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Reflexión

Miguel de la Quadra-Salcedo, reportero y aventurero español: «A veces no hace falta explicarlo todo, es más importante lo que contagias que lo que cuentas»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Miguel de la Quadra-Salcedo fue muchas cosas antes de convertirse en una leyenda para varias generaciones de jóvenes españoles: atleta olímpico, reportero de guerra, explorador y, sobre todo, un hombre que entendía la aventura como una forma de educación. Su nombre quedó asociado para siempre a un proyecto que cambió la vida de miles de adolescentes.

A pesar de su popularidad, pocos entienden qué quiso decir con esta frase. Y es importante porque es la que mejor resume su forma de entender el mundo. Esta habla de contagiar en lugar de explicar, de mostrar en lugar de convencer. Detrás de ella hay una vida entera dedicada a demostrar, con hechos, que la curiosidad y el ejemplo valen más que cualquier lección teórica.

Miguel de la Quadra-Salcedo y la lección que resume toda su vida

Miguel de la Quadra-Salcedo resumió su filosofía en una frase que definió toda su trayectoria: «A veces no hace falta explicarlo todo; es más importante lo que contagias que lo que cuentas».

En ese dicho no hay ni una pizca de cuestiones abstractas. Este ilustre español llevaba décadas comprobándolo sobre el terreno, primero como deportista y reportero, después como guía de generaciones enteras de jóvenes por selvas, montañas y ciudades de todo el mundo.

Su método educativo se basaba en un principio casi socrático: «Descúbrete a ti mismo y luego proyéctate».

Inclusive, se comparaba, con cierta ironía, con el flautista de Hamelín: guiaba a los jóvenes tras sus pasos para que aprendieran a respetar culturas distintas a la suya, sin imponerles ninguna teoría previa.

El origen de la Ruta Quetzal: el encargo de un rey y miles de jóvenes después

En una entrevista concedida al medio local ‘El Periódico’ poco antes de cumplir 83 años, De la Quadra-Salcedo explicó cómo llegó a esa frase y conclusión: el rey Juan Carlos I le encargó en 1979 «acercarse a Iberoamérica» y de esa idea nació la Ruta Quetzal, el proyecto que marcaría el resto de su vida.

La Ruta Quetzal (bautizada primero Aventura 92) nació inspirada en una expedición de 1933 de la Institución Libre de Enseñanza hasta la localidad natal de El Greco.

Entre 1979 y 2016 llevó a más de 7.000 jóvenes de 58 países por rutas de aventura y aprendizaje en Iberoamérica, un proyecto reconocido por la Unesco y que él describía como una manera de que los participantes se descubrieran a sí mismos antes de mirar hacia el resto del mundo.

Del atletismo olímpico al frente de guerra

Antes de convertirse en educador de vocación, De la Quadra-Salcedo fue atleta de élite: ganó nueve campeonatos de España en lanzamientos (seis en disco, dos en peso y uno en martillo) y compitió con España en los Juegos Olímpicos de Roma de 1960.

Desarrolló además una técnica poco convencional para lanzar la jabalina, inspirada en el lanzamiento de barra vasco, con la que llegó a batir una plusmarca mundial. La Federación Internacional de Atletismo modificó el reglamento en dos ocasiones para limitar su uso.

Ese mismo espíritu inquieto lo llevó, entre 1961 y 1963, a instalarse en el Amazonas como etnobotánico, y más tarde a convertirse en reportero de guerra para Televisión Española.

Cubrió la crisis del Congo, la guerra de Vietnam, el golpe de Estado chileno de 1973 y la guerra del Yom Kipur bajo bombardeos de napalm, y entrevistó a figuras como el Dalái Lama, Salvador Allende y Pablo Neruda.

Abandonó el periodismo de guerra al comprobar que «hasta los frentes de liberación popular más puros acaban corrompiéndose».

La curiosidad como elixir de la eterna juventud

En 2015, con 82 años, aseguraba haber encontrado lo que buscaba Ponce de León en La Florida: el elixir de la eterna juventud.

Para él no estaba en ninguna fuente mágica, sino en mantener la curiosidad y rodearse de gente joven. «Me recuerdo desde siempre con un irrefrenable afán por descubrir; la curiosidad ha sido el motor de mi vida», explicaba entonces.

Un accidente de helicóptero, en el que le entró agua en un pulmón, puso fin a sus viajes físicos, pero no a su curiosidad: siguió haciendo sus expediciones recorriendo el mundo con la imaginación y la memoria.

Coincidía con Santiago Ramón y Cajal, que advertía que en la vejez no deben preocupar las arrugas del rostro, sino las del cerebro, y con José Saramago, para quien la vejez empieza cuando se pierde la curiosidad.

Miguel de la Quadra-Salcedo murió en su casa de Madrid el 20 de mayo de 2016, a los 84 años, poco después de recibir la Gran Cruz de la Orden Civil de Alfonso X el Sabio.

En su mesilla de noche, según contaba él mismo, seguía guardando la guía Baedeker de 1914 que le regaló su abuelo Miguel Gayarre: el mismo libro que, décadas antes, había encendido en él la curiosidad que nunca dejó de contagiar.