Ni ventilador ni aire acondicionado: la clave para mantener la casa fresca en verano está en las ventanas
Una mala ventilación o un uso incorrecto de las ventanas puede hacer que el calor entre sin control
Adiós a las hormigas de tu jardín: el truco para eliminarlas rápidamente usando una botella y pegamento
¿Dejar las puertas abiertas o cerradas ayuda a refrescar la casa en verano? La opinión de los expertos en climatización
¡Feliz noche de San Juan! Las mejores frases para felicitar la noche más mágica del año

Cuando empieza el calor, la mayoría de nosotros tiramos de ventilador, aire acondicionado o lo que tenga a mano para bajar la temperatura. Es algo casi automático, pero lo que muchas veces se pasa por alto es algo bastante básico y que influye más de lo que parece como son las ventanas.
En España, el verano no es precisamente suave, de hecho acaba de comenzar pero ya desde finales del pasado mes de mayo han habid días en los que el calor se impuesto durante horas y, si la casa no está bien preparada, se nota enseguida. No hace falta ni encender nada para que el ambiente se vuelva pesado, sobre todo en viviendas donde el sol entra directo buena parte del día. Y ahí es donde entran en juego las ventanas, que muchas veces no se tienen en cuenta hasta que el problema ya está dentro.
La clave para mantener la casa fresca en verano está en las ventanas
Cuando se habla de aislamiento, casi todo el mundo piensa en el invierno. Pero en verano pasa justo lo contrario ya que lo importante es evitar que el calor se cuele dentro. Y en el caso de las ventanas antiguas o mal selladas dejan pasar el calor exterior sin apenas resistencia y hacen que la temperatura suba rápido en el interior.
Es algo progresivo, casi imperceptible al principio, pero que acaba notándose al cabo de unas horas. Y claro, luego tenemos que recurrir a los ventiladores o el aire acondicionado, pero estos ya parten con una desventaja y es que la casa ya está caliente y enfriar cuesta más. En cambio, cuando las ventanas están mejor preparadas, el efecto cambia bastante. No es que el calor desaparezca, pero sí se reduce ese impacto directo del sol y del aire caliente del exterior.
No es solo la ventana, también cómo se usa
Aquí es donde suele fallar mucha gente. No todo depende de cambiar la ventana, también de cómo se utiliza durante el día. Abrir a primera hora ayuda, porque el aire todavía está fresco, ventilar un rato puede bajar bastante la temperatura acumulada durante la noche. Incluso unos minutos bien aprovechados marcan la diferencia.
Pero a partir de cierta hora, abrir es justo lo que no conviene. Porque lo que entra ya no es aire fresco, es calor. Cerrar las ventanas en las horas centrales del día, bajar persianas o correr cortinas es lo que realmente evita que la casa se recaliente. Puede parecer lo contrario de lo que apetece, pero es lo que funciona. Si además se puede crear corriente entre dos lados de la casa, mejor. La ventilación cruzada ayuda a mover el aire y evita que se quede estancado, algo que se nota mucho en pisos más pequeños o con menos circulación.
El ruido también entra por ahí
El verano no sólo trae calor sino que también más ruido y todo eso acaba entrando en casa. Aquí vuelve a pasar lo mismo, ya que si el acristalamiento no es bueno, el ruido pasa prácticamente sin filtro. Y eso, sobre todo por la noche, se nota bastante.
Por eso, cada vez se habla más del aislamiento acústico, que muchas veces se deja en segundo plano. No es solo cuestión de temperatura. Poder descansar también forma parte de tener una casa confortable en verano.
Más luz implica más calor si no se controla
Otra cosa que ha cambiado en los últimos años es cómo son las casas. Ahora se buscan espacios más abiertos, más luz natural, más conexión con el exterior. Es una tendencia clara. El problema es que eso también tiene su lado menos cómodo cuando llega el calor.
Los grandes ventanales dejan pasar mucha luz, pero también más temperatura si no están bien preparados. Por eso, cada vez se utilizan soluciones que intentan equilibrar las dos cosas: aprovechar la luz sin que eso suponga que la casa se convierta en un invernadero. Los vidrios con control solar o los sistemas de aislamiento más modernos ayudan justo en ese punto, aunque no siempre es necesario cambiar toda la ventana para notar mejora.
En definitiva, mantener la casa fresca en verano no depende sólo de tener aire acondicionado. Muchas veces son detalles, de los que no se piensan demasiado hasta que aprieta el calor. Ventilar cuando toca, cerrar cuando hace falta, usar bien persianas o cortinas y, si se puede, mejorar poco a poco el tipo de ventana son las claves para que tu casa se mantenga fresca. Y para hacer todo esto no es necesario grandes reformas de golpe. A veces basta con entender cómo entra el calor en casa y ajustar hábitos. Eso ya cambia bastante la sensación térmica. Y es algo que se nota rápido, sobre todo en esos días en los que el calor no da tregua y cualquier pequeño gesto marca la diferencia dentro de casa.