La psicología dice que las personas que llevan la bandera de España en su coche no es por patriotismo: necesitan pertenecer a un grupo social
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Uno ve a una persona con la bandera de España en su coche y lo primero que piensa es que se trata de una declaración de amor patrio, puro y duro. Sin embargo, varias líneas de investigación en psicología social apuntan a un motivo distinto y mucho más profundo: la necesidad humana de sentirse parte de un grupo reconocible frente al resto del mundo.
Y esto es algo que la ciencia lleva más de medio siglo documentando en contextos muy distintos al automóvil. Esa necesidad no distingue entre banderas, escudos de fútbol o logotipos de empresa. El cerebro humano reacciona de forma parecida ante cualquier símbolo que permita distinguir claramente entre «los míos» y «los demás».
¿Por qué la bandera de España en el coche no siempre habla de patriotismo?
La explicación más citada por los psicólogos sociales viene de la Teoría de la Identidad Social, formulada en los años setenta por Henri Tajfel y John Turner.
Según esta teoría, las personas dividen el mundo de forma automática entre «endogrupo» (el propio) y «exogrupo» (el ajeno), y ese proceso mental basta para generar preferencia y lealtad hacia el propio bando, incluso sin ningún motivo objetivo de por medio.
Justamente, llevar encima una bandera española encaja perfectamente en ese esquema: convierte a quien conduce en miembro visible de un endogrupo amplio frente a cualquier exogrupo posible, ya sea otro país durante un Mundial o, simplemente, el resto de conductores anónimos de la carretera, con los que en principio no comparte ningún vínculo.
En este sentido, ese mecanismo basta con que sea reconocible al instante. Una bandera cumple ese papel mejor que casi cualquier otro objeto, porque no necesita explicación ni contexto para que el resto de conductores entienda de inmediato a qué grupo dice pertenecer quien la lleva, sin necesidad de pegatinas adicionales ni de ningún otro adorno que refuerce el mensaje.
Lo que revela la ciencia sobre las banderas y los símbolos de grupo
Un estudio publicado en 2016 en la revista Journal of Personality and Social Psychology, firmado por las investigadoras Shannon Callahan y Alison Ledgerwood, analizó específicamente el papel psicológico de banderas y logotipos.
El hallazgo central fue que la sola presencia de un símbolo hace que un grupo de personas se perciba como una unidad mucho más real y cohesionada.
Inclusive, ese mismo trabajo encontró algo más inquietante: los grupos con un símbolo propio no solo parecen más unidos, sino también más amenazantes para quienes los observan desde fuera.
Aplicado a la carretera, una bandera cumple la misma función que un escudo de equipo o un logotipo corporativo: señala pertenencia y, de paso, marca distancia con quien no la lleva.
¿Patriotismo o pertenencia? El estudio que puso a prueba la bandera tras el 11-S
En 2005, la psicóloga Linda Skitk publicó en la revista Journal of Applied Social Psychology un estudio sobre por qué tres de cada cuatro estadounidenses habían colgado una bandera en su casa, su ropa o su coche tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, un gesto que en aquel momento se interpretó casi siempre como una simple muestra de patriotismo.
Y vaya que el resultado sorprendió a varios investigadores: el trabajo encontró más apoyo para la idea de que ese gesto respondía a patriotismo (amor al país y cohesión con el propio grupo) que a nacionalismo (rechazo automático a lo extranjero).
Es decir, incluso el patriotismo más sincero puede leerse, desde la psicología social, como una forma más de reforzar el sentido de pertenencia a un grupo.
Qué es lo que cambia cuando la bandera aparece en el coche y no en la ventana de casa
El coche añade un matiz que ni Tajfel ni Skitka pudieron estudiar en su momento, que es la movilidad.
Una bandera de España colgada en un coche viaja por carreteras, gasolineras y atascos, y se expone a un público mucho más amplio y variado que la que cuelga de un balcón fijo, lo que multiplica su función de señal social, algo que estudios posteriores sobre símbolos móviles (desde pegatinas hasta matrículas personalizadas) han confirmado en distintos países.
Tengamos presente en esta línea que la propia encuesta de Skitka se apoyó en una muestra de 605 personas, un tamaño suficiente para descartar la casualidad en sus conclusiones.
Así, la próxima vez que un coche cruce por la autovía con una bandera ondeando en la ventanilla, en el retrovisor o en una pegatina, comprenderemos que probablemente no vaya escondiendo ningún mensaje político: solo estará mostrando, sin saberlo, un mecanismo social que la psicología lleva describiendo desde los años 70.
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