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Japón investiga una región inexplorada del océano y encuentra una extraña esponja de cristal a 1 km de profundidad

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un equipo de científicos ha logrado documentar la vida en una región inexplorada en aguas japonesas del noroeste del Pacífico. Mediante el uso del sumergible tripulado Shinkai 6500, en el monte submarino Getsuyo, los expertos recolectaron ejemplares de la esponja de cristal, un organismo del género Hexactinellida, para estudiarla en detalle.

El análisis de investigadores como Naoto Jimi ha permitido comprender cómo sobreviven especies desconocidas en el océano profundo. La investigación, entre otras cosas, destaca que estas esponjas de sílice funcionan como un recurso limitado y esencial para otros organismos.

Al estudiar su estructura en las profundidades del océano, los biólogos identificaron dos nuevas especies de gusanos poliquetos, la Dalhousiella yabukii y el Leocratides watanabeae. Estos animales mantienen una relación de simbiosis con la esponja de cristal, ya que han demostrado una especialización ecológica convergente para habitar en el mismo hospedador en el entorno abisal.

¿Qué ha encontrado Japón en esta región inexplorada del océano?

El descenso a las profundidades del archipiélago de Japón ha revelado que la esponja de cristal alberga una biodiversidad mucho más rica de lo previsto. Según los datos publicados en el Zoological Journal of the Linnean Society en marzo de 2026, los científicos hallaron estos nuevos gusanos compartiendo nichos similares.

Al analizar los especímenes, el equipo notó que la simbiosis en esta familia de anélidos tiene un origen evolutivo único. Asimismo, esta expedición demuestra que la vida a 1 km bajo el nivel del mar depende de estas estructuras de vidrio biológico.

La profundidad no impide que los organismos prosperen. Al contrario, el estudio de la esponja de cristal confirma que especies estrechamente relacionadas pueden convivir sin excluirse, un fenómeno de evolución convergente que no tenía registros previos en estos poliquetos.

Un camarón asociado con un rostro muy dentado que habita en una esponja de vidrio. Imagen cortesía de la Oficina de Exploración e Investigación Oceánica de la NOAA, Explorando los montes submarinos, trincheras y depresiones de Puerto Rico

El impacto de la profundidad en la biodiversidad de la fosa de Nankai

La relevancia de estos hallazgos coincide con un censo biológico masivo en la fosa de Nankai, cuyos resultados publica la revista científica Ecosphere. En esta zona de Japón, las inspecciones coordinadas por expertos como Chong Chen han multiplicado por cinco el número de animales conocidos.

Si antes los registros solo mencionaban 14 especies en estas filtraciones de metano, las nuevas inmersiones elevan la cifra a 80 especies distintas, muchas de ellas vinculadas a la esponja de cristal.

Entre los descubrimientos más impactantes de este registro histórico figuran:

¿Por qué es necesario proteger los ecosistemas del fondo oceánico?

La estabilidad de estas colonias sorprende a los científicos, ya que algunas comunidades apenas han mostrado cambios en las últimas tres décadas. Sin embargo, la región inexplorada se enfrenta ahora a la posible explotación de yacimientos de metano.

Al encontrarse a gran profundidad, cualquier actividad minera antropogénica pondría en riesgo a la esponja de cristal y a las especies endémicas que dependen de sus esqueletos de sílice para no desaparecer del océano.

El informe técnico advierte que la fauna en estas zonas de Japón presenta una segregación marcada por la profundidad. Esto implica que los seres vivos que habitan a 1 km de la superficie son totalmente diferentes a los de niveles inferiores.

«Los descubrimientos realizados en la fosa de Nankai y la cadena de montes submarinos de Shichiyo nos recuerdan lo poco que realmente se ha explorado de nuestro océano», dijo Mitsuyuki Unno, director ejecutivo de la Fundación Nippon, en una declaración enviada a IFLScience.