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Reflexión

Averroes, filósofo y teólogo español del siglo XII: “Para cada hombre la ley ha previsto un camino hacia la verdad de acuerdo con su naturaleza»

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Hacia 1178 o 1179, el pensador cordobés Averroes escribió el Tratado decisivo (Faṣl al-maqāl, en el original en árabe). La obra parte de una pregunta legal sobre si la ley religiosa permite, prohíbe u ordena el estudio de la filosofía y la lógica. Según la Enciclopedia de Filosofía de Stanford, el texto es un argumento sobre el valor de la filosofía para el islam.

Así, la respuesta del filósofo andalusí incluye una idea sobre las capacidades de cada persona: «Para cada hombre la ley ha previsto un camino hacia la verdad de acuerdo con su naturaleza». Según su planteamiento, la ley se dirige a todos, pero no todos llegan a la verdad por el mismo método.

¿Por qué Averroes pensaba que cada persona llega a la verdad por un camino distinto?

En el Tratado decisivo, Averroes desarrolla esa idea al afirmar que el asentimiento «está determinado para cada musulmán de acuerdo con el método de asentimiento que requieren su temperamento y su naturaleza». La cita corresponde a la traducción al inglés de Charles E. Butterworth que difunde la Universidad de Yale.

El asentimiento es el acto de aceptar algo como verdadero. Para el filósofo, las naturalezas humanas varían en esa capacidad. Algunas personas aceptan la verdad por medio de la demostración, otras por argumentos dialécticos y otras por argumentos retóricos.

Como la ley llamó a la gente por esos tres métodos, el asentimiento alcanzó a todo ser humano, salvo a quien la niega por obstinación. Averroes apoyó la idea en un versículo del Corán (16:125). «Llama a la senda de tu Señor con sabiduría y buena predicación, y discute con ellos de la mejor manera», dice el pasaje coránico que cita.

Los tres tipos de personas que distinguía Averroes ante la ley

Más adelante, el Tratado decisivo clasifica a las personas en tres grupos. El primero reúne a la gente retórica, «la abrumadora multitud», que no está capacitada para interpretar. Ninguna persona con el intelecto intacto queda fuera de esa forma de asentimiento.

El segundo grupo lo forman quienes son dialécticos «por naturaleza solamente o por naturaleza y por hábito». El tercero corresponde a los demostrativos por naturaleza y por arte, es decir, por el arte de la sabiduría.

Averroes explicó esa diferencia por la dificultad de enseñar argumentos demostrativos y el largo tiempo que exige aprenderlos. Como la ley busca enseñar a todos, el filósofo concluyó que la ley debía reunir todos los métodos para producir el asentimiento.

De ahí sale una regla para leer el texto sagrado. A los pocos capacitados les corresponde interpretar los pasajes que lo requieren. La multitud, en cambio, debe tomarlos en su sentido aparente.

Asimismo, para el pensador cordobés, las interpretaciones demostrativas no debían revelarse a los dialécticos ni a la multitud. Según la Enciclopedia de Filosofía (IEP), enseñar esas lecturas a la mayoría equivalía a dañar la fe de los creyentes.

¿Quién fue Averroes?

Averroes (Ibn Rushd) nació en Córdoba en 1126, en una familia de jueces. Su abuelo fue juez principal de la ciudad bajo los almorávides, y su padre ocupó el mismo cargo hasta 1146. Estudió hadiz, lingüística, jurisprudencia y teología escolástica. Además, se formó en medicina con Abu Jafar ibn Harun de Trujillo.

Más tarde, el califa almohade Abu Yaqub Yusuf le pidió comentar las obras de Aristóteles. El soberano lo nombró juez principal y después médico jefe de la corte. Con el tiempo, Averroes sufrió el destierro en Lucena, a unos 60 kilómetros al sureste de Córdoba, hasta que murió en 1198. Para la década de 1230, la Europa latina ya lo conocía como «el Comentador» de Aristóteles.