Henry David Thoreau, escritor y filósofo del siglo XIX, sobre la naturaleza: «Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente»
Nietzsche: "El hombre es naturalmente egoísta, y está bien que lo sea"
Kant: "La inteligencia de un hombre se mide por la cantidad de incertidumbres que es capaz de soportar"
Sun Tzu: "Aparenta ser débil cuando seas fuerte, y fuerte cuando seas débil"
Henry David Thoreau tenía 27 años cuando decidió abandonar su vida en Concord, Massachusetts, y mudarse a un bosque. Y no era precisamente un hombre sin recursos. Recordemos que daba conferencias inundadas de consejos valiosos, trabajaba como agrimensor y fabricaba lápices. Y de todas formas, eligió abrazar el bosque.
La decisión duró dos años y produjo un libro que lleva el nombre del estanque junto al que construyó su cabaña: Walden. Thoreau lo explicó con una frase que décadas después seguiría apareciendo en citaciones, ensayos y movimientos sociales de medio mundo.
Conociendo la historia de cerca: ¿Qué significaba para Thoreau «vivir deliberadamente»?
El 4 de julio de 1845, Thoreau se instaló en una cabaña que él mismo había construido a orillas del estanque de Walden, en Massachusetts.
La fecha no fue casual: era el Día de la Independencia de Estados Unidos, una elección simbólica que Thoreau no explicó, pero que sus lectores han interpretado como una declaración de independencia personal. El terreno lo había cedido su amigo y mentor Ralph Waldo Emerson.
El experimento duró dos años, dos meses y dos días. Su resultado fue el libro Walden o la vida en los bosques, publicado en 1854, en el que relata con precisión cuánto costó construir la cabaña (28 dólares y doce centavos), qué cultivó, qué leyó y qué pensó durante ese tiempo.
La frase central del libro aparece en el capítulo Dónde vivir y para qué vivir:
«Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentarme solo a los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía que enseñarme, y no descubrir, cuando llegara la hora de morir, que no había vivido».
Podría entenderse entonces que para Thoreau, vivir deliberadamente era lo contrario de vivir de forma distraída, mecánica o sometida a los ritmos del mercado y la opinión ajena.
Uno se podría precipitar a confundir que Thoreau pretendía volverse ermitaño o fundar una secta, pero nada más alejado de la realidad. Sus vecinos podían visitarle. Él mismo volvía a Concord con regularidad. Lo que rechazaba era la acumulación: de bienes, de obligaciones, de ruido.
Thoreau y la desobediencia civil: la otra cara de Walden
Un año antes de mudarse al bosque, Thoreau ya había protagonizado otro acto de rebeldía. Se negó a pagar sus impuestos para protestar contra la guerra con México y contra la esclavitud. Por sus actos, fue encarcelado una noche.
La experiencia le dio material para uno de los ensayos políticos más influyentes de la historia occidental, que lleva el nombre de Desobediencia civil (1849). En ese texto defendía el derecho y la obligación moral de resistir las leyes injustas.
Décadas después, Mahatma Gandhi leyó ese ensayo y reconoció en él la base teórica de la resistencia pacífica que practicó en Sudáfrica y en India. Hasta el propio Martin Luther King Jr. también citó a Thoreau.
Todo ello salió de un hombre al que sus contemporáneos consideraban un asocial: alguien que prefería los estanques a los salones, que defendía activamente a esclavos e indígenas, que admiraba al poeta Walt Whitman y que llenó dieciséis volúmenes de diarios con observaciones sobre pájaros, plantas y estaciones del año.
El legado de Thoreau en el siglo XXI
Thoreau murió de tuberculosis en 1862, a los 44 años, sin haber visto su obra reconocida de forma amplia en vida. Los diarios que escribió durante décadas no se publicaron hasta 1906. Walden vendió apenas 2.000 ejemplares en su primera edición.
Su influencia llegó después. El movimiento ecologista del siglo XX encontró en Thoreau uno de sus textos fundacionales; los movimientos por los derechos civiles, también.
Y no hace falta mirar por encima de las fronteras. En España, la editorial Errata Naturae lleva años publicando sus obras (Walden, Musketaquid, Desobediencia, Un paseo invernal) y su nombre aparece con regularidad cada vez que alguien plantea vivir con menos o resistir con dignidad.
La pregunta que dejó formulada en 1854 sigue sin respuesta fácil: ¿Cuántos de los días que vivimos los hemos vivido de verdad? Y pocas preguntas del siglo XIX han envejecido tan bien.
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