Montero persiste en su guerra contra el color rosa: «Alimenta la división sexual del trabajo»
El color rosa es el nuevo objeto de batalla de Irene Montero. Si en el polémico informe ‘Publicidad y campañas navideñas de juguetes’ el Ministerio de Igualdad, a través del Instituto de la Mujer, ya consideraba que esa tonalidad «oprime y reprime a las niñas», como reveló OKDIARIO, ahora se reafirma en la misma conclusión: el rosa contribuye a «alimentar la división sexual del trabajo».
Así se expresa Igualdad en una respuesta por escrito en el Congreso de los Diputados, a la que ha tenido acceso este periódico. El departamento de Irene Montero señala que «el color rosa va asociado a una tipología de juguetes que fomentan determinadas capacidades y/actitudes en la infancia, en detrimento de otras (por ejemplo muñecas y cocinitas)» y, por este motivo, «es un mecanismo que contribuye a perpetuar la socialización diferencial de género y, como consecuencia, a alimentar la división sexual del trabajo».
En su pregunta, las diputadas del PP Bea Fanjul, Marga Prohens y María Auxiliadora Pérez se interesaban por los datos «para justificar la denominada ‘opresión’ que tienen las menores de edad en nuestro país por el color rosa».
«¿Qué actuaciones va a implementar el Gobierno de España para limitar el uso del color rosa en la publicidad? ¿Va a impulsar el Instituto de la Mujer un estudio que analice la opresión que puedan sufrir los varones en nuestro país por el color azul a lo largo de su infancia? ¿Va a seguir el Gobierno de España politizando los colores?», ironizaban las parlamentarias ‘populares’ en su pregunta al Ejecutivo.
La respuesta incide en que «en la publicidad de los anuncios catálogos y, especialmente de manera significativa, la publicidad que se hace en los puntos de venta, se utiliza recurrentemente el color rosa como estrategia de diferenciación y segregación».
Y, en este contexto, según el departamento de Irene Montero, «el marketing de género se sirve del color rosa para monopolizar intencionadamente los juguetes cuando son considerados más apropiados para las niñas».
«Este hecho no es nuevo, y corrobora lo que ya han mostrado estudios similares previos que se han realizado tanto en España como en el resto de Europa. Por tanto, se concluye -en sentido figurativo- que se percibe opresión (en tanto que es forma de presión) sobre las niñas, a través de este mensaje subliminal diferenciado», reiteran desde Igualdad.
«Roles tradicionales»
El informe en cuestión, con un coste de 17.000 euros, analizaba el supuesto sexismo en la publicidad de juguetes, teniendo en cuenta la proximidad de la Navidad, «un momento esperado en el que niñas y niños comienzan a ilusionarse y a fantasear con los regalos que van a recibir», destacaba el Instituto de la Mujer.
Por ello, consideraron útil desde Igualdad detenerse a «observar esta realidad y obtener una aproximación a los mensajes y al imaginario que subyace en dicha publicidad».
Una de las conclusiones más llamativas del estudio de Irene Montero es, precisamente, que a las niñas se les ofrece «universo predominantemente rosa, poblado de muñecas y objetos destinados principalmente al cuidado», mientras que para ellos «sigue imponiéndose el universo del motor y el manejo de herramientas».
Y esta circunstancia, según el ente público, contribuye a «la perpetuación de los roles y estereotipos tradicionales que mayoritariamente suponen alguna forma deconstreñimiento y coerción para relacionarse en libertad».
En el estudio se reconoce una especial preocupación por «la problemática del color rosa» en tanto en cuanto «oprime y reprime a las niñas como se aprecia en muchos anuncios y catálogos». Para Igualdad, en el universo de las niñas no existe «diversidad cromática», al contrario que en el de los niños, donde sí se aprecian distintos colores «como el azul, el verde, el gris y el rojo».
«La tonalidad principal para las niñas se fundamenta en el color rosa (en ocasiones combinado con malva, fucsia o lila) y su presencia domina tanto el lugar de venta (carteles, cabeceras, lineales…) como el embalaje de los juguetes a ellas dirigidos, sea una mochila, una bicicleta o un ordenador», se reiteraba desde el departamento, bajo las órdenes de Montero.
En otro apartado, como también informó este periódico, se piden «juguetes neutros o compartidos (mixtos)» para «evitar la problemática social que genera la aplicación del marketing de género y la publicidad que lo magnifica».
«Resultaría muy beneficioso para la sociedad y para el sector juguetero impulsar el desarrollo del juguete compartido (mixto) o del juguete neutro, produciendo una extensa gama de juguetes infantiles más acordes con la sociedad en la que desarrollan sus negocios», recoge el informe de Montero.
«A través de juguetes neutros o compartidos, libres de estereotipos, se asegura la promoción de otros valores y de aspectos y capacidades coeducativas que tanto interesan en la infancia y en la sociedad actual», sostiene Igualdad.
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