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Los expertos en psicología coinciden: las personas que posponen las tareas importantes no son perezosas, es un mecanismo del cerebro para regular las emociones

  • Aitana Pascual
  • Aitana Pascual Cuesta (2001) es estudiante de Periodismo en la Universidad Francisco de Vitoria de Madrid desde el 2023. Escogió esta profesión por su gran vocación con la comunicación y la escritura. Hoy en día, tiene mucho interés por la historia, deportes y actualidad. Su principal objetivo es seguir formándose y aprender a contar los sucesos de forma clara y rigurosa.

Dejar para mañana una tarea importante, retrasar una llamada complicada o posponer el inicio de un proyecto suele interpretarse como un signo de pereza. Sin embargo, cada vez más psicólogos coinciden en que la procrastinación tiene un origen mucho más complejo. Las investigaciones en este campo sostienen que, en la mayoría de los casos, no responde a una falta de disciplina, sino a un mecanismo que utiliza el cerebro para evitar emociones desagradables como el estrés, la incertidumbre, el miedo al fracaso o la frustración. Esta perspectiva está cambiando la forma en que los especialistas entienden uno de los comportamientos más comunes de la vida cotidiana.

El cerebro busca aliviar

Lejos de ser un problema exclusivo de organización del tiempo, la procrastinación está considerada por numerosos expertos como una estrategia de regulación emocional. Cuando una tarea genera ansiedad, aburrimiento, inseguridad o sensación de incapacidad, el cerebro prioriza el bienestar inmediato y busca actividades que proporcionen una recompensa rápida, como revisar el teléfono móvil, ordenar la casa o navegar por internet. A corto plazo, esa evitación produce alivio, pero el problema sigue pendiente y suele generar todavía más estrés con el paso del tiempo.

Los psicólogos Fuschia Sirois y Timothy Pychyl, dos de los mayores investigadores sobre procrastinación, llevan años defendiendo que este comportamiento está mucho más relacionado con la gestión de las emociones que con la gestión del tiempo. Según sus estudios, las personas no evitan la tarea en sí, sino las sensaciones negativas que asocian con ella.

Perfeccionismo, miedo y ansiedad

Los especialistas señalan que las tareas más importantes suelen ser precisamente las que más se retrasan. Esto ocurre porque implican una mayor carga emocional, ya que existe un miedo a equivocarse, a no estar a la altura o a recibir críticas. El perfeccionismo también desempeña un papel fundamental, ya que muchas personas prefieren no empezar un trabajo antes que enfrentarse a la posibilidad de no hacerlo perfecto.

Además, investigaciones recientes indican que la procrastinación crónica puede estar relacionada con dificultades para regular las emociones, problemas de atención o trastornos como el TDAH, aunque no todas las personas que procrastinan presentan estas condiciones.