Rochdale, Rotherham y ahora Telford: las violaciones masivas de niñas que Starmer se niega a investigar
«Uno de mis primeros recuerdos es estar sentada en su regazo en el jardín, y su mano entrando en mi ropa interior. Tenía cinco años». Con estas desgarradoras palabras, Samantha Smith comienza a relatar una década de abusos que sufrió en Telford, apenas otra punta del iceberg de uno de los mayores escándalos de abuso sexual infantil en la historia moderna del Reino Unido. Samantha Smith es hoy la mujer que hace temblar al Gobierno socialista de Keir Starmer, el que al igual que el PSOE y Podemos en Valencia y Baleares, se niega a investigar las violaciones de niñas británicas vulnerables cometidas durante décadas por bandas de pakistaníes.
El caso de Smith, como el 96,5% de todos los casos de delitos sexuales en el Reino Unido, nunca llegó a una condena. Tras años de silencios, comienzan ahora a salir más casos de depredadores sexuales, en su mayoría de origen pakistaní, que violaron en grupo a niñas blancas, mientras las autoridades no abordaban el problema o miraban hacia otro lado por corrección política. Rotherham —1.400 casos— fue la que rompió la espiral del silencio. Telford —más de 1.000 casos para una población de 170.000 personas—amenaza con hacer soltar por los aires al establishment político que prefirió callar antes que actuar utilizando al activista Tommy Robinson de chivo expiatorio.
«Recuerdo que me preguntaron si en algún momento había consentido la actividad sexual», relata Smith, señalando la absurdidad de tal cuestionamiento cuando la Ley de Delitos Sexuales establece claramente que ningún niño puede consentir relaciones sexuales. «Las chicas en Telford fueron etiquetadas como prostitutas infantiles, dejadas de lado, como si hubieran elegido este estilo de vida», añade.
Douglas Murray, unos de los pensadores conservadores más leídos en Reino Unido, ha afirmado en una entrevista en Spectator que «es absolutamente absurdo decirle a la población nativa de Gran Bretaña, particularmente a la clase trabajadora blanca: ‘Ustedes no son nadie. No merecen ser escuchados. Y no nos importa lo que le pase a sus hijas’.»
«La policía, los parlamentarios, los funcionarios del consejo y otros, incluido el CPS [Servicio de Fiscalía de la Corona, dirigido en el pasado por Starmer], decidieron que era más importante no dar lo que ellos veían como un regalo al fantasma de la extrema derecha en el Reino Unido», afirma.
En relación a la cacería contra el activista Tommy Robinson, hoy en prisión por sus protestas contra el Gobierno de Starmer, Murray opina que esto ilustra un patrón problemático: «Mientras fueron extremadamente eficientes en encontrar delitos menores para encarcelarlo (fraude hipotecario), no aplicaron el mismo celo investigador contra los predicadores islamistas radicales que él denunciaba».
Murray critica que los políticos tienden a atacar los «síntomas secundarios» (como los movimientos de protesta) en lugar de abordar los «problemas primarios». Es como tratar una inflamación en la piel mientras se ignora la enfermedad que afecta a todo el cuerpo. El autor de La extraña muerte de Europa argumenta que la sociedad occidental ha «internalizado la fatwa», refiriéndose al caso Rushdie, sugiriendo que hemos adoptado la autocensura por miedo a ofender al Islam, especialmente cuando se requiere verdadero valor para defender principios importantes.
«Loverboys»
Estas han sido las conclusiones de un informe de Daily Mirror que durante 18 meses investigó la forma en que fueron ocultados estos casos:
- Más de 1.000 niñas fueron víctimas de abuso sexual por parte de bandas mayoritariamente de origen pakistaní.
- Los abusos se prolongaron durante al menos tres décadas
- Solo un pequeño número de perpetradores fue llevado ante la justicia
- Utilizaban el método «loverboy»: buscaban niñas menores y vulnerables y las convencían de comenzar un noviazgo. (De ahí lo de grooming gangs)
- Los taxistas locales —pakistaníes en su mayoría— jugaron un papel central en los abusos
- Utilizaban locales de comida rápida como puntos de explotación
- Amenazaban de muerte a las víctimas si denunciaban
«Nadie hacía preguntas»
Una niña de 14 años, captada y abusada después de que su número de teléfono fuera vendido a pedófilos, ofreció al Mirror un testimonio tan esclarecedor como escalofriante: «Odiaba lo que estaba pasando y mis abusadores me daban asco, pero me dijeron que si decía una palabra a alguien, irían por mis hermanas pequeñas y le dirían a mi madre que yo era una prostituta. Noche tras noche, me obligaban a tener relaciones sexuales con múltiples hombres en asquerosos locales de comida para llevar y casas inmundas. Debía estar consiguiendo la píldora del día después de una clínica local al menos dos veces por semana, pero nadie hacía preguntas».
«Quedé embarazada dos veces y tuve dos abortos. Horas después de mi segunda interrupción del embarazo, uno de mis abusadores me llevó para ser violada por más hombres. El peor momento llegó justo después de mi decimosexto cumpleaños cuando me drogaron y fui violada en grupo por cinco hombres. Días después, el cabecilla se presentó en mi casa y me dijo que la quemaría si respiraba una palabra de lo que había sucedido», confesó.
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