Extremadura no se anda con chiquitas: prepara un ejército de drones para proteger el arroz de su plaga más dañina
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Extremadura concentra una parte importante del cultivo de arroz en España. Sus Vegas del Guadiana y los regadíos del Alagón albergan alrededor de 19.000 hectáreas dedicadas a este cereal, distribuidas por 25 municipios de la región. Es un sector con peso económico propio, y cada año juega contra el reloj para sacar adelante la cosecha antes de que las plagas puedan mermarla.
Y por si alguien no está al tanto, el problema no es nuevo. La pudenta del arroz lleva décadas atacando los cultivos extremeños, y las últimas prospecciones del Servicio de Sanidad Vegetal detectaron un aumento notable de su densidad en los campos. La Consejería de Agricultura ha autorizado este año una respuesta aérea que incorpora nada más y nada menos que drones.
¿Qué hay detrás de los drones y aviones de Extremadura para proteger 19.000 hectáreas de arroz?
El operativo combina aviones convencionales con drones de aplicación fitosanitaria para tratar los arrozales en el menor tiempo posible.
Los trabajos se realizan desde el aire porque la ventana de tratamiento es estrecha: la plaga alcanza su mayor peligrosidad durante las semanas de maduración del grano y cualquier retraso en la intervención puede traducirse en pérdidas cuantiosas para los agricultores.
Ahora, en lo que respecta al tratamiento, este cubre las dos grandes zonas de producción arrocera de Extremadura: las Vegas del Guadiana y los regadíos del Alagón.
Los 25 municipios donde se cultiva arroz en la región quedan incluidos en el perímetro de actuación, y el protocolo contempla aplicaciones agrupadas y simultáneas para reducir la presión de la plaga en el menor tiempo posible.
¿Qué es la pudenta del arroz, la chinche que deprecia la cosecha en Extremadura?
La pudenta del arroz (Eysarcoris ventralis) es un hemíptero (un tipo de chinche) que ataca el grano durante su fase de llenado y maduración.
El daño que produce no siempre resulta visible en el campo, pero se hace evidente en el molino. Y es que allí, el insecto deja en el grano maduro una mancha oscura conocida como ojo de perdiz, que deprecia el producto de forma significativa y reduce su valor comercial.
En las variedades de grano largo, el impacto es aún mayor. Además de la mancha, los granos atacados presentan un porcentaje más elevado de roturas durante el procesado, lo que multiplica las pérdidas para el agricultor.
La plaga afecta tanto a la calidad como a la cantidad de la cosecha, y su ciclo anual obliga a los productores extremeños a vigilar los cultivos semana a semana durante todo el verano.
De los primeros aviones a los drones: ¿Cómo ha evolucionado la campaña contra esta plaga en Extremadura?
La primera gran operación oficial de tratamiento aéreo contra la pudenta en Extremadura data de 2016, cuando la Junta destinó 430.000 euros para fletar cinco aviones capaces de tratar las 24.000 hectáreas de arrozal en diez días. La operación se coordinó entre la Consejería de Agricultura, la Mesa del Arroz y los ayuntamientos de los municipios productores.
Los drones llegaron después. En la campaña de 2024, los vehículos no tripulados se incorporaron por primera vez junto a los aviones convencionales para tratar parcelas específicas donde los aparatos más grandes tenían dificultades para operar. Los resultados confirmaron su eficacia, y desde entonces los drones son parte fija del operativo.
En 2025, los técnicos detectaron un aumento notable en la densidad de la plaga, lo que aceleró la planificación de la respuesta para esta temporada.
La campaña también requiere coordinación con los apicultores de la zona, ya que el tratamiento fitosanitario puede afectar a las colmenas situadas cerca de los arrozales. El protocolo obliga a notificarles con al menos dos días de antelación antes de cada pasada aérea.
No es un detalle menor: solo en el entorno de los arrozales extremeños se contabilizan alrededor de 250.000 colmenas cuya actividad depende de que la operación se ejecute con precisión.
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