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Economía
Electrodomésticos

No es el frigorifico ni la lavadora: el mayor consumidor de electricidad en un hogar puede ser un electrodoméstico en el que la mayoría de la gente ni siquiera pensaría

Cuando llega la factura de la luz, casi todo el mundo suele fijarse siempre en lo mismo, y nos referimos al gasto que creemos que tienen electrodomésticos como pueden ser el frigorífico, dado que no lo apagamos nunca, la lavadora o la secadora, ya que también se utilizan constantemente, y aunque es comprensible pensar así lo cierto es que estos aparatos que siempre asociamos directamente al consumo, no siempre  son los que más pesan al final del mes.

En realidad, hay otro dispositivo mucho más discreto que no suele entrar en esa lista y que, sin embargo, está trabajando más de lo que parece. No hace ruido, no lo usamos de forma directa cada día (y más ahora que estamos en pleno verano) y muchas veces ni pensamos en él. Aun así, está ahí, funcionando en segundo plano y sumando consumo poco a poco. Ese aparato no es otro que el calentador de agua eléctrico, o caldera. Su papel es básico en cualquier casa, pero también exigente ya que tiene que calentar agua y mantenerla lista en todo momento. Y precisamente por eso, en muchos casos acaba siendo el mayor consumidor eléctrico del hogar.

El mayor consumidor de electricidad en un hogar puede ser este electrodoméstico

A diferencia de otros electrodomésticos, la caldera no funciona sólo cuando la necesitamos. No es como poner una lavadora o encender el horno, sino que aquí el sistema está activo de forma intermitente durante todo el día para mantener la temperatura del agua estable, incluso cuando nadie la está utilizando.

Ese detalle cambia bastante las cosas ya que cada vez que el agua pierde calor, el aparato vuelve a activarse para recuperarlo. Y eso ocurre muchas veces a lo largo de la jornada, aunque no se note, de modo que estamos hablando de un consumo menos visible, pero que en realidad, es mucho más constante.

Además, hay factores que lo disparan sin que el usuario sea consciente. Por ejemplo, tener el agua demasiado caliente, un depósito grande o un aislamiento deficiente hace que el sistema tenga que trabajar más y claro todo eso suma y al final, se nota en la factura.

Lo que consumen otros electrodomésticos (y por qué sorprende)

Si se comparan cifras, la diferencia se entiende mejor. Un frigorífico moderno puede consumir entre 100 y 250 kWh al año, incluso estando siempre encendido. Un lavavajillas se mueve en cifras similares, y una secadora, dependiendo del uso, puede subir bastante más. Pero aun así, el calentador eléctrico suele estar por encima en el total anual. En muchos hogares representa entre el 20 % y el 30 % del consumo. Es decir, una parte muy importante del gasto energético, por delante de aparatos que usamos de forma más evidente. Por eso suele sorprender cuando se pone en números. No es el electrodoméstico más llamativo, pero sí uno de los más constantes. Y eso, a largo plazo, pesa más que el uso puntual de otros equipos.

El tamaño y la instalación también influyen (y mucho)

Uno de los errores más habituales tiene que ver con la elección del propio aparato. Muchas veces se instala una caldera más grande de lo necesario «por si acaso», pensando en no quedarse corto. El problema es que eso implica calentar más agua de la que realmente se usa. Pero el caso contrario tampoco ayuda. Un depósito pequeño obliga a recalentar el agua con más frecuencia, lo que también aumenta el consumo. Encontrar el equilibrio es clave, aunque no siempre se hace bien.

A esto se suma la ubicación. Si la caldera está en un espacio frío o mal aislado, pierde calor más rápido. Lo mismo ocurre con las tuberías largas sin aislamiento: el agua se enfría antes de llegar al grifo y el sistema tiene que compensarlo. Son detalles que muchas veces pasan desapercibidos, pero que influyen bastante.

Cómo reducir el gasto sin hacer grandes cambios

La buena noticia es que no hace falta cambiar todo el sistema para notar diferencia. Ajustar la temperatura es uno de los puntos más importantes. Mantenerla entre 55 y 60 grados suele ser suficiente para el uso diario y evita un consumo innecesario. Además, también conviene prestar atención al mantenimiento. La acumulación de cal reduce la eficiencia del aparato, lo que obliga a consumir más energía para conseguir el mismo resultado. Limpiarlo de forma periódica ayuda más de lo que parece.

Y luego están los hábitos. Duchas más cortas, evitar llenar la bañera o usar dispositivos de ahorro de agua son pequeños gestos que, sumados, terminan teniendo impacto y nos permiten ahorrar, así que no se trata de renunciar a la comodidad, sino de ajustar un poco el uso. Al final, el mayor consumo no siempre está donde uno piensa. Y en muchos hogares, ese gasto silencioso está en la caldera, funcionando sin llamar la atención pero dejando huella en la factura.