Nadie lo diría al ver las fotos pero hay un pueblo costero español donde el precio de una casa no llega al de un coche nuevo
El pueblo de Cariño en Galicia, tiene casas por menos de lo que vale un coche
El motivo por el que se están dejando de vender casas en España, según un experto inmobiliario
La crisis de vivienda provoca un éxodo al campo: la compra de casas de pueblo crece más que la de los pisos en ciudad
Con el tema de la vivienda siendo uno de los que más preocupan a los españoles, parece que sin embargo todavía podemos encontrar lugares en los que comprar una casa no parece ser un gasto excesivamente caro. Rincones que incluso resultan idílicos por su ubicación, tal y como el caso de un municipio costero en el norte de Galicia, donde comprar una vivienda puede salir hasta más barato que estrenar coche.
Se trata de Cariño, una pequeña localidad de la provincia de A Coruña que se ha convertido, casi sin hacer ruido, en una anomalía dentro del mercado inmobiliario. Mientras en buena parte del país los precios siguen escalando, aquí la realidad es otra. Para entenderlo basta con saber que según podemos ver en el portal Idealista, el metro cuadrado se mueve en torno a los 700 euros, es decir, casi una ganga si se compara con otras zonas del litoral, donde es habitual ver precios tres, cuatro o incluso cinco veces superiores.
Hay un pueblo costero donde el precio de una casa no llega al de un coche nuevo
En la oferta de viviendas que podemos encontrar en Cariño, aparecen viviendas por cantidades que hoy resultan difíciles de creer. Algunas necesitan reforma o están sin terminar, sí, pero incluso así llaman la atención ya que estamos hablando de cifras que arrancan en torno a los 30.000 o 40.000 euros. Y si se busca algo listo para entrar a vivir, el salto no es tan grande como cabría esperar. Incluso una rápida búsqueda en Idealista nos permite encontrar hasta casas de pueblo por precios que oscilan entre los 37.000 y los 43.000 euros.
Esto hace que muchos no se lo piensen dos veces, y más si tenemos en cuenta que el precio medio de un coche nuevo en España ya supera los 40.000 euros. Es decir, hay casos en los que comprar una casa en este rincón del Atlántico exige una inversión similar, o incluso menor que cambiar de vehículo.
¿Pero por qué ocurre esto? No hay un único motivo, pero sí varias claves. La primera es evidente: no se trata de una zona tensionada por el turismo masivo ni por la presión de grandes ciudades cercanas. La demanda es limitada y eso mantiene el mercado en niveles mucho más contenidos. La segunda tiene que ver con el tipo de vivienda disponible. Muchas de las propiedades son antiguas, algunas heredadas, otras que requieren actualización. Eso, que en otros contextos sería un problema, aquí se traduce en una oportunidad para quien busca precio por encima de todo.
Y luego está el entorno, que juega casi en sentido contrario a los precios. Cariño no es un lugar cualquiera. Está situado junto al Cabo Ortegal, en una de las zonas más abruptas y espectaculares de la costa gallega. Los acantilados dominan el paisaje y el Atlántico marca el ritmo de todo.
Un entorno natural que marca la diferencia
No es la típica imagen de playa mediterránea, ni falta que le hace. Aquí el atractivo es el de espacios abiertos, viento, mar en estado puro y una sensación constante de estar en un lugar todavía poco alterado por el turismo.
El pueblo, además, conserva un aire muy reconocible. Calles tranquilas, fachadas con color, balcones que miran al exterior y una vida cotidiana que sigue girando en torno al mar. No hay grandes artificios ni intentos de convertirse en destino de moda. Y quizá ahí esté parte de su encanto.
Durante años, la economía local estuvo muy ligada a la pesca y a la industria conservera. Ese pasado todavía se nota, aunque ya no tenga el peso de antes. Quedan restos de esa actividad y, sobre todo, una identidad muy marcada que no se ha diluido.
Las playas de la zona completan el conjunto. Amplias, abiertas, sin la saturación de otros puntos del país. Algunas forman tramos largos de arena fina, interrumpidos por espigones o pequeñas estructuras que rompen el paisaje de forma natural.
Con todo esto sobre la mesa, la pregunta es inevitable: ¿por qué no hay más gente comprando aquí? La respuesta tiene que ver, en parte, con la ubicación. No es un lugar de paso, ni está cerca de grandes núcleos urbanos. Llegar requiere cierta intención, y eso filtra mucho la demanda. Pero ese mismo factor es el que mantiene intacto el equilibrio. Sin presión externa, sin grandes inversiones especulativas, el mercado sigue funcionando a otra velocidad.
En un momento en el que cada vez más personas se plantean cambiar de estilo de vida , trabajar a distancia, salir de las grandes ciudades o simplemente buscar tranquilidad, lugares como Cariño empiezan a aparecer en el radar. No es para todo el mundo, claro. Pero para quien encaje con ese ritmo y ese entorno, la propuesta es difícil de igualar: vivir junto al mar, en un entorno natural potente y con un coste de acceso muy por debajo de lo habitual.
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