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El truco de los hoteles para que las toallas queden blancas y limpias como el primer día

Hay algo que pasa en casi todos los hoteles y que muchos intentan replicar en casa sin demasiado éxito. Tiene que ver con las toallas y es que siempre están blancas, suaves y con aspecto de nuevas, aunque se laven a diario. Da igual el uso o el tiempo, parecen recién compradas. Puede que te preguntes qué tipo de detergente usan o cómo lo hacen y lo cierto es que su truco es algo que tú puedes aplicar sin problema con las toallas de tu hogar.

Seguro que te habrá pasado que con el paso de los lavados, las toallas blancas han ido perdiendo brillo, se han vuelto ásperas o han acabado cogiendo ese tono grisáceo que provoca la sensación de que nunca terminan de quedar limpias del todo. Pero la diferencia no está tanto en el tipo de toalla como en cómo se lavan. Esto es lo que hace que las toallas de los hoteles siempre se mantengan como nuevas, y es que ellos siguen una serie de pasos bastante concretos que marcan la diferencia y que, aunque no siempre se cuentan, se pueden aplicar fácilmente en casa.

El truco de los hoteles para que las toallas queden blancas y limpias

Lo primero que suele fallar cuando lavamos las toallas no es el detergente ni la lavadora, sino el exceso, ya que muchas personas piensan que cuanto más producto usen, más limpias quedarán las toallas. Pero ocurre justo al revés. El exceso de detergente se acumula en las fibras y acaba dejando residuos que hacen que pierdan suavidad y absorción. A eso se suma el suavizante, que es otro de los grandes culpables. Aunque deja buen olor, crea una película sobre el tejido que impide que la toalla absorba bien el agua y, con el tiempo, la vuelve más rígida.

En los hoteles, directamente, no se usa suavizante en las toallas y a esto se le suma un truco que tiene que ver con la temperatura del agua. Ellos las lavan a a temperaturas altas, normalmente entre 60 y 90 grados. Esto permite eliminar bacterias, restos de suciedad y cualquier residuo acumulado en el tejido. En cambio en casa, muchas veces se opta por lavados en frío o a baja temperatura, lo que no siempre es suficiente para este tipo de prendas.

Vinagre blanco, el aliado que sustituye al suavizante

Otro truco, y no sólo a nivel de los hoteles, sino que es algo que muchos ya usan tiene que ver con el vinagre blanco, que añadido en el compartimento del suavizante, ayuda a eliminar restos de detergente y a recuperar la suavidad del tejido sin dañarlo. No deja olor una vez secas las toallas, aunque al principio pueda parecer lo contrario. Y lo más importante: no crea esa capa que reduce la capacidad de absorción.

Bicarbonato para recuperar el blanco perdido

Y cuando las toallas empiezan a amarillear o a perder intensidad, el bicarbonato puede ayudar bastante. Añadir una pequeña cantidad junto al detergente ayuda a potenciar la limpieza y a neutralizar olores. No es un producto milagro, pero sí un buen refuerzo cuando las toallas ya no están como al principio. Eso sí, no hace falta usarlo en cada lavado sino que hacerlo de forma puntual es suficiente.

El secado es otro punto que marca la diferencia

No todo está en el lavado ya que el secado también influye mucho en el resultado final. En los hoteles, el uso de secadoras industriales permite que las toallas queden más esponjosas ya que el movimiento constante evita que las fibras se apelmacen. En casa, si no se tiene secadora, hay un pequeño truco y es el de sacudir bien las toallas antes de tenderlas. Puede parecer una tontería, pero ayuda a que las fibras se separen y no queden rígidas al secarse. Y si se usa secadora, mejor evitar temperaturas excesivamente altas durante mucho tiempo, porque eso también puede endurecer el tejido.

Menos es más, la clave que siguen los hoteles

Si hay una idea que resume todo esto es bastante simple y es que menos producto, da como resultado más eficacia. Los hoteles no saturan las lavadoras con detergentes ni suavizantes. Prefieren ciclos más limpios, temperaturas adecuadas y productos que realmente eliminan residuos en lugar de añadirlos. Esa es la diferencia que se nota luego en el tacto, en el olor y en el aspecto de las toallas.

En definitiva, nos damos cuenta de que no hace falta cambiar toda la rutina. Con pequeños ajustes se puede notar bastante diferencia, de modo que la próxima vez que laves tus toallas, debes usar menos detergente, eliminar el suavizante, añadir vinagre de vez en cuando y optar por lavados más intensos cuando sea necesario y verás como a partir de ahí, el resultado empieza a acercarse bastante a lo que se ve en los hoteles.