La derrota de Trump en las ‘midterms’ no es el fin: Reagan, Clinton y Obama también perdieron el Congreso y siguieron gobernando
En los próximos días, querido lector, va a escuchar nuevos términos de la política de Estados Unidos: pato cojo (“lame duck”), “trifecta”, veto, ola azul (“blue wave”), “impeachment”… Pero quede tranquilo. Dios mediante, Trump seguirá en la Casa Blanca, o en Palm Beach, los próximos dos años.
Las elecciones de mitad de mandato (“midterms”), en las que se renueva toda la Cámara de Diputados (435 escaños) y un tercio del Senado, junto varios cargos de gobernador, han sido una derrota para Donald Trump, quien se implicó en la campaña con una energía extraordinaria para un octogenario.
Hasta ahora, Trump gozaba de una “trifecta”, es decir, un mismo partido controlaba la presidencia y las dos Cámaras del Congreso. A partir de enero próximo, cuando tomen posesión los elegidos, los republicanos sólo tendrán la Casa Blanca.
La derrota en las “midterms” la han sufrido otros presidentes, como Ronald Reagan, Bill Clinton y Barack Obama. Siguieron gobernando, haciendo nombramientos, librando guerras… y no fue el fin de sus carreras. En 1994, en el primer mandato de Clinton, los republicanos, dirigidos por Newt Gingrich, conquistaron por primera vez desde 1948 las dos Cámaras; en 1996, el demócrata Clinton fue reelegido, aunque los republicanos conservaron el Congreso. En 2010, Obama perdió 63 diputados en la Cámara, el mayor cambio desde 1948, y el Senado; y volvió a ganar en 2012. Por tanto, un revolcón no es ni inesperado ni paralizante.
Como consecuencia de los equilibrios establecidos en la Constitución federal, el presidente de EEUU tiene menos poder en política interior de lo que parece. Por ejemplo, no puede gobernar sin presupuestos aprobados por el Congreso, a diferencia de lo que ha estado haciendo Pedro Sánchez desde hace tres años. El presidente que se encuentra en esa situación recibe el apodo de “pato cojo”. Depende de su carácter, de su capacidad de negociación y de su popularidad que pueda continuar con su programa. ¿Veremos un Trump amable con la oposición? Por de pronto, anoche felicitó a los demócratas.
El presidente dispone de un arma para impedir que un Congreso adversario le imponga una legislación que no quiere y es el veto. Clinton recurrió a él 37 veces. Las Cámaras pueden anularlo, pero sólo si reúnen una mayoría de dos tercios de los miembros en cada una, cifra que los demócratas no tienen. Lo mismo ocurre con el “impeachment”. Los demócratas ya tramitaron dos contra Trump. El Senado tiene que aprobar la destitución de un presidente por dos tercios.
Para gobernar a partir de enero, Trump recurrirá al veto y a los decretos presidenciales (“executive orders”). Es de esperar que en estos meses el Congreso republicano apruebe algunos proyectos de ley y hasta nombramientos de jueces federales de manera apresurada.
Incapacitado para aplicar su programa, el presidente se suele concentrar en la política exterior, mientras que de las negociaciones en el Congreso se encargan su jefe de gabinete y los jefes de las minorías de su partido en las Cámaras. Una consecuencia va a ser el aumento de la importancia de Susie Wiles, de 69 años de edad, la primera mujer que desempeña la jefatura del gabinete de la Casa Blanca. Se trata de una de las personas que ayudaron a Trump durante su travesía del desierto y a la que debe su victoria.
Trump asombró en 2024 cuando reconquistó la Casa Blanca con más de 77 millones de votos, un 22% más que en 2016, uno de sus muchos récords. Sin embargo, el cierre de las fronteras, la deportación de casi 2,5 millones de inmigrantes ilegales, la subida de las bolsas y las nuevas inversiones en empleos (el CEO de Audi anunció en un mitin en Georgia, junto a Trump, la construcción de una fábrica de su empresa, que empleará a 4.500 personas) no han retenido a parte considerable de ese electorado.
Las causas de esta enorme derrota se encuentran en Trump y su política, aunque él diga que la catástrofe se debe a que él no estaba en la papeleta (“I wasn’t in the ballot”). Trump prometió ya en 2016 que no libraría más guerras en el extranjero para beneficio de supuestos aliados y este mismo año inició una campaña militar contra Irán, junto con Israel, en la que han muerto 23 militares y se han gastado 47.100 millones de dólares, según ha reconocido el Pentágono. Debido al corte en los suministros de petróleo en el estrecho de Ormuz, esa guerra no declarada ha provocado el aumento de la inflación. Ésta, que en 2024 quedó por debajo del 3%, en 2026 ronda el 3,7%.
Otra vez han aflorado los RINO (“Republicans In Name Only”), que en España llamamos “moderaditos”, como un constructor de Texas que declaró a una televisión local que, aunque había votado a Trump en 2024 (y a Biden en 2020), en esta ocasión daría su voto al demócrata James Talarico en protesta por la campaña de deportaciones, ya que se estaba quedando sin inmigrantes ilegales que trabajasen en sus obras. La inmigración ilimitada y la sociedad multicultural tienen impulsores que no se limitan a las ONG financiadas por la familia Soros y Neville Roy Singham.
Para el Partido Demócrata esta victoria confirma su conversión en una organización cada vez fragmentada. A los protestantes, católicos y judíos se unen ahora los musulmanes; los inmigrantes que el partido defiende ya no son sólo mexicanos y hondureños, sino, también somalíes y haitianos. Los azules se parecen cada vez más a un partido europeo de las nuevas izquierdas, como La Francia Insumisa y Die Linke. Sólo lo unifican la obtención de cargos desde los que saquear los presupuestos públicos y el odio a un republicano.
Los triunfos de los candidatos azules en lugares como Texas, Michigan, Ohio, Georgia y Carolina del Sur podrían romper la plataforma que han levantado Trump y el MAGA… o ser flor de un día. También los republicanos esperaban derrotar a Clinton y Obama en sus reelecciones y fracasaron. De nuevo, se revela la importancia en la política de Estados Unidos de los candidatos y del cumplimiento de las promesas, cosas ambas inéditas en España, donde un sector de fanáticos y de periodistas ensobrados está aplaudiendo la dimisión del ministro que ha tenido más de 115 muertos en siniestros ferroviarios en menos de un año como un ejemplo y hasta una injusticia.
En seguida va a empezar a sonar la música para el mayor espectáculo del mundo: las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2028. Usted escuchará nombres de candidatos que sueñan con sentarse en el Despacho Oval, así como el ruido de las riadas de dinero que se dirigen a ellos. La derrotada ex vicepresidenta Kamala Harris y Gavin Newson, gobernador de California, serán dos de las figuras en el bando demócrata. Los republicanos tienen que contar las bajas y los supervivientes.
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