Los psicólogos coinciden: la envidia en las amistades no se muestra con ataques, más bien con miradas o comentarios que restan valor
La envidia puede aparecer en una amistad mediante miradas, silencios y comentarios
Los interioristas expertos lo confirman: ¿Debe quedarse abierta o cerrada la puerta del baño después de ducharse?
Nueva tendencia en los viajes: ahora los turistas envuelven los pasaportes en papel de aluminio y sirve para esto
La reflexión de Alfonso X el Sabio sobre la justicia: "Los que dejan al rey errar a sabiendas, merecen pena como traidores"
Cuando conseguimos un ascenso, empezamos una relación que nos hace felices o logramos una meta que llevábamos tiempo persiguiendo, es normal querer contárselo a las personas más cercanas. De un amigo esperamos interés y, sobre todo, poder compartir esa alegría. Sin embargo, hay ocasiones en las que la respuesta que recibimos resulta bastante distinta: un silencio extraño, una mirada o una frase que consigue quitar importancia a aquello que para nosotros sí la tiene.
La psicóloga y divulgadora Claudia Nicolasa ha hablado precisamente de estas situaciones y de cómo puede manifestarse la envidia dentro de una amistad. Y es que no siempre aparece mediante un enfrentamiento evidente ni a través de un ataque directo, sino que a veces resulta mucho más difícil de reconocer porque se esconde detrás de pequeños gestos. El problema comienza cuando estos dejan de ser algo puntual y terminan condicionando incluso lo que uno se atreve a contar.
Los psicólogos coinciden: la envidia en las amistades no se muestra con ataques
Nicolasa ha explicado en redes que algunas personas viven la comparación con quienes tienen cerca como una amenaza. Por eso, cuando a un amigo le ocurre algo bueno, pueden sentirse incómodas en lugar de compartir su entusiasmo. Esa reacción no tiene por qué traducirse en una discusión o en una crítica abierta. Puede aparecer, por ejemplo, en una mirada que cambia al escuchar una buena noticia, en cierta indiferencia o en comentarios que rebajan el valor de lo conseguido.
De este modo, por ejemplo, un ascenso puede recibir como respuesta que seguramente supondrá trabajar muchas más horas; una relación que comienza bien, un recordatorio de que todavía es pronto para saber cómo acabará. Ninguna de esas frases demuestra por sí sola que exista envidia. Es la repetición de esa forma de reaccionar la que puede acabar mostrando una dinámica problemática. La psicóloga relaciona determinados comportamientos de este tipo con lo que denomina narcisismo vulnerable, en el que detrás de una actitud aparentemente fría o crítica puede existir una inseguridad que hace difícil contemplar los éxitos de otra persona sin compararlos inmediatamente con la propia situación.
Cuando empiezas a ocultar las cosas buenas que te ocurren
Una de las consecuencias más llamativas aparece cuando la persona que recibe esas respuestas comienza a modificar su propio comportamiento. Nicolasa explica que puede llegar un momento en el que uno prefiera no contar una buena noticia porque ya sabe, o teme, cómo va a reaccionar el otro. «Empiezas a callarte tus logros y tus ilusiones, no porque no quieras compartirlos, sino porque intentas protegerte de su reacción pasivo-agresiva», señala la psicóloga.
También puede aparecer cierta sensación de culpa cuando las cosas van bien. En lugar de disfrutar de un buen momento y compartirlo con naturalidad, la persona mide lo que dice, resta importancia a sus avances o evita determinados asuntos. Nicolasa lo resume de esta manera: «Te sientes culpable cuando te van bien las cosas porque parece que sus problemas le duelen más» .Es precisamente ese cambio el que merece atención. Una cosa es tener tacto con un amigo que está atravesando una etapa complicada y otra muy diferente sentir de manera habitual que hay que esconder las propias alegrías para evitar su reacción.
Sentir envidia no significa querer hacer daño
La propia Nicolasa introduce un matiz importante. Este tipo de comportamiento no tiene que responder necesariamente a una intención consciente de perjudicar a alguien. Una persona puede reaccionar desde su inseguridad sin darse cuenta completamente de cómo afectan sus comentarios a quienes tiene alrededor. La envidia, además, es una emoción humana y sentirla en algún momento no convierte automáticamente a alguien en un mal amigo. Podemos compararnos con una persona cercana, desear algo que ella ha conseguido e incluso sentir cierta frustración. La cuestión es qué hacemos después con esa emoción.
Por eso no tendría sentido interpretar cualquier silencio o comentario poco entusiasta como una prueba definitiva. Alguien puede estar preocupado, cansado o atravesando sus propios problemas. Es la existencia de un patrón continuado lo que cambia la situación: que los logros sean minimizados una y otra vez o que la relación parezca funcionar mejor cuando a la otra persona no le suceden cosas buenas.
Una publicación compartida de Claudia Nicolasa | Análisis psicológicos (@claudianicolasa)