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Psicología

¿Qué significa cuando alguien mira todo el rato a su alrededor mientras habla? La psicología lo explica

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Cuando alguien mira todo el rato a su alrededor mientras habla, la primera lectura que tenemos suele ser negativa: o tiene falta de interés, o es nervioso o incluso es un maleducado. Pero estas son conclusiones precipitadas, según lo aprecia la experta en comunicación no verbal Teresa Baró, que lleva años analizando qué significan realmente los movimientos oculares.

Los ojos, según explica Baró en uno de sus vídeos, no solo sirven para ver: también son una herramienta de relación, consciente o inconsciente, que cada persona utiliza de forma distinta según su personalidad, su estado de ánimo o incluso la cultura en la que se ha criado. Entender ese lenguaje exige mirar más allá del tópico y fijarse en el contexto completo de la conversación.

¿Por qué hay personas que miran todo el rato a su alrededor mientras hablan?

Que una persona mire todo el rato a su alrededor mientras habla no tiene un único significado.

Según explica Teresa Baró en un video colgado en YouTube, cuando la mirada evita el contacto o se desvía con frecuencia puede interpretarse como falta de interés, aburrimiento, distracción o incomodidad, y esta última puede deberse tanto a la timidez como al hecho de que el tema de conversación resulte especialmente delicado para esa persona.

Pero ojo, porque no todo apunta hacia lo negativo. Apartar la vista también es una señal habitual de que el cerebro está trabajando: cuando alguien intenta recordar un dato, buscar una palabra concreta o estructurar una respuesta compleja, tiende a desviar los ojos de forma automática, casi siempre sin darse cuenta.

Y podemos comprobarlo por nuestra cuenta: pidamosle a alguien cercano que calcule 24 por 5 sin calculadora o que recuerde el segundo apellido de un antiguo compañero de colegio.

El otro extremo: ¿Qué significa el contacto visual directo y prolongado?

En el lado opuesto está el contacto visual directo, que en la mayoría de los contextos se interpreta como un signo de atención y conexión genuina en la conversación.

A su vez, está comprobado que se mira más a las personas que resultan atractivas o que caen bien, aunque también existe una tendencia contraria: fijar la vista en lo que resulta extraño, feo o potencialmente peligroso, como mecanismo de alerta.

Cuando ese contacto visual se prolonga y es recíproco, suele ser propio de relaciones de mucha confianza (entre familiares o amigos íntimos) o de situaciones en las que existe atracción romántica.

Por eso, cuando dos personas se sostienen la mirada durante un rato largo sin apartarla, casi siempre hay entre ellas un vínculo que les permite sentirse cómodas con esa intensidad.

La teoría que dice hacia dónde miras si mientes, y por qué la ciencia la descarta

Existe una teoría muy popular, conocida como ‘sistemas representacionales de acceso ocular’, que defiende que la dirección de la mirada revela qué tipo de información está procesando el cerebro: hacia arriba para imágenes, hacia los lados para sonidos y hacia abajo para sensaciones.

Sus divulgadores llegaron a afirmar que mirar hacia la derecha al hablar de algo vivido sería una señal de mentira, mientras que mirar hacia la izquierda indicaría un recuerdo real.

Esta idea, sin embargo, no cuenta con respaldo científico sólido. Un estudio publicado en la revista PLOS ONE, firmado por el psicólogo Richard Wiseman junto a investigadores de la Universidad de Hertfordshire (Reino Unido) y la Universidad de Columbia Británica (Canadá), analizó los movimientos oculares de personas que mentían y de personas que decían la verdad.

Y esto lo realizo tanto en laboratorio como en ruedas de prensa reales. ¿Resultado final? no encontró ninguna relación entre la dirección de la mirada y el hecho de mentir.

Inclusive la propia Teresa Baró incluye esta advertencia en sus explicaciones: aplicar esta teoría para detectar mentiras o mejorar técnicas de persuasión conlleva un riesgo real de equivocarse y de juzgar mal a alguien que simplemente está pensando.

Quién es Teresa Baró, la experta detrás de este análisis de la mirada

Teresa Baró Catafau (Caldes de Montbui, Barcelona, 1962) es licenciada en Filología Catalana, técnico superior en Publicidad y máster en Protocolo, Ceremonial y Relaciones Públicas.

Tras una etapa como docente de secundaria, fundó en 2001 la consultora Icómpani, dedicada a entrenar habilidades comunicativas de directivos y profesionales, y hoy dirige Verbal y No Verbal, su empresa actual de formación en comunicación.

Es autora de varios libros publicados por Paidós, entre ellos Inteligencia no verbal y La gran guía del lenguaje no verbal, y colabora habitualmente con radio y televisión como divulgadora de comunicación no verbal.

Su canal de YouTube supera los 870.000 suscriptores, lo que la convierte en una de las voces de referencia en España e Hispanoamérica sobre lenguaje corporal y gestión de la comunicación personal.

¿Y qué hay que hacer cuando alguien mira todo el rato a su alrededor durante una conversación?

Por un lado, la mirada también cumple una función social que va más allá de lo emocional o cognitivo. Mirar directamente y de forma sostenida a alguien puede leerse como una muestra de poder o incluso de intención provocativa

Y por otro lado, evitar la mirada por completo (ignorar visualmente a una persona) transmite justo lo contrario: que no se le concede ningún valor en la conversación.

Antes de sacar conclusiones cuando alguien mira todo el rato a su alrededor durante una conversación conviene fijarse en el conjunto: la expresión facial, la postura, los gestos y, sobre todo, quién es esa persona y en qué contexto se produce la charla. Un mismo movimiento de ojos puede significar timidez en una entrevista de trabajo y simple cansancio al final de una jornada larga.

Aun así, el mito sigue vivo en series, novelas policíacas y cursos de ventas que prometen enseñar a detectar mentiras con solo fijarse en hacia dónde se mueven los ojos del interlocutor: una promesa que, según la evidencia disponible, ningún curso puede cumplir de verdad.