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La gran lección sobre la valentía de Tito Livio, historiador romano, hace más de 20 siglos: «El miedo a los demás hace crecer la audacia»

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Hay quienes aguantan casi a diario a un compañero o a un vecino que les molesta, porque callar les parece más seguro, pero llega un día en el que el miedo ya no los frena y pasa a ser más fuerte que la prudencia.

Tito Livio, historiador de la antigua Roma, ya escribió sobre esa reacción hace más de 20 siglos. Esa cita dice «El miedo a los demás hace crecer la audacia».

Por qué Tito Livio creía que el miedo podía volver audaz a una persona

Tito Livio no defendía nunca la temeridad. Su idea es que el temor a lo que otros pueden hacer, sea un ataque, una humillación o una derrota, puede empujar a actuar con una firmeza que en calma no aparece.

Su propia obra ofrece un buen ejemplo. En el libro II, Livio cuenta que los ejércitos de Veyes y los etruscos insultaban a los soldados romanos frente a su campamento, mientras los cónsules evitaban el combate. La vergüenza y la rabia de la tropa acabaron imponiéndose a sus disputas internas, y los romanos salieron por fin a luchar.

La audacia, en esa lectura, es una respuesta a una presión concreta. Funciona como un muelle, que acumula fuerza mientras lo aprietan y la suelta de golpe.

La frase no convierte el miedo en una virtud. Livio también describió en su obra a soldados paralizados por el temor, incapaces de huir o de pelear. El miedo puede impulsar, pero también puede bloquear, y la diferencia está en si deja algún margen para actuar.

Así influye el miedo en el trabajo, la pareja y la salud

En el trabajo, el ejemplo más claro es el de un empleado que lleva meses aguantando las críticas de su jefe delante del equipo. El temor a perder el puesto lo mantiene callado, hasta que un día ese mismo temor lo lleva a presentar con datos los errores que nadie en la oficina se atrevía a señalar.

En la pareja ocurre algo parecido. Alguien que teme ser engañado puede acabar haciendo la pregunta que lleva semanas evitando, por ejemplo al ver el móvil de su pareja boca abajo cada noche, aunque la respuesta le asuste.

Con la salud, la frase tiene su versión más cotidiana. El fumador que retrasa durante meses la visita al médico suele pedir cita cuando el miedo a una enfermedad supera el miedo al diagnóstico, o cuando un familiar le insiste delante de todos en la comida del domingo.

En los tres casos, la audacia no nace de la seguridad, sino de una presión que deja de compensar y obliga a elegir entre actuar o seguir igual.

Quién fue Tito Livio, el historiador de Roma

Tito Livio nació hacia el año 59 a.C. en Patavium, la actual Padua, y murió en el 17 d.C. Vivió el final de la República romana y el nacimiento del Imperio con Augusto, con quien mantuvo una relación cercana aunque nunca ocupó cargos públicos. Augusto le confió la formación del joven Claudio, que años después sería emperador.

Su gran obra, Ab Urbe Condita, que significa «Desde la fundación de la ciudad», contaba la historia de Roma desde su origen en 142 libros. Hoy sólo quedan 35 libros completos, una cuarta parte del total.

Livio no buscaba sólo fechas y batallas. Quería rescatar los valores que, en su opinión, habían hecho grande a Roma, como la disciplina, la piedad y la valentía, y por eso sus relatos están llenos de discursos y escenas dramáticas.

Su influencia llegó al Renacimiento. Nicolás Maquiavelo, el autor de El príncipe, escribió los Discursos sobre la primera década de Tito Livio, publicados en 1531, un comentario a sus diez primeros libros que sigue reeditándose todavía hoy.