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Proverbio africano sobre el conflicto: «Cuando los elefantes luchan entre sí, siempre es la hierba la que sufre»

Cada vez que se produce un conflicto, como por ejemplo cuando estalla una guerra, suele hablarse de «dos bandos» o del enfrentamiento entre dos o más países, pero también se habla de aquellos que son perjudicados más allá de los protagonistas, dado que es evidente que siempre surgen los llamados «daños colaterales»  y a los que de alguna manera hace alusión un conocido proverbio africano que dice lo siguiente: «Cuando los elefantes luchan entre sí, siempre es la hierba la que sufre».

Los elefantes representan la fuerza y el poder, mientras que la hierba simboliza a quienes ocupan una posición más vulnerable. Cuando los primeros se enfrentan, aquello que se encuentra bajo sus patas puede quedar destrozado aunque no tenga ninguna relación con la pelea. La frase encierra así una reflexión que puede aplicarse a situaciones muy diferentes. Desde una disputa familiar hasta un enfrentamiento dentro de una empresa o lo mencionado: un conflicto entre países. Para todo ello, el mensaje de este proverbio es el mismo, y es que las decisiones de quienes tienen más poder pueden terminar afectando especialmente a quienes menos capacidad tienen para intervenir.

 «Cuando los elefantes luchan entre sí, siempre es la hierba la que sufre»

El significado del proverbio africano «cuando los elefantes luchan entre sí, siempre es la hierba la que sufre», parte de la enorme diferencia que existe entre sus dos protagonistas. Un elefante puede alterar todo lo que encuentra a su alrededor simplemente por su tamaño. La hierba, por el contrario, carece de cualquier posibilidad de defenderse frente a él.

Llevada al terreno de las relaciones humanas, la metáfora habla de la desigualdad de poder. Los «elefantes» pueden ser dos personas con autoridad, dos responsables de una empresa, grupos enfrentados, instituciones o incluso países. La «hierba» son aquellos que quedan atrapados en medio de sus decisiones.  Precisamente por eso, el proverbio no pretende decir que el conflicto sea siempre evitable. Las diferencias forman parte de cualquier relación y enfrentarse a ellas puede ser necesario. La advertencia se dirige hacia algo distinto: antes de mantener una lucha conviene observar quién está pagando realmente su precio. Además, quienes poseen una posición de poder suelen contar también con más posibilidades para decidir cómo actuar, pero las personas afectadas indirectamente no siempre disponen de esas opciones.

Una reflexión sobre los conflictos y las relaciones de poder

La enseñanza resulta especialmente fácil de reconocer cuando se traslada a situaciones cotidianas. Una separación conflictiva, por ejemplo, puede convertirse en una lucha entre dos adultos en la que los hijos terminan ocupando el centro. Si los padres los utilizan para transmitir mensajes, obtener información o intentar que tomen partido, los menores pasan a soportar las consecuencias de un enfrentamiento que no han provocado.

En el trabajo puede suceder algo parecido. Dos responsables que compiten por imponer sus decisiones pueden provocar que los empleados reciban órdenes contradictorias, trabajen en un ambiente tenso o incluso teman por la estabilidad de sus puestos. También ocurre cuando los socios de una empresa mantienen un enfrentamiento que termina afectando al negocio y, con ello, a quienes dependen de él para ganarse la vida. Los trabajadores no participaron en el origen del problema, pero pueden sufrir directamente sus efectos.

El proverbio africano pone el foco precisamente sobre estas personas. La atención suele concentrarse en quienes protagonizan una disputa porque son quienes tienen capacidad para tomar decisiones. Sin embargo, eso puede hacer que se ignore a quienes permanecen alrededor. La imagen de la hierba también introduce una cuestión importante sobre la responsabilidad. No basta con afirmar que no existía intención de perjudicar a terceros. Una decisión puede tener consecuencias más allá de lo que pretendía quien la tomó.

Por eso, cuanto mayor es la capacidad de influir sobre otras personas, más importante resulta valorar los efectos que puede provocar una disputa. aunque lo que dice el proverbio tampoco lo debemos tomar como algo literal porque no es cuestión de evitar las confrontaciones. Dos personas pueden defender intereses completamente distintos sin convertir a quienes las rodean en instrumentos de presión. El problema aparece cuando imponerse al contrario se vuelve más importante que todo lo demás.

Por qué este proverbio africano sigue teniendo sentido hoy

El paso del tiempo no ha restado vigencia a la metáfora de los elefantes y la hierba. Como ya mencionamos, las relaciones de poder siguen estando presentes en la familia, el trabajo, las empresas, las instituciones y también en los grandes conflictos internacionales. La escala puede cambiar enormemente, pero la pregunta que plantea el proverbio continúa siendo la misma: ¿quién soportará las consecuencias?.

Una disputa puede tener dos protagonistas y muchos perjudicados. Algunos, además, pueden encontrarse en una situación en la que apenas tengan capacidad para defender sus propios intereses. «Cuando los elefantes luchan entre sí, siempre es la hierba la que sufre» invita precisamente a cambiar el punto de vista. En lugar de observar únicamente a quienes tienen fuerza suficiente para enfrentarse, dirige la mirada hacia quienes están debajo.