado puede alterar las interacciones habituales entre especies en el campo. Por ejemplo, si entran menos polinizadores o menos enemigos naturales de las plagas, el sistema pierde parte de los servicios que la fauna silvestre aporta gratis al cultivo.

Ahí entran en juego aves, insectos y otros vertebrados asociados al control de plagas. Una malla tiene efectos positivos, pero también deja a estos animales sin aportar su granito de arena.

Las mallas agrícolas están reduciendo el número de polinizadores

La revisión identificó 48 estudios previos sobre mallas de protección, pero con un inconveniente. Y es que hay un sesgo provocado porque las investigaciones suelen centrarse en manzanos, en países occidentales y en especies consideradas plaga.

Es decir, se ha estudiado bastante bien si las mallas frenan al animal que el agricultor quiere excluir, pero mucho menos qué pasa con las especies que no dañan la cosecha y pueden ayudarla.

De hecho, las mallas son muy eficaces para disuadir a especies objetivo. En algunos casos, incluso las cubiertas pensadas para proteger del clima también limitan poblaciones de plagas.

La letra pequeña es que también tiene efectos secundarios para los polinizadores a la vez que aumenta el riesgo de plagas secundarias y enfermedades microbianas.

La consecuencia es que una comunidad más pobre en especies puede acabar con redes ecológicas más simples, menos control biológico y menor estabilidad del sistema.

Por qué la agricultura necesita alternativas a las mallas en los árboles

En ningún momento se afirma que las mallas sean el enemigo del agricultor o que haya que dejar de usarlas por completo. Tan cierto es que cumplen una función como que sería buena idea encontrar alternativas.

Si una herramienta protege frente al granizo o frente a una plaga concreta, pero reduce polinizadores o enemigos naturales, el beneficio agrícola debe medirse junto al coste ecológico.

Lo que se necesita es evaluar mejor los efectos indirectos sobre especies no objetivo y sobre los servicios que sostienen la producción. Por ejemplo, polinización, control de plagas, estabilidad ecológica y funcionamiento general del agroecosistema.

Eso hace necesario buscar soluciones que combinen protección del cultivo con conservación de la biodiversidad, en vez de tratar el huerto como una estructura cerrada donde sólo importa la fruta.