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Economía
Queso

El queso que vale una fortuna y que los bancos de muchos países aceptan como garantía para préstamos

Cuando se habla de pedir un préstamo, lo normal es pensar en una vivienda, en dinero o en algún bien con valor claro. Pero en Italia hay un caso que rompe bastante con esa idea y que tiene que ver con un queso que aunque sorprenda, puede servir como garantía ante un banco.

Se trata del Parmigiano Reggiano, uno de los productos más reconocidos del país. Su precio, su estabilidad y la forma en la que se produce han hecho que algunas entidades lo acepten como respaldo económico, igual que si se tratara de otro activo más tradicional de modo que no es algo puntual ni una rareza sin recorrido. Detrás hay un sistema que lleva décadas funcionando y que se apoya en algo bastante sencillo y es que es un producto que siempre se vende, cuyo valor es previsible y que, además, se puede almacenar y controlar sin demasiada incertidumbre.

El queso que vale una fortuna y que los bancos de muchos países aceptan

El Parmigiano Reggiano tiene detrás un proceso muy concreto y bastante controlado, ligado a una zona muy específica de Italia y a una forma de trabajar que lleva años repitiéndose prácticamente igual y de ahí que haya alcanzado el status y el valor que tiene.  Desde lo que comen las vacas hasta cómo se elabora y cuánto tiempo pasa madurando, todo sigue unas reglas bastante claras que hacen que cada pieza sea reconocible y que el resultado no varíe demasiado de unas a otras.

Al final, ese cuidado constante es lo que le ha dado fama. No es sólo un queso más en el mercado, sino un producto que tiene detrás una forma de hacer las cosas y una reputación que se ha ido construyendo con el tiempo.

El problema es que se tarda mucho en poder venderlo

Aquí está una de las claves de todo. A diferencia de otros productos, este queso no se puede vender nada más hacerlo. Tiene que pasar bastante tiempo hasta que está listo. Lo normal es que esté entre uno y cuatro años madurando. Y claro, durante todo ese tiempo el productor ya ha invertido en leche, en instalaciones, en personal pero no ha ingresado nada todavía así que el desfase se nota, ya que es evidente que primero hay que gastar mucho antes de ver como el dinero entra. Y es justo en ese punto donde aparece la necesidad de financiación y donde el banco tiene su papel.

Un sistema que lleva décadas funcionando

Esto no es algo que haya salido hace poco. El banco italiano Credem lleva décadas trabajando así con los productores de parmesano, desde los años 50 y el funcionamiento es bastante directo. El productor necesita dinero antes de vender el queso, y el banco le da un préstamo usando esas piezas que están madurando como garantía.

Durante ese tiempo, el queso no se queda en cualquier sitio. Se guarda en instalaciones controladas, donde se vigila la temperatura y la humedad para que siga su proceso sin problemas. Cuando el productor devuelve el dinero, recupera su producto y lo vende con normalidad. Si no lo hace, el banco puede quedarse con ese queso y venderlo para cubrir el préstamo. Así de simple.

Por qué el parmesano es una garantía fiable

Para una entidad financiera, lo importante es reducir el riesgo. Y en este caso, el Parmigiano Reggiano ofrece varias ventajas. Por un lado, su demanda es constante a nivel internacional dado que es un producto muy conocido y con un mercado amplio. Por otro, su valor no fluctúa de forma brusca, lo que permite hacer estimaciones bastante fiables.

Además, cada pieza está identificada y certificada, lo que facilita su control y su valoración. No es un activo abstracto, sino algo físico, tangible y con salida en el mercado así que no es casualidad que este producto genere una facturación anual que supera los 3.000 millones de euros. Eso también influye en la confianza que despierta.

Almacenes que parecen bóvedas

Uno de los aspectos más llamativos de este sistema es cómo se almacenan las piezas de queso. No se trata de simples almacenes, sino de instalaciones que recuerdan más a una bóveda que a un espacio de alimentación y que cuentan con filas y filas de ruedas de parmesano, perfectamente colocadas y controladas, las cuáles pueden alcanzar cifras millonarias. En algunos casos, el valor del producto almacenado supera los 190 millones de euros si tenemos en cuenta que estos espacios pueden albergar hasta 440.000 piezas de queso. Cada una de ellas forma parte de ese sistema de garantía que respalda los préstamos.

Un modelo estudiado incluso en Harvard

Este sistema no ha pasado desapercibido en el ámbito académico. De hecho, la Harvard Business School analizó este modelo como un ejemplo de cómo adaptar la financiación a las características de un sector concreto. Según este estudio, la clave está en la relación directa entre el banco y el proceso productivo. No se limita a prestar dinero, sino que participa activamente en la custodia del producto y esto permite un mayor control del riesgo y facilita que los productores accedan a financiación en condiciones más favorables.