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Los expertos en psicología coinciden: «Quienes lavan los platos mientras cocinan no sólo están organizándose, están evitando que las pequeñas tareas se acumulen»

Preparar la comida e ir limpiando la cocina al mismo tiempo es algo que muchas personas hacen casi de forma automática. Mientras están cocinando, aprovechan para ir fregando lo que ya han usado o para ir guardando ingredientes. De este modo cuando acaban de preparar la comida, o la cena, el fregadero está prácticamente vacío y apenas queda trabajo pendiente. Pero también está lo contrario. Es decir, personas que dejan los utensilios utilizados por todos lados y no limpian hasta después de comer. Ninguna de las dos formas de organizarse es necesariamente mejor, aunque la primera sí que ha sido analizada por la psicología.

Y por lo visto, algunas personas prefieren quitarse de encima las pequeñas obligaciones cuanto antes, porque saber que todavía tienen cosas por hacer les resulta incómodo. Pequeñas tareas que a ojos de la psicología pueden hacer que las personas sienten que no tienen el control aunque tampoco es algo que podamos aplicar de manera universal, ya que a veces responde a algo tan práctico como disponer de una cocina pequeña o necesitar reutilizar el mismo utensilio varias veces.

Los expertos en psicología coinciden: «Quienes lavan los platos mientras cocinan no sólo están organizándose»

Cuando se ha acabado de cocinar, todavía queda por delante fregar todo lo que se ha manchado o colocar platos, ollas, utensilios y demás dentro del lavavajillas, que aunque facilita ese trabajo, no deja de ser una tarea en ocasiones larga. Por eso algunas personas prefieren aprovechar los ratos de espera para adelantar la limpieza.

La explicación psicológica a porqué se hace esto tiene que ver, en parte, con nuestra relación con las obligaciones pendientes. Una investigación publicada en Journal of Personality and Social Psychology estudió cómo los objetivos que dejamos sin terminar pueden seguir apareciendo en nuestros pensamientos mientras hacemos otras actividades. El trabajo no estaba centrado en la limpieza doméstica, pero sirve para comprender por qué a algunas personas les cuesta desconectar cuando saben que todavía les queda algo por hacer. Lavar los utensilios sobre la marcha puede ser una forma sencilla de evitar esa preocupación.

La acumulación de pequeñas tareas también puede resultar molesta

Un plato sucio no suele representar demasiado trabajo, y puede que incluso no le hagamos demasiado caso, pero todo cambia cuando hay varios objetos amontonados en el fregadero. Lo que habría llevado unos minutos por separado se convierte entonces en una tarea que apetece bastante menos, especialmente después de cocinar y comer. También influye la forma en la que cada persona percibe el desorden, ya que algunas pueden convivir perfectamente con una encimera llena de utensilios hasta que llega el momento de recoger. Otras prefieren tener despejada la zona de trabajo y se sienten más cómodas cuando cada cosa vuelve a su sitio. No tiene por qué existir una preocupación excesiva por la limpieza. En ocasiones, simplemente resulta más práctico trabajar sin tener que apartar platos y recipientes continuamente.

¿Lavar mientras se cocina significa que necesitamos tenerlo todo controlado?

La sensación de haber terminado una tarea, por pequeña que sea, puede resultar agradable. Después de lavar una sartén o guardar los ingredientes, ya no tenemos que pensar en hacerlo más tarde. Esa satisfacción ayuda a entender por qué algunas personas incorporan la limpieza a su manera habitual de cocinar, pero además, puede explicar que prefieran resolver otras obligaciones domésticas conforme van apareciendo, en lugar de reservarlas todas para un momento determinado.

Pero conviene no confundir el gusto por el orden con una necesidad excesiva de control. Una persona puede ser muy organizada y no sentir ninguna molestia si un día deja los platos para después. Otra puede necesitar que todo esté recogido antes de sentarse a comer porque así se encuentra más tranquila. Lo que marca la diferencia es la capacidad de adaptarse. Si mantener la cocina impecable obliga a interrumpir constantemente la preparación o provoca enfados cuando alguien deja un utensilio fuera de lugar, la costumbre puede dejar de resultar práctica.

Cuándo conviene recoger la cocina y cuándo es mejor esperar

Aprovechar los tiempos de cocción para lavar lo que ya no se utiliza suele ahorrar trabajo, pero no todas las recetas permiten hacerlo. Preparar un guiso que necesita varios minutos a fuego lento deja margen para recoger. En cambio, cuando hay que remover continuamente una salsa o vigilar una sartén, la atención debe estar en la comida así que intentar hacerlo todo a la vez puede acabar complicando una tarea que debería resultar sencilla.

También es perfectamente válido dejar la limpieza para después. Quien comparte las tareas domésticas puede acordar que una persona cocine y otra recoja, mientras que alguien que vive solo quizá prefiera terminar una cosa antes de empezar la siguiente. Lo importante es encontrar una organización que funcione sin convertir cada plato sucio en una preocupación. De este modo, lavar los utensilios mientras se cocina puede evitar que las tareas se acumulen y hacer que el final de la comida resulte más cómodo. Sin embargo, no es una prueba de que alguien tenga una personalidad determinada. Para muchas personas es, sencillamente, una costumbre aprendida en casa que les permite disfrutar de la comida sin pensar en todo lo que tendrán que limpiar después.