Naturaleza
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La malva real: la flor que decora las fachadas de los pueblos y que ayuda a combatir la humedad

Con la entrada del verano, es habitual encontrar numerosas flores creciendo junto a muros y paredes, tanto en España como en el continente europeo. Muchas las consideran un elemento decorativo, aunque estas plantas esconden una función práctica y resolutiva que se remonta a una época en la que las casas carecían de los sistemas modernos de impermeabilización. Un ejemplo de estas flores sería la malva real, una planta que decora la fachada de los pueblos y que además ayuda a eliminar la humedad de las viviendas.

¿Qué tipo de flor es la malva real?

La malva real, conocida tradicionalmente como Alcea rosea, se plantaba antiguamente junto a las fachadas porque sus raíces profundas eran capaces de absorber grandes cantidades de agua del terreno, contribuyendo a reducir parte de la humedad acumulada en la base de los muros. Un método útil sobre todo en viviendas de piedra y construcciones antiguas, donde las lluvias intensas podían provocar filtraciones y deterioro en las paredes. Además, gracias a su elevada demanda de agua y a su abundante follaje, esta planta ayudaba a mantener más seco el entorno de la construcción.

Una solución que se mantiene

Numerosas casas rurales conservan la tradición de la malva real. Una planta que es conocida por su resistencia tanto al calor como al frío y por su capacidad para adaptarse a terrenos cercanos a muros y paredes. Además, sus raíces crecen de forma vertical, por lo que no suelen causar daños estructurales ni levantar pavimentos. Los expertos resaltan que los muros soleados crean condiciones ideales para esta planta, ya que favorecen el drenaje del suelo y evitan el exceso de agua alrededor de las raíces. Esta combinación explica por qué la malva real aparece espontáneamente en muchos pueblos.

De remedio a decoración

En las casas más modernas, donde los sistemas de aislamiento e impermeabilización han evolucionado de forma notable, la función de la malva real es en su totalidad decorativa. Sus flores dan color a las fachadas y ayudan a disimular pequeños elementos visibles como bajantes, desagües o imperfecciones arquitectónicas. Aunque, al ser un símbolo de la arquitectura popular y de los remedios tradicionales transmitidos durante generaciones, mostrando cómo la naturaleza formó parte de las soluciones domésticas mucho antes de la llegada de las tecnologías actuales.