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Qué quiere decir el proverbio japonés: «El que ríe por un yen terminado llorando por un yen»

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Hay proverbios que parecen sencillos, hasta que se descubre el verdadero significado que esconden sus palabras. Uno de ellos es el proverbio japonés «El que ríe por un yen termina llorando por un yen». A primera vista, puede parecer una frase relacionada única y exclusivamente con el dinero, pero en realidad habla de la avaricia y de la importancia que concedemos a las pequeñas cosas en cualquier ámbito de la vida.

El yen representa una cantidad mínima de dinero, y precisamente por eso el proverbio resulta tan interesante. No habla de perder una fortuna ni de arruinarse por una gran cantidad, sino de algo aparentemente insignificante. El mensaje se encuentra en cómo aquello que hoy nos produce alegría puede convertirse mañana en motivo de preocupación.

«El que ríe por un yen terminado llorando por un yen»

El proverbio plantea una especie de equilibrio: si una persona concede demasiada importancia a una cantidad mínima de dinero cuando la gana, también puede terminar concediéndole demasiada importancia cuando la pierde. En este contexto, el mensaje que transmite tiene especial relevancia en la sociedad actual: no siempre sufrimos por lo que perdemos, sino que muchas veces lo hacemos por la importancia que previamente decidimos darle.

Si bien pequeña victoria puede hacernos sentir bien, cuando empezamos a depender constantemente de pequeñas recompensas, nuestra satisfacción puede quedar condicionada a alcanzarlas una y otra vez. Y aquí es donde el proverbio invita a mantener cierta distancia emocional y plantearnos la siguiente pregunta: ¿Somos nosotros quienes damos valor a las cosas o son las cosas las que terminan determinando nuestro bienestar?

Un yen puede ser una moneda. Pero dentro del proverbio representa  cualquier cosa pequeña a la que concedemos un valor excesivo. Y ahí está la gran lección. Si aprendemos a disfrutar sin aferrarnos demasiado, también podremos perder sin sentir que lo hemos perdido todo.

En el ámbito de las las relaciones, podemos «reír por un yen y llorar por un yen». La atención de alguien a quien apreciamos puede hacernos extremadamente felices cuando esperamos poco, mientras que una pequeña decepción puede convertirse en un conflicto enorme cuando nuestras expectativas son demasiado altas.

Ahora bien, esto no significa ignorar los problemas importantes, sino que la verdadera enseñanza consiste en aprender a distinguir entre aquello que realmente merece nuestra preocupación y aquello que podemos dejar pasar.

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