Arbeloa: un soldado en la ‘Guerra relámpago’ del Madrid

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El espartano, Álvaro Arbeloa, ya está listo para la batalla. Y será a todo o nada y en modo sprint. «Si coge el ritmo pronto, puede estar mucho tiempo», se dice en la cúpula del Real Madrid.

Pero, ¿qué pasa si no lo hace?, ¿dónde estará el límite de la paciencia? Arbeloa, entonces, «durará más bien poco». Porque ese es el veneno del caramelo. Se llama tiempo y, como el oxígeno, tampoco existe en las alturas. El contrato de lo que resta de campaña y una más habla de esa «eventualidad». En el fondo, en realidad más bien, todos en el club lo saben. El Madrid te engulle. Duro, muy duro para alguien que vive con pasión y serenidad cada instante de la vida, y más si está teñido por el blanco, pero entendible y aceptado. Son 20 años de blanco. Casi la mitad de su vida.

De la Fábrica a la sala de máquinas

Álvaro Arbeloa -algunos nos conocemos desde hace más de dos décadas- es puro ADN Real. Hombre de Estado, soldado en el frente o extensión del míster en el campo allí donde se le pidiera defender la trinchera –la palabra posición se antoja corta para alguien que no sólo es un gran observador-. Arbeloa es potente en lo mental, no para durante los partidos, claro en lo táctico, los roles son la clave, y ante la prensa, directo y sencillo. Pisa el área y fuerte.

Su 4-3-3 ya forma parte del sello de algunos jugadores de la Fábrica. Y digo ‘su’ porque el dibujo es sólo el principio. Equipos agresivos, competitivos y competidores hasta las últimas consecuencias. Contra el rival y/o también contra los ‘sospechosos habituales’ que todos conocemos dentro y fuera de la cancha…

Arbeloa no abraza el bienquedismo, ni los ‘ismos’ que no cuentan verdad. Llega un tipo silente y honesto, con la experiencia de haber estado en los vestuarios más grandes con los mejores del mundo y de la historia. Seguro que habrá dado algún que otro tiro en territorio hostil y con eso, a veces basta, en los tiempos de ‘Guerra relámpago’ del Real Madrid.