El olvidado oficio de la posguerra española que desapareció en los años 60: no le caían simpáticos a nadie
Era comida de subsistencia en la posguerra y ahora no la recuerdan
El oficio esencial para la supervivencia que estuvo en el punto de mira
La triste costumbre de la posguerra española que ya nadie hace
La posguerra española dejó una «herida» en la vida cotidiana de millones de personas. Restricciones económicas, racionamiento y control de alimentos marcaron una época en la que la vigilancia sobre los productos básicos era constante. Fue en ese duro panorama que adquirieron mayor relevancia ciertos oficios ligados a la fiscalidad municipal y al control del comercio.
Entre esos trabajos se encontraba uno especialmente impopular (no muy querido, si se entiende). Sus responsables vigilaban los accesos a pueblos y ciudades para controlar la entrada de alimentos y otros bienes. Su misión era garantizar el pago de determinados impuestos y evitar el tráfico clandestino de mercancías, una tarea que generó tensiones continuas con la población.
Los fielatos y el origen de un oficio ligado a los impuestos
Antes de revelar cuál es el oficio, hay que retroceder al siglo XIX. En muchas ciudades españolas se instalaron los llamados fielatos, pequeñas construcciones situadas en las entradas de las poblaciones o en lugares estratégicos como estaciones ferroviarias.
En estos edificios se cobraban los arbitrios municipales, impuestos aplicados a productos que entraban en la ciudad.
Los fielatos funcionaban como puestos de control fiscal. Allí se registraban carros, mercancías y equipajes para comprobar si transportaban bienes sujetos al impuesto de consumos. Este gravamen afectaba a productos considerados de primera necesidad, como alimentos o bebidas.
La importancia económica de estos impuestos era considerable. En algunos municipios, la recaudación de consumos podía representar entre el 50% y el 70% de los ingresos municipales, lo que explica la atención que se prestaba a su vigilancia.
Uno de los ejemplos documentados se remonta a 1880, cuando se proyectó un edificio de este tipo en la estación madrileña de Delicias. El inmueble tenía dimensiones modestas (un rectángulo de poco más de trece metros de largo) e incluía varias dependencias: despacho para el público, oficinas, cuerpo de guardia y un pequeño almacén para mercancías decomisadas.
Los funcionarios menos queridos y poco simpáticos de la posguerra
Los trabajadores encargados de aplicar estos controles eran conocidos popularmente como consumeros. Su tarea consistía en vigilar que cualquier mercancía que entrara en la ciudad pagara el impuesto correspondiente.
En tiempos normales ya generaban cierta tensión, pero durante la posguerra su papel se volvió especialmente conflictivo. España atravesaba una etapa marcada por la escasez de alimentos, el racionamiento y la autarquía económica.
En ese escenario, muchas familias recurrían al mercado negro o al transporte clandestino de alimentos desde el campo, muchas veces realizado por los arrieros.
Los consumeros tenían potestad para realizar diversas acciones:
- Registrar carros, fardos o equipajes en los accesos a la ciudad.
- Inspeccionar mercancías que entraban por carreteras o estaciones.
- Decomisar productos si no se habían declarado o si no se pagaba el impuesto.
- Imponer sanciones o multas a quienes incumplían la normativa.
Estas funciones les colocaban en una posición incómoda frente a la población. Para muchos ciudadanos, los consumeros representaban el obstáculo que impedía llevar comida a casa en un momento de escasez generalizada.
Conflictos, abusos y desconfianza social hacia los consumeros
La tensión entre los consumeros y la población no era algo nuevo. Desde el siglo XIX existen referencias a altercados en torno a los fielatos. Algunos periódicos recogían enfrentamientos entre agentes y contrabandistas conocidos como matuteros, dedicados a introducir mercancías sin pagar el impuesto.
En ciertos casos la situación derivó en episodios violentos. Se registraron enfrentamientos armados, disturbios e incluso incendios de casetas de consumos en distintas ciudades. Estos incidentes reflejaban el rechazo que generaba el sistema fiscal vinculado a los alimentos.
Durante la posguerra el problema se agravó por la escasez. Los registros podían llegar a ser exhaustivos: se revisaban carros, equipajes e incluso la ropa de quienes entraban a pie en la ciudad. El objetivo era localizar pequeñas cantidades de productos como harina, carne o aceite.
También surgieron sospechas sobre prácticas irregulares. En ocasiones se acusaba a algunos agentes de aceptar sobornos o de apropiarse de parte de la mercancía decomisada. Los salarios reducidos y las dificultades económicas contribuían a alimentar estas sospechas.
Así, la desconfianza hacia los consumeros terminó formando parte del imaginario popular de la época.
El final de los fielatos y la desaparición del oficio de los consumeros tras la posguerra
El sistema de fielatos comenzó a perder sentido a partir de la década de 1950. La economía española empezó a transformarse progresivamente y el control directo sobre el transporte de alimentos fue reduciéndose.
Además, el racionamiento oficial terminó en 1952, lo que cambió de forma significativa el contexto económico y social del país. Con el paso de los años, los impuestos de consumos fueron reformados o eliminados.
Finalmente, en la década de 1960 los fielatos desaparecieron de forma definitiva en la mayor parte del territorio español. Con ellos también se extinguió el oficio de consumero, que había marcado durante décadas la vida cotidiana de las entradas a pueblos y ciudades.
Lo último en Curiosidades
-
Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa: «Aquí, señor obispo, morimos todos por la fe y por la patria»
-
Adiós a los clásicos sofás esquineros en forma de L: todo el mundo quiere la nueva forma, es más moderna y mejor para un piso pequeño
-
La psicología explica qué hay detrás de las personas que disfrutan de los días lluviosos: podrían sentirse más cómodas con la introspección
-
Encuentran bajo una calle los restos de un antiguo barco que podría estar relacionado con los vikingos y el comercio medieval
-
La realidad actual de Juan José, agricultor español: «Ganaba 40.000 euros con cereal y olivo, ahora hago 650.000 euros al año gracias al pistacho»
Últimas noticias
-
Ester Muñoz acusa al Gobierno de «no saber lo que es el sacrificio»: «El esfuerzo de muchos se lo llevaban en amaños»
-
Lele Pons admite que el nombre de su hija lo eligió por Netflix: «Uno de mis personajes favoritos es…»
-
La guerra de Irán convierte la deuda en un problema para una de cada cuatro empresas
-
Rosalía sorprende en ‘Saturday Night Live’ cantando sobre puntas de ballet y convertida en Odette de ‘El lago de los cisnes’
-
Alfonso VIII en la batalla de las Navas de Tolosa: «Aquí, señor obispo, morimos todos por la fe y por la patria»