Los expertos en psicología lo avalan: las personas que hablan con sus perros como si fueran humanos no lo hacen por soledad, en realidad reflejan un alto grado de empatía
La conexión con los perros puede ser tan fuerte que les hablamos como si fueran personas
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Todo dueño de mascota y en concreto de un perro, sabe de la ternura y el amor que estos entregan. Es fácil quereres y darles todo, tal y como hacen ellos y en ocasiones, la relación es tan estrecha que se les llega a hablar como si fueran personas, pero ¿es esto normal? Cualquier dueño te dirá que sí, pero ¿qué dice la psicología? Muchos pueden creer que está relacionado con la soledad, pero en realidad lo que parecen demostrar es un alto grado de empatía.
A un perro se le cuida, se le alimenta y se le quiere, pero la mayoría de ellos se han convertido en miembros más de la familia. De hecho no podemos olvidar que en España y dentro de la Ley de Bienestar Animal, se les considera miembros de la familia, de modo que con una consideración tan estrecha, lo último que podemos pensar es que alguien le habla a su perro porque se siente solo. Puede que hayan casos que así sea, pero lo cierto es que la psicología ha analizado este comportamiento y ha llegado a conclusiones como la mencionada empatía, pero no sólo eso. También mayor inteligencia emocional y hasta un pensamiento creativo.
La psicología explica cómo son las personas que hablan a los perros
Hablarle cuando llegamos de trabajar, preguntarle si quiere bajar a la calle, o si quiere comer. Esas son las conversaciones o cosas que se les dice a los perros, pero también podemos preguntarles cómo están o llegar a tumbarnos junto a ellos para explicarle algo aunque en realidad, no nos entiendan y no nos vayan a contestar. Pero sí que se produce una comunicación hasta el punto que incluso llegamos a reconocer e interpretar, determinados gestos, sonidos y comportamientos y sabemos cuándo está tranquilo, nervioso, contento o incómodo.
Es ahí donde entra en juego la empatía. La psicología explica que una relación estrecha como la que se desarolla con nuestros perros hace que prestemos atención a señales que para otra persona podrían pasar completamente desapercibidas. Si el perro se asusta, busca contacto o se muestra inquieto, lo podemos detectar y actuar de acuerdo con lo que está viendo. Hablarle, acariciarlo o permanecer a su lado puede formar parte de esa manera de relacionarse con él. Por tanto, mantener estas pequeñas «conversaciones» no implica necesariamente que una persona se sienta sola, sino que en realidad es porque el perro forma parte de su vida cotidiana y se dirige a él de la misma manera espontánea con la que realiza otros gestos de cuidado y cariño.
Hablar con un perro también se relaciona con la inteligencia emocional
La empatía no es el único rasgo que se ha relacionado con esta costumbre. También aparece la inteligencia emocional, es decir, la capacidad para reconocer emociones y responder ante ellas. Esto no significa que todo aquel que hable con su perro tenga necesariamente una inteligencia emocional superior, pero sí ayuda a entender por qué algunas personas establecen una comunicación tan constante con sus animales.
Hay además un concepto de la psicología que resulta especialmente interesante en este caso: la antropomorfización. Consiste, a grandes rasgos, en atribuir pensamientos, emociones o características humanas a algo que no es humano. El psicólogo Nicholas Epley, de la Universidad de Chicago, ha investigado este fenómeno y sus trabajos lo han relacionado con los mecanismos que utilizamos para comprender otras mentes y nuestro entorno social. De ahí salen escenas que cualquier persona con perro reconocerá enseguida. Preguntarle «¿qué has hecho?» si rompe algo, despedirse antes de salir de casa o explicarle que vamos a volver pronto son formas de hablar en las que tratamos al animal casi como a otro interlocutor. Sabemos que no entiende una conversación del mismo modo que una persona, pero eso no impide que nos comuniquemos con él.
Pensamiento creativo, atención al presente y una forma de expresarse
Hablar en voz alta puede ayudar a ordenar los pensamientos y, en ese sentido, el perro puede convertirse en un acompañante ante el que expresar preocupaciones o ideas sin esperar una respuesta. También favorece la atención al presente. Hablar con el animal, jugar con él o intentar interpretar lo que necesita hace que durante ese momento nos centremos en la interacción, algo relacionado con el mindfulness. Además, con un perro no existe el miedo a sentirse juzgado. Podemos hablarle con total naturalidad y expresar lo que pensamos o sentimos, lo que hace que estas conversaciones sean especialmente espontáneas.
No todo se explica por la soledad
Evidentemente, una persona que vive sola puede hablar con su mascota y encontrar en ella compañía, pero reducir este comportamiento únicamente a la soledad deja fuera buena parte de lo que ocurre en la relación entre humanos y animales. También intervienen el afecto, la costumbre, la capacidad de cuidado y el vínculo que se ha creado con el paso del tiempo.
De hecho, quienes están muy pendientes del bienestar de su perro suelen observar cambios pequeños en su comportamiento y reaccionar ante ellos. Esa predisposición al cuidado puede trasladarse también a las relaciones con otras personas. Al final, hablarle al perro como si entendiera cada palabra no significa olvidar que es un animal. En muchas ocasiones es simplemente otra forma de expresar cariño, empatía y cercanía hacia quien ya ocupa un lugar importante dentro de casa.
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