Curiosidades
Séneca

La reflexión de Séneca, filósofo, que sigue inspirando hoy: «Tal vez el mayor desperdicio sea pasar la vida corriendo y descubrir, al final, que nunca supiste exactamente adónde tenías tanto apuro por llegar»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Séneca defendía que cada persona debe hacerse responsable de su tiempo y, en consecuencia, de su propia vida. En sus escritos señala que aprender a decir no, poner límites, tomar decisiones con criterio y reservar momentos para la reflexión son formas de libertad. Cuando una persona deja de controlar su tiempo, corre el riesgo de terminar viviendo en función de las necesidades y expectativas de los demás.

Según el estoicismo, vivir bien no consiste necesariamente en prolongar la existencia, sino en aprovecharla con propósito. Séneca defendía una vida orientada por la razón, el autocontrol y la capacidad de prestar atención al presente. El tiempo que se dedica a cultivar el carácter, adquirir conocimientos y comprender mejor el mundo no se desperdicia, sino que se aprovecha.

«Tal vez el mayor desperdicio sea pasar la vida corriendo y descubrir, al final, que nunca supiste exactamente adónde tenías tanto apuro por llegar»

Esta reflexión se encuentra en «Sobre la brevedad de la vida», la obra en la que Séneca reflexiona sobre el verdadero valor del tiempo y sobre cómo una existencia puede terminar diluyéndose entre obligaciones, distracciones, preocupaciones y tareas que parecen no tener fin.

La prisa también se puede convertirse en una promesa que nunca termina de cumplirse: hoy se trabaja más para poder descansar mañana, se posponen encuentros, viajes y conversaciones importantes. Sin embargo, cuando una obligación desaparece, otra ocupa inmediatamente su lugar. Siempre parece existir algo pendiente: conseguir un ascenso, terminar de pagar una deuda o esperar a que los hijos sean mayores.

Hoy en día, planificar y cumplir responsabilidades no es el problema. Existen obligaciones reales, como el trabajo, el cuidado de la familia o las dificultades económicas, que hacen imposible reducir esta cuestión al sencillo consejo de «vivir el momento». Pero la pregunta que plantea la reflexión de Séneca es diferente: incluso cuando correr resulta necesario, ¿sabemos realmente hacia dónde estamos corriendo?

La diferencia es importante, ya que la prisa puede mantenerse incluso después de que desaparezca aquello que originalmente la hacía necesaria. Quien vive durante años de esta manera puede acabar sintiendo culpa cuando descansa o tener dificultades para disfrutar del presente porque su mente permanece pendiente de lo que vendrá después.

Con el paso de los años, esta percepción puede hacerse más evidente: algunas personas ya no están y algunas experiencias dejaron de ser posibles. Para Séneca, el tiempo que se pierde es la propia vida que se va. Por eso, quizá convenga detenerse de vez en cuando y comprobar el rumbo antes de seguir corriendo.

Según el filósofo, el tiempo constituye uno de los bienes más valiosos del ser humano por una razón muy sencilla: es limitado. A diferencia de las riquezas, no existe posibilidad de recuperarlo una vez perdido, por lo que es fundamental aprender a administrarlo de manera consciente. Esta idea guarda relación la tradición estoica, una corriente filosófica que defiende la importancia de concentrarse en aquello que podemos controlar y prestar especial atención al presente.

Aunque fue escrita hace casi dos mil años, la reflexión de Séneca sigue teniendo relación con problemas actuales, como la hiperconectividad o la dificultad para separar la vida personal de las obligaciones laborales. En la actualidad, muchos tenemos la impresión de estar permanentemente ocupados sin tener claro cuál es el verdadero propósito.

Reflexiones de Séneca