Averroes, filósofo y médico cordobés del siglo XII: «La ignorancia conduce al miedo, el miedo conduce al odio y el odio conduce a la violencia; esa es la ecuación»

En la Córdoba del siglo XII, Averroes sostuvo que la ley religiosa ordenaba el estudio de la filosofía. Sin embargo, esa defensa del razonamiento le costó caro.
En 1195, la presión contra las tendencias aperturistas del gobierno almohade terminó con el rechazo formal del pensador y de sus escritos. Según la Enciclopedia de Filosofía (IEP), sus obras quedaron prohibidas y sus libros acabaron en la hoguera.
Así, el filósofo partió al destierro en Lucena, una localidad cercana a Córdoba con una amplia población judía.
¿Por qué Averroes situaba la ignorancia en el origen de la violencia?
«La ignorancia conduce al miedo, el miedo conduce al odio y el odio conduce a la violencia; esa es la ecuación», sostiene la reflexión atribuida a Averroes que describe una cadena que parte de la ignorancia y termina en la violencia.
La frase plantea cuatro eslabones, en los que cada uno provoca el siguiente. La secuencia arranca en el desconocimiento. Quien ignora algo tiende a percibirlo como una amenaza, y ese miedo se convierte con el tiempo en rechazo hacia lo que no comprende. La violencia aparece al final, como el resultado de los pasos anteriores.
La palabra ecuación presenta esa cadena como una relación de causa y efecto. Así, el remedio queda en el primer término, ya que sin ignorancia no hay miedo que alimente el resto de la secuencia.
La frase aparece recogida en El gran libro de las frases célebres, de Arturo Ortega Blake (Grijalbo, 2013), entre las citas del filósofo cordobés.
La defensa del conocimiento en el Tratado decisivo de Averroes
La confianza de Averroes en el saber tiene un desarrollo más profundo en el Tratado decisivo (Faṣl al-maqāl, en el original en árabe). En esa obra, el pensador parte de la idea de que la ley religiosa es la que manda a estudiar filosofía.
El texto distingue tres vías para llegar a la verdad e interpretar las escrituras. La vía demostrativa corresponde a los filósofos, la dialéctica a los teólogos y la retórica al conjunto de la población.
Para Averroes, el razonamiento demostrativo no podía entrar en conflicto con la ley. «La verdad no se opone a la verdad, sino que concuerda con ella y da testimonio de ella», escribió en esa obra, según la Enciclopedia de Filosofía de Stanford.
Por otro lado, el filósofo defendió a la filosofía de los ataques del teólogo Al Ghazali en La incoherencia de la incoherencia (Tahāfut al-tahāfut). En ese libro calificó muchos argumentos de su rival como dialécticos, sofísticos o débiles.
¿Quién fue Averroes?
Averroes (Ibn Rushd) nació en Córdoba en 1126, en una familia influyente de jueces y estudiosos de la religión. Su padre fue un juez destacado y su abuelo, también llamado Ibn Rushd, llegó a juez principal de la ciudad bajo los almorávides.
El filósofo Ibn Tufail lo presentó ante el califa almohade Abu Yaqub Yusuf, que le encargó una serie de comentarios sobre Aristóteles. El califa lo nombró primero juez principal y después médico jefe de la corte, un cargo que ejerció en Marrakech.
Averroes murió en 1198. Pese a que sus escritos sufrieron la condena en buena parte del mundo musulmán, sobrevivieron sobre todo gracias a las traducciones al hebreo de varios estudiosos judíos.
En la Europa cristiana, las traducciones latinas lo convirtieron en «el Comentador» de Aristóteles hacia la década de 1230. Su pensamiento influyó en teólogos como Maimónides y Tomás de Aquino. Incluso, Dante lo situó en el limbo de la Divina comedia, junto a los pensadores paganos de la Antigüedad.