Sinner supera vómitos, calambres y una suspensión para rendir a Medvedev y alcanzar la final en Roma
El italiano bate al ruso en una semifinal disputada en dos días por la lluvia
Jannik sufrió calambres y vómitos durante el primer día del enfrentamiento
Pese a todo y a todos, Jannik Sinner. Pasó por todos los estadios posibles hasta tumbar (6-2, 5-7, 6-4) a Medvedev y alcanzar la final del Masters 1.000 de Roma, el único Masters 1.000 que no descansa en su vitrina. Lo buscará ante Ruud y, de paso, igualar a Djokovic como único tenista de la historia que conquista los nueve torneos de la mencionada categoría. Sinner comenzó apabullando; luego se retorció en su banquillo; vomitó al lado del marcador y perdió el segundo set. La lluvia aplazó la semifinal cuando encaraba el desenlace y se ha resuelto este sábado, finalmente con la victoria del italiano.
Sinner acaba de manera recta un camino lleno de curvas, aunque para sinuoso el camino de Medvedev. El ruso y su tenis poco ortodoxo caminan inexorablemente hacia una carrera de más expectativas que títulos. Ha ganado una de sus seis finales de Grand Slam; seis Masters 1.000; una Copa Davis y ha saboreado el número uno del mundo. Un currículum más que formidable por la óptica de las generaciones.
Ha convivido contra el Big Three primero —Nadal, Federer y Djokovic— y el duopolio actual —Sinner y Alcaraz—. Desesperaría a cualquiera. Contra Sinner ha caído en Roma y en 10 de sus 11 últimos enfrentamientos. Se medirá Jannik contra un especialista sobre tierra, Casper Ruud. Sobre la arcilla ha ganado 12 de sus 14 títulos; ha disputado dos finales de Roland Garros; y ha conquistado, en Madrid, su único Masters 1.000.
Sinner comenzó el partido, la tarde del viernes, convencido de que quería cerrarlo rápido. Nada más lejos de la realidad. En un día amenazado por la previsión de lluvia, el de San Cándido rompió dos saques del ruso y ganó los suyos en tan solo diez minutos. El ruso no supo reaccionar en la primera manga. Apenas logró sorprender a su rival, más allá de los dos juegos que consiguió arrebatarle. Sinner estuvo intratable, arriesgó, acertó y dominó desde el fondo de la pista.
Se aletargó el número uno tras el segundo set, en el que Medvedev comenzó ganando y en el que se reencontró con su tenis y su estilo, imprevisible. A mitad del set, Sinner empezó a mostrar claros signos de fatiga. Se acercó a la esquina para, presumiblemente, vomitar detrás del marcador. Daba largas bocanadas de aire, se apoyaba en las rodillas y hacía breves pausas para recuperar el aliento. Le temblaba fuertemente la mano al beber agua. Medvedev igualó el partido.
En la tercera manga, Jannik sacó fuerzas de donde no las tenía. Llegó a recibir hasta asistencia médica en el cuádriceps, motivo que enfadó al ruso. Cuando el italiano se imponía 4-2, el partido se suspendió hasta el día siguiente por la lluvia que caía sobre la capital italiana. Un clásico de todos los años en el Foro Itálico. Tras la reanudación, casi un día después y en otra jornada marcada por la lluvia, Sinner sentenció el partido.
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