Hallazgo histórico en una sima cántabra: un esqueleto confirma que en el siglo XIX aún había linces boreales en España
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La historia se sigue descubriendo y actualizando a través de los restos que aparecen en lugares insospechados. En este caso, un esqueleto casi completo hallado en una sima de Cantabria confirma que en el siglo XIX aún habitaban linces boreales en España, mucho más tarde de lo que la comunidad científica aceptaba hasta ahora.
Esta especie es el mayor felino salvaje de Europa, y aunque se pensaba que había desaparecido de la península ibérica durante la Edad Media, la realidad es que sobrevivió en el norte peninsular hasta finales del siglo XVIII o comienzos del XIX.
Este es el esqueleto que confirma que aún había linces boreales en España en el siglo XIX
Un equipo científico liderado por la Universidad de La Coruña ha documentado un esqueleto prácticamente completo de Lynx lynx en la Sima Topinoria, en los Picos de Europa. La datación por radiocarbono sitúa al animal hace unos 210 años, lo que convierte este ejemplar en el registro más reciente confirmado de lince euroasiático en la península ibérica. Hasta ahora, el ejemplar más reciente conocido procedía de los Pirineos de Navarra y databa de hace unos 400 años.
Los fósiles los descubrieron en 2020 espeleólogos del Grupo Flash de Madrid a unos 100 metros de profundidad en una cavidad kárstica. La posición articulada de los huesos y su excelente estado de conservación apuntan a que el animal murió en el lugar. Los investigadores concluyen que probablemente cayó de forma accidental y sobrevivió entre 10 y 20 días, como indican múltiples fracturas en proceso de cicatrización.
El análisis osteométrico identifica al individuo como un macho adulto joven de unos tres años y un peso estimado de 19,7 kilogramos. Su tamaño era inferior al de los linces boreales de épocas más antiguas en la península, lo que los investigadores asocian a una reducción genética provocada por la presión y la persecución humana. El estudio se publica en la revista Holocene con el título «The last Iberian record of Eurasian lynx».
El hallazgo también resuelve un misterio histórico. Durante siglos, las crónicas del norte de España mencionaban un gran depredador al que llamaban «lobo cerval». Las descripciones eran explícitas en cuanto a tamaño, peso y capacidad de caza, pero nunca había aparecido evidencia física que las respaldara. El esqueleto de la Sima Topinoria aporta esa confirmación material.
Por qué es relevante que el lince boreal viviera en España hasta el siglo XIX
El hallazgo tiene cuatro implicaciones directas. La primera es cronológica: retrasa en dos siglos la desaparición confirmada de la especie en la península y obliga a reescribir la historia de la fauna ibérica. La segunda es histórica: valida los relatos orales y los documentos de caza del norte de España que la ciencia había descartado durante décadas.
La tercera implicación es legal y ecológica. La legislación europea exige demostrar que una especie fue nativa en tiempos históricos recientes para autorizar su reintroducción. Al confirmarse que el lince boreal habitó España hasta el siglo XIX, se abre la vía para plantear su recuperación en la cordillera Cantábrica.
La cuarta tiene que ver con la genética: el menor tamaño del ejemplar respecto a sus ancestros apunta a un proceso de aislamiento y deterioro genético previo a la extinción, un patrón que los científicos pueden estudiar para entender mejor cómo la presión humana debilita a una especie hasta hacerla desaparecer.
En qué se diferencia el lince boreal del lince ibérico
El lince boreal es notablemente más grande y robusto que el lince ibérico. Un adulto de Lynx lynx puede pesar entre 18 y 30 kilogramos, frente a los 9 y 14 kilogramos habituales del Lynx pardinus. La altura a la cruz del boreal ronda los 60 a 75 centímetros, mientras que el ibérico no supera los 47.
El pelaje también los distingue a simple vista. El lince ibérico tiene un manto pardo-rojizo con manchas negras muy definidas y unas largas patillas blancas y negras que crecen con la edad. El boreal presenta un pelaje más homogéneo, grisáceo o amarillento, con manchas más tenues y patillas mucho más discretas.
Las zarpas del boreal son proporcionalmente grandes y están cubiertas de pelo espeso para moverse sobre la nieve, mientras que las del ibérico son más compactas y adaptadas al salto rápido sobre terreno mediterráneo. En cuanto a la dieta, el ibérico depende casi exclusivamente del conejo, mientras que el boreal caza presas de mayor talla, como el corzo.
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