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OKENTREVISTA

Selekhmeteva, la tenista que cambió Rusia por España: «Estoy conectada con el país, es el mejor para el tenis»

Oksana probó a los 14 años en una academia de tenis de Barcelona y quedó prendida de la estructura tenística española

Se enteró de su nacionalización, demorada tres años, al ser etiquetada en una publicación de Instagram desconocida

Antes de debutar en Wimbledon, se sienta con OKDIARIO para dialogar sobre el proceso

«Estoy mejorando mi español, así que me viene muy bien esta entrevista», dice Oksana Selekhmeteva (Rusia, 2003) cuando se sienta con OKDIARIO en las tripas del All England Lawn Tennis Club. Es de esas personas que pierden la timidez a medida que avanza la conversación. Su último mes da para una extensa charla. Todo ha ido muy rápido. Tanto que, incluso con la nacionalidad española en el bolsillo, su nombre apareció sin bandera en el sorteo de Roland Garros de hace un mes. Ya saben, el veto a los rusos. Desde entonces siempre la acompaña la rojigualda, su nueva enseña. «Me siento muy orgullosa de representar a España», dice a este medio.

La burocracia, que posee dos velocidades y ambas dependen de la magnitud de la persona en cuestión, optó por la lenta con Selekhmeteva. El visado se demoró más de tres años con la tenista yendo y viniendo de Rusia. España y de España a Rusia. «Tuve la ayuda de la Federación Española y por eso fue bien. Estoy muy agradecida», asegura. Selekhmeteva caminó con incertidumbre hasta que hace poco más de un mes, el Boletín Oficial del Estado (BOE) anunció su nacionalización. «Al principio no me lo creía. Se enteró de rebote, mientras comía en el comedor de Roland Garros y le saltó una notificación en el móvil de que había sido etiquetada en una publicación de Instagram.

«Vi que una cuenta decía que yo ya era española, pero no me lo creí porque era una cuenta muy pequeña. A los cinco minutos me llamaron de la Federación Española para confirmar y ahí sí me lo creí». Selekhmeteva decidió cambiar de país por la idiosincrasia tenística de España. Quedó prendida de las academias nacionales y la estructura en la base. «En Rusia no hay esa posibilidad». Probó en una academia de Barcelona a los 14 años y desde entonces ha sido así. También valora la mentalidad española. «Sabéis cuándo tener la cabeza en el trabajo y cuándo para disfrutar. Eso me gusta. En Rusia hay que pensar en tenis las 24 horas». Compite amparada por la Federación Española y sin patrocinadores. «¿Patrocinador? ¿Qué es eso?», bromeas. Estoy abierta a escuchar ofertas», matiza en un perfecto castellano.

Pregunta. El cambio de tierra batida a hierba es muy duro y usted ha jugado pocos partidos de preparación para Wimbledon. ¿Qué sensaciones tiene? 

Respuesta. Este año es el primer año que voy a hacer una gira de hierba como tal con dos torneos antes de Wimbledon. El primer torneo fue duro, el segundo un poco mejor. Pero solo he jugado tres partidos y en total tres sets. Mi juego no va mal con la hierba. Me siento sana y bien, que es lo importante. Es un honor jugar en Wimbledon. Me encanta el torneo, es historia del tenis.

P. Wimbledon es su segundo Grand Slam desde que obtuvo la nacionalidad española. ¿Cómo ha sido todo?

R. Estaba en el restaurante de Roland Garros y, de repente, me saltó una notificación en el móvil de que me habían etiquetado en una publicación de Instagram. Ponía que había recibido la nacionalidad, pero no sabía si era verdad porque era una cuenta pequeña. Pero a los minutos recibí un mensaje de la Federación y ahí sí me lo creí y fui muy feliz. Ha sido un proceso largo por el tema de visados, papeles, tener que ir a Rusia a por documentación, regresar a Barcelona… Tuve la ayuda de la Federación y gracias a eso fue todo bien.

P. ¿Por qué decidió el cambio?

R. Paso mucho tiempo en España. Me siento muy orgullosa de representar a España porque creo que es un país con mucha historia en tenis, tanto en femenino como en masculino. Es el país perfecto para ser tenista. También me siento muy conectada con la gente y con el país.

P. ¿Qué ha heredado del tenis ruso y qué del español?

R. Creo que de la parte española tengo que vosotros sabéis cómo separar las cosas. Cómo ser tenista y cómo ser persona. Por eso ahora sé cómo separar las cosas. Sé cuándo tengo que trabajar y cuándo tengo que descansar. En Rusia normalmente la gente tiene la cabeza en trabajar 24 horas y, si eres tenista, tienes que pensar en tenis 24 horas. Eso para la salud mental no es sano. Todavía me queda mucho que aprender. Y de la parte de Rusia creo que es que soy luchadora y trabajadora en los momentos difíciles, como cuando no quieres entrenar más, pero tienes que seguir porque es el camino.

P. ¿La estructura del tenis español le sedujo?

R. Totalmente. En España tenéis todo como muy compacto. Por ejemplo, tenéis un sitio físico para entrenar y una estructura para ayudar a los niños a ser tenistas profesionales. En Rusia, si no ha cambiado en los últimos meses, no tienen ninguna academia para los pequeños. Yo a mis 13 años no tenía esa posibilidad. En España sí existe.

P. ¿Cómo es la vida de una tenista sin patrocinadores?

R. ¿Qué es eso? No lo he escuchado todavía (risas). Todavía no tengo, pero estoy en proceso. La verdad es que no tengo ninguna prisa. Estoy sin ropa, sin sponsors… Pero estoy abierta a escuchar ofertas (risas).

P. ¿Es difícil ser tenista sin patrocinadores?

R. La verdad es que sí. Pero quiero decir que en el mundo hay cosas mucho más graves y jodidas, no sé si puedo decir esa palabra (risas). Ahora no tengo patrocinador. Vale ¿Y qué? Estoy bien. Viajo, juego los torneos y estoy sana. Eso es lo más importante. No tengo ninguna prisa, pero lo vuelvo a decir. Estoy abierta a escuchar ofertas (risas).