Los mercados emergentes dejan de ser el ‘plan B’ de las gestoras y le echan un pulso a EEUU
Los mercados emergentes afrontan una transformación estructural que amenaza con alterar el liderazgo de Wall Street
Los mercados emergentes han dejado atrás buena parte de la fragilidad que durante años los definió. El fortalecimiento de sus economías, la mejora de sus instituciones y el auge de sectores como la inteligencia artificial están impulsando un cambio de paradigma que les permite eclipsar incluso al mismísimo Wall Street y volver a captar la atención de los inversores.
En este sentido, los factores estructurales de muchas economías emergentes han mejorado en la última década, gracias a la profunda transformación que han experimentado estas regiones.
Las posiciones presupuestarias se han fortalecido, los bancos centrales han ganado credibilidad, la gobernanza empresarial ha mejorado y los mercados de capitales nacionales se han consolidado.
Repunte en las acciones
Desde principios de 2025, las acciones de los mercados emergentes han superado al índice MSCI World en cerca del 37%, a pesar del impacto de los aranceles y la prolongación del conflicto en Oriente Medio.
La volatilidad se ha mantenido notablemente contenida, la fuga de capitales ha sido limitada y las divisas se han mantenido sustancialmente estables, incluso durante los periodos de renovado fortalecimiento del dólar.
«Mercados que antes eran conocidos por su fragilidad se han convertido en auténticos amortiguadores de las crisis», señalan desde Vontobel.
En este sentido, las acciones de los mercados emergentes han registrado una rentabilidad superior más marcada y duradera en comparación con los mercados desarrollados durante los últimos lustros. Esta divergencia no indica una anomalía temporal, sino un cambio estructural.
Con todo ello, los expertos consideran que el mayor riesgo para los inversores hoy en día ya no es la exposición excesiva a los mercados emergentes, sino una asignación baja en las carteras, como venía siendo lo habitual, teniendo en cuenta que las hipótesis que justificaban pequeñas asignaciones han quedado obsoletas.
«Las acciones de los mercados emergentes han cambiado y las carteras deberían reflejar esa realidad», añade el equipo de análisis de Vontobel.
Inversión en renta variable
Desde el punto de vista geográfico, Taiwán, Corea del Sur e incluso China se encuentran en el centro de la cadena de suministro de semiconductores y hardware que sustenta las inversiones de capital de los hiperescaladores, mientras que la mayor demanda impulsada por la inteligencia artificial sustenta los equipos para la energía, las redes eléctricas y los centros de datos en toda Asia.
Incluso los precios más elevados y volátiles de los combustibles fósiles aceleran las inversiones en electrificación, energías renovables y materiales críticos, segmentos en los que las empresas de los mercados emergentes ocupan posiciones competitivas.
También las reformas de la gobernanza empresarial en toda Asia están empezando a generar valor para los accionistas, revirtiendo años de dilución mediante dividendos más elevados, recompras de acciones propias y una mayor disciplina patrimonial.
¿Y la renta fija emergente?
La evolución es diferente en la renta fija emergente. Desde Generali AM, aseguran que «el mercado de bonos soberanos emergentes ESG está entrando en una fase más madura», marcada por un menor ritmo de emisiones y unos inversores cada vez más selectivos.
Tras el fuerte impulso registrado en los últimos años, el protagonismo recae ahora en los emisores con marcos de sostenibilidad más sólidos y en los bonos verdes y sostenibles, que continúan concentrando la mayor parte de las colocaciones.
Pese a esta moderación, los expertos no interpretan el momento actual como un retroceso, sino como una consolidación del mercado.
Europa sigue liderando la demanda de este tipo de activos, mientras que los grandes emisores de mercados emergentes mantienen su apuesta por la financiación sostenible. En este contexto, la renta variable continúa siendo el principal foco de atractivo por su potencial de crecimiento, mientras que la deuda ESG avanza hacia un mercado más estable, exigente y centrado en la calidad de los emisores.
El reto, coinciden los expertos, ya no es decidir si mirar hacia los mercados emergentes, sino identificar dónde están las mejores oportunidades.
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