La relación idílica del Papa Francisco con Carmena: apoyó el ‘welcome refugees’ y bendijo al ‘Open Arms’
El culmen de esta colaboración se produjo en 2019, cuando el Papa recibió a Carmena junto a Òscar Camps
La sorprendente amistad entre el Papa Francisco y la ex alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, dejó perplejos a muchos católicos tradicionales. Esta relación, calificada por la propia Carmena como «impresionante», comenzó con un peculiar christmas en 2016 y se ha consolidado en torno a posiciones marcadamente progresistas, especialmente sobre la inmigración.
«Francisco es el único líder que condena nuestra inhumanidad con los migrantes, él fue mi principal respaldo para seguir apoyando la acogida a los refugiados», confesó recientemente Carmena en un coloquio conmemorativo por los diez años del pontificado. Curiosamente, esta declaración proviene de quien se define abiertamente como «agnóstica» y cuya trayectoria incluye militancia en el Partido Comunista.
La sintonía entre ambos se ha manifestado principalmente en cuestiones migratorias. Durante su mandato, Carmena encontró en Francisco un aliado que legitimaba sus políticas de «puertas abiertas» a la inmigración ilegal. El Papa no solo respaldó retóricamente estas iniciativas, sino que ha recibido en audiencias privadas a Carmena junto a Ada Colau y representantes del Open Arms, bendiciendo implícitamente una visión controvertida sobre la gestión migratoria.
El culmen de esta colaboración se produjo en 2019, cuando el Papa recibió a Carmena junto a Òscar Camps, fundador podemita del Open Arms, y Ada Colau. En aquella audiencia, Francisco se abrazó con Camps, otorgando respaldo moral a una organización cuyas actividades han sido cuestionadas por facilitar potencialmente el tráfico ilegal de personas y crear incentivos para travesías peligrosas. Este encuentro ocurrió mientras el barco de la ONG permanecía retenido en el puerto de Barcelona por orden del Ministerio de Fomento, lo que no impidió que Camps, Carmena y Colau avanzaran en crear «una red de ciudades y políticos humanistas», como explicó posteriormente el propio Camps a medios católicos.
Esta alianza representó un viraje preocupante del Vaticano hacia posiciones izquierdistas en pleno auge de Podemos. El Papa, al colocar la «acogida incondicional» como única respuesta moralmente válida, generó divisiones entre los fieles y despreció los argumentos que alertaban sobre la seguridad nacional y la capacidad de integración de los sistemas de bienestar.
Lo paradójico de esta relación es que se sustentó en una aparente contradicción: mientras Carmena admitió abiertamente su agnosticismo, Francisco encontró en ella una interlocutora preferente, por encima de líderes católicos comprometidos con la doctrina integral de la Iglesia. «Al Papa y a mí nos critican por buenistas, pero yo me niego a ser ‘malista’», declaró la ex alcaldesa.
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