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Nadie lo vio venir pero el precio del petróleo ha activado la cuenta atrás para el gran colapso de posguerra que preocupa a los expertos

Con la subida del precio del petróleo y todo lo que está pasando, la situación del crudo podría cambiar mucho en pocos años

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El petróleo lleva meses ocupando titulares por la guerra, las tensiones en Oriente Medio y el miedo a nuevos problemas de suministro. Cada vez que el barril sube, vuelven las  imágenes de mercados nerviosos, inflación disparada, gasolina más cara y el temor a otra gran crisis energética. Ahora mismo el Brent ronda los 126 dólares y buena parte del mundo sigue pendiente de lo que ocurre en el estrecho de Ormuz, una de las rutas más delicadas para el comercio mundial de crudo.

Pero mientras la mayoría mira sólo esa subida inmediata, algunos analistas empiezan a advertir de otro problema muy distinto que podría aparecer después. Y, curiosamente, no tendría que ver con la falta de petróleo, sino con todo lo contrario. La inquietud dentro del sector ya no es únicamente si habrá suficiente crudo durante los próximos meses, sino qué ocurrirá cuando varios grandes productores decidan inundar el mercado al mismo tiempo. Un escenario que es más que evidente que  lleva días ganando fuerza tras la salida de Emiratos Árabes Unidos de la OPEP que si bien puede parecer un movimiento técnico, dentro del negocio energético ha encendido bastantes alarmas. Porque muchos expertos creen que detrás de esa decisión se esconde el principio de una nueva batalla por vender más petróleo antes de que el mundo empiece a consumir menos.

El cierre de Ormuz ha disparado los precios del petróleo

La tensión entre Irán y Estados Unidos sigue siendo el gran detonante de todo lo que está ocurriendo. Desde marzo, el paso de barcos por el estrecho de Ormuz se ha reducido muchísimo y eso ha terminado golpeando directamente al mercado internacional ya que una parte enorme del petróleo mundial atraviesa esa zona y cualquier amenaza sobre el tráfico marítimo provoca automáticamente subidas del crudo. Antes de la crisis pasaban cada día más de 120 buques y ahora el mercado vive pendiente de cualquier movimiento militar o diplomático.

Y aunque existe un alto el fuego, la sensación general es que la situación continúa siendo bastante frágil. Nadie puede asegurar cuánto tiempo durará la calma ni si volverán las hostilidades en cualquier momento. Y mientras tanto, los inversores siguen pagando una prima enorme por el riesgo geopolítico. Eso explica por qué el petróleo se mantiene tan caro incluso después de semanas de tensión continua.

La salida de Emiratos cambia el equilibrio

Lo que realmente ha sorprendido dentro del sector no ha sido sólo  la guerra, sino el movimiento de Emiratos Árabes Unidos abandonando la OPEP. Porque durante años el grupo había conseguido mantener cierta disciplina entre sus miembros para evitar desplomes del mercado a través de una estrategia que consiste en reducir producción cuando sobra petróleo para sostener los precios. Y, de hecho, desde 2022 la alianza OPEP+ había retirado millones de barriles diarios precisamente para evitar una caída fuerte del crudo.

Pero Emiratos llevaba tiempo incómodo con esa política. El país quiere aumentar rápidamente su capacidad de producción y considera que esperar demasiado podría acabar siendo un problema. La razón tiene bastante que ver con el futuro energético mundial. En Abu Dabi creen que la transición hacia energías renovables y otras alternativas terminará reduciendo la demanda de petróleo antes o después. Y si eso sucede, gran parte de sus reservas perderán valor. Por eso empiezan a pensar que quizá sea mejor vender cuanto antes mientras todavía existe demanda elevada.

Arabia Saudí no quiere perder terreno

Aquí aparece otro actor clave. Arabia Saudí sigue siendo el gran líder petrolero del Golfo y difícilmente aceptará perder cuota de mercado mientras Emiratos aumenta producción. Ese es precisamente uno de los escenarios que más preocupa a algunos expertos. Porque cuando Arabia Saudí decide producir más petróleo, los precios suelen sufrir golpes muy fuertes.

Ya pasó durante los enfrentamientos con el petróleo de esquisto estadounidense y también en la guerra de precios con Rusia hace unos años. En aquellos momentos el barril cayó de forma abrupta y varios mercados quedaron completamente descolocados. Además, producir petróleo en el Golfo sigue siendo extraordinariamente barato. Aunque Arabia Saudí necesita precios altos para cuadrar sus cuentas públicas, sus costes de extracción son bajísimos comparados con otras regiones del mundo. Eso significa que incluso con precios mucho más bajos seguirían pudiendo bombear enormes cantidades de crudo.

La gran amenaza ahora es un exceso de oferta

Durante décadas el miedo internacional siempre fue quedarse sin petróleo suficiente. Las grandes crisis energéticas nacían precisamente de la escasez o de conflictos que paralizaban el suministro. Pero ahora algunos analistas creen que el mercado podría entrar en una etapa completamente distinta. Porque si varios productores aumentan extracción mientras muchos países aceleran la transición energética, el resultado puede ser justo el contrario: demasiado petróleo para una demanda que empieza a frenarse. Y eso tendría consecuencias enormes sobre los precios.

La propia Administración de Información Energética de Estados Unidos ya calcula que en 2027 la producción mundial podría superar claramente el consumo. Es decir, el mercado podría empezar a convivir con un exceso estructural de barriles. Ese es el escenario que empieza a generar inquietud en parte del sector energético.

Los grandes compradores ya buscan alternativas

La guerra de Ormuz también ha dejado otra consecuencia importante. Países que dependen muchísimo del petróleo del Golfo, como Japón, Corea del Sur o India, están acelerando sus planes para reducir esa dependencia.

Las tensiones militares han demostrado hasta qué punto resulta arriesgado concentrar tanta energía mundial en una zona tan inestable. Por eso muchos gobiernos están reforzando inversiones en renovables, energía nuclear e incluso otras fuentes alternativas.

No significa que el petróleo vaya a desaparecer pronto. Sigue siendo imprescindible para buena parte de la economía mundial. Pero sí empieza a extenderse la sensación de que el dominio absoluto del crudo podría entrar lentamente en otra etapa. Y eso cambia completamente la estrategia de muchos países productores.