Qué quiere decir el proverbio alemán: «Incluso una gallina ciega a veces encuentra un grano de maíz»
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Hay momentos en los que parece que todos los astros se alinean. Ese trabajo que parecía imposible acaba siendo tuyo, consigues una beca entre cientos de candidatos, apruebas una oposición para la que quizá no has estudiado tanto, encuentras esa blusa que llevabas semanas buscando y de la que no quedaba tu talla en ninguna tienda o aparcas en una zona concurrida en hora punta.
Es entonces cuando aparece un concepto que parece explicar aquello que no sabemos explicar de otra manera. Se trata de la suerte.
La suerte sirve para justificar algunas de las mejores noticias que nos ocurren, pero también para poner nombre a las malas rachas. Cuando sucede algo extraordinario, el concepto suele salir a relucir.
Pero ¿qué es realmente la suerte? ¿Es algo que algunas personas tienen y otras no? ¿Hay quienes nacen «con estrella» mientras otros parecen hacerlo «estrellados»? Un antiguo proverbio alemán pone precisamente esta cuestión sobre la mesa: «Auch ein blindes Huhn findet mal ein Korn», que literalmente significa «Incluso una gallina ciega a veces encuentra un grano de maíz».
El significado del proverbio de la gallina ciega
La enseñanza detrás de esta expresión es sencilla: todo el mundo puede tener suerte en algún momento, incluso aquellas personas que aparentemente parten de una situación desfavorable o que encuentran obstáculos que dificultan alcanzar sus objetivos.
La imagen es deliberadamente sencilla. Una gallina ciega no puede ver dónde está el grano de maíz y, por tanto, parece tener pocas posibilidades de encontrarlo. Sin embargo, en algún momento puede acabar topándose con él. No porque lo haya visto, ni porque haya seguido una estrategia perfecta para conseguirlo, sino porque la oportunidad aparece y, por casualidad, termina encontrándola.
El proverbio plantea así una idea que puede resultar incómoda: a veces las cosas buenas ocurren sin que exista una explicación relacionada con el esfuerzo, la inteligencia o la preparación.
Durante mucho tiempo se ha extendido la idea de que existen personas especialmente afortunadas, aquellas a las que parece salirles todo bien, mientras otras encadenan una dificultad detrás de otra. Son las personas que «nacen con estrella» frente a quienes parecen haber nacido «estrelladas».
Sin embargo, quizá la percepción tenga también mucho que ver con dónde ponemos el foco. Una persona puede recordar especialmente el trabajo que consiguió, la oportunidad que apareció en el momento adecuado o aquella casualidad que cambió sus planes y olvidar las ocasiones en las que las cosas no salieron como esperaba. Lo mismo ocurre al contrario: quien se considera desafortunado puede prestar más atención a los contratiempos que a las pequeñas oportunidades que también aparecen en su camino.
¿La suerte depende del azar o de la preparación?
La reflexión sobre la suerte ha acompañado al ser humano durante siglos y no todos han llegado a la misma conclusión. Una de las frases más conocidas sobre esta cuestión se atribuye al filósofo estoico Séneca: «La suerte es lo que sucede cuando la preparación se encuentra con la oportunidad».
La idea introduce un matiz importante. No bastaría con que aparezca una oportunidad: también sería necesario estar preparado para aprovecharla. Un trabajo puede aparecer por casualidad, pero contar con las habilidades necesarias puede ser lo que permita conseguirlo. Una beca puede llegar de manera inesperada, pero detrás de la candidatura puede existir años de estudio y esfuerzo.
Desde esta perspectiva, la suerte no sería únicamente azar, sino la combinación de dos elementos: estar preparado y encontrarse en el lugar adecuado cuando aparece una oportunidad.
Pero el proverbio alemán parece llevar la reflexión en otra dirección. Porque, ¿qué preparación puede tener una gallina ciega para encontrar un grano de maíz que ni siquiera sabe dónde está?
La metáfora deja abierta la posibilidad de que, en ocasiones, la oportunidad sea suficiente. Que incluso alguien que no estaba preparado, que no tenía ventaja o que parecía partir con todas las probabilidades en contra pueda terminar encontrando su particular «grano de maíz».
La suerte también depende de cómo interpretamos lo que nos ocurre
Quizá por eso las reflexiones sobre la suerte son tan numerosas y tan diferentes entre sí. Para algunos, es una cuestión de azar; para otros, el resultado de estar preparado para aprovechar las oportunidades. También hay quien considera que buena parte de la suerte depende de la actitud con la que afrontamos aquello que nos ocurre.
Lo cierto es que todos podemos recordar algún momento en el que algo salió bien contra todo pronóstico. Una llamada que llegó justo a tiempo, una oportunidad inesperada, una persona que apareció en el momento adecuado o ese pequeño golpe de fortuna que cambió el rumbo de un día.
Y también sucede lo contrario: circunstancias que se tuercen sin que exista una explicación clara.
Quizá la enseñanza de la gallina ciega sea precisamente que nadie está completamente condenado a la mala suerte ni tiene garantizada la buena. Incluso quien parece tener todas las circunstancias en contra puede acabar encontrando su grano de maíz.
Y, al mismo tiempo, quizá Séneca tenga razón: cuando ese grano aparece, estar preparado puede marcar la diferencia entre encontrarlo y saber qué hacer con él.
Entre el azar y la preparación, entre las casualidades y las decisiones, queda una cuestión que cada uno puede responder a su manera: ¿cuánto de lo que conseguimos depende de nuestra capacidad y cuánto de la suerte?
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