Curiosidades
Reflexión literaria

Jorge Luis Borges, escritor argentino: «No bebo, no fumo, como poco.. yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La Divina Comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente»

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Cuando alguien como Jorge Luis Borges reduce sus placeres a solo dos libros, conviene prestar atención a cuáles elige. Y justamente, El Quijote aparece en esa lista breve del escritor argentino, que lo colocó al mismo nivel que otro clásico absoluto de la literatura universal, por delante de cualquier otro entretenimiento de su época, en una entrevista de sus últimos años de vida.

La frase completa incluye, además, dos nombres que Borges prefería evitar por completo, un detalle gracioso que ha terminado eclipsando lo verdaderamente interesante: por qué precisamente esa novela ocupaba un lugar tan alto en su lista personal de lecturas, muy por encima de casi todo lo demás que se publicaba en su época.

¿De dónde sale esta frase de Borges sobre El Quijote?

La frase completa que nos concierne en esta ocasión dice así: «Yo no bebo, no fumo, no escucho la radio, no me drogo, como poco. Yo diría que mis únicos vicios son El Quijote, La Divina Comedia y no incurrir en la lectura de Enrique Larreta ni de Benavente».

Esta pertenece a Reencuentro, el libro que recoge los diálogos que Jorge Luis Borges mantuvo con el periodista porteño Osvaldo Ferrari entre 1984 y 1985, poco antes de morir en 1986. En ese contexto de charlas pausadas y sin guion, Borges enumeraba sus costumbres cotidianas (no beber, no fumar, comer poco) para llegar, casi de rebote, a su verdadera confesión literaria.

Llamar «vicios» a la lectura de El Quijote y de La Divina Comedia era, en realidad, una forma irónica de decir lo contrario: que se trataba de sus placeres más constantes, aquellos a los que volvía una y otra vez sin cansarse, igual que quien repite un hábito del que no quiere ni puede librarse.

El resto de la frase, la parte que menciona a Enrique Larreta y a Jacinto Benavente, funciona como remate cómico de la misma broma: si leer los dos grandes clásicos es un vicio, evitar a dos autores que Borges consideraba menores también merecía ese nombre.

El chiste solo tiene gracia, sin embargo, porque antes deja claro qué libros sí ocupaban ese lugar de honor en su rutina diaria.

La curiosa historia de Borges con El Quijote: primero en inglés, después en español

La relación de Borges con El Quijote empezó de una manera poco habitual. De niño vivió una temporada en Inglaterra junto a su abuela materna, y allí aprendió a leer en inglés antes que en castellano, idioma en el que descubrió por primera vez las aventuras de don Quijote y Sancho Panza.

Cuando volvió a leer la novela en español, tiempo después, contó que el original de Cervantes le sonó, paradójicamente, a una traducción del inglés: una provocación literaria que repitió en varias entrevistas y que resume bien su forma de acercarse a los clásicos, siempre desde un ángulo inesperado y personal.

Esa fascinación no quedó solo en la anécdota infantil. Cervantes y su novela aparecen citados, de forma directa o velada, en más de 90 textos de la obra de Borges, entre ellos Pierre Menard, autor del Quijote (1939), uno de sus relatos más influyentes y estudiados en todo el mundo.

En ese cuento, un escritor francés del siglo XX se propone escribir, palabra por palabra, el mismo texto que Cervantes redactó tres siglos antes, sin copiarlo ni memorizarlo.

¿El resultado? Pues es idéntico letra por letra, pero Borges sostiene que su significado cambia por completo según quién lo firme y cuándo se lea, una idea que convirtió a El Quijote en el mejor ejemplo posible para hablar del papel del lector frente al del autor.

¿Por qué El Quijote merece ese lugar en cualquier lista de vicios literarios?

Cabe resaltar que Borges no fue el único en situar la novela de Cervantes en lo más alto. En 2002, el Instituto Nobel y el Club Noruego del Libro reunieron a cerca de 100 escritores de 54 países para elegir la mejor obra de ficción de la historia, y El Quijote se llevó el primer puesto por delante de cualquier otro título presentado.

La novela, publicada en dos partes (1605 y 1615), se considera la primera novela moderna y ha sido traducida a más de 140 idiomas, superada en número de versiones solo por la Biblia.

En cuanto a la primera edición en inglés, esta llegó en 1612, apenas siete años después del original, señal de que su fama cruzó fronteras casi de inmediato.

Por su parte, Miguel de Cervantes escribió buena parte de sus páginas mientras arrastraba deudas y algún que otro paso por la cárcel, muy lejos de imaginar que su hidalgo manchego, con su armadura improvisada y su lanza en ristre contra molinos de viento, acabaría convertido en la referencia obligada de escritores de todas las lenguas y todas las épocas, Borges incluido.

Un lugar en Ciudad Real donde la frase de Borges sigue viva junto a otras

Esta misma cita figura hoy recogida en el Museo del Quijote de Ciudad Real, junto a otras reflexiones de autores como Voltaire, Jacinto Benavente o Miguel Delibes sobre la novela de Cervantes.

Ironías aparte (Benavente es, precisamente, uno de los dos nombres que Borges prefería no leer), la coincidencia confirma que la obra sigue generando debate y devoción más de cuatro siglos después de su publicación.

Mientras tanto, Voltaire, en esa misma pared de citas, escribió que él también se inventaba pasiones «para ejercitarse», como Don Quijote.

Delibes, en cambio, apuntó con ironía que no hacía falta haber leído la novela para escribir buenos libros. Entre esas dos posturas, la de Borges queda como la más honesta: la de un lector que no necesitó ninguna excusa para volver una y otra vez a la misma historia.