Cultura

Faro Santander ya está listo para recibir las obras de arte que ocuparán sus salas de exposiciones

La apertura al público de Faro Santander, el nuevo proyecto cultural impulsado por Fundación Banco Santander y prevista para el próximo 8 de septiembre, supondrá la culminación de la transformación de uno de los edificios más emblemáticos del frente marítimo de Santander: el histórico Edificio Pereda, antigua sede de Banco Santander.

Su nueva función cultural permitirá albergar la Colección de Banco Santander, así como exposiciones temporales, espacios dedicados a la exploración creativa y la participación, e innovadoras instalaciones en las que la tecnología será protagonista y canal de transmisión de distintos proyectos vinculados a la innovación y la experimentación artística. El edificio contará, además, con una cafetería y un restaurante, con terraza-mirador abierta a la ciudad.

La transformación del Edificio Pereda –considerado Bien de Interés Cultural (BIC)– ha estado liderada por el estudio David Chipperfield Architects y ha sido ejecutada por el equipo de Inmuebles de Banco Santander con IDOM como dirección facultativa y Ferrovial como constructora. La intervención ha dotado a Faro Santander de más de 10.000 m² de superficie útil, distribuidos en diez niveles, de los que unos 3.000 m² se destinarán a espacios expositivos a lo largo de cinco plantas. Los dos niveles superiores estarán dedicados a la cafetería-terraza y al restaurante. Además, el edificio cuenta con tres plantas de sótano, donde se ubican el auditorio y las infraestructuras técnicas.

De antigua sede bancaria a un espacio cívico vivo y abierto a todos los públicos

La sede original del banco es mucho más que un edificio, es un componente esencial del tejido urbano de Santander, que actúa como una puerta entre la ciudad y la bahía. “Arquitectónicamente, presentaba una historia compleja y con múltiples capas”, apunta Chipperfield. Sus partes más antiguas se remontan a 1795 y, a lo largo del tiempo, ha ido creciendo de forma gradual hasta adoptar su configuración actual.

Estas modificaciones dieron lugar a una distribución interna heterogénea, con diversos estilos y usos. A lo largo de décadas, algunas partes del edificio, especialmente en el ala oeste, adoptaron un lenguaje historicista vinculado a la tradición institucional. El resultado fue un edificio que transmitía solemnidad en el exterior, mientras que en su interior conservaba una lógica en gran medida privada y compartimentada.

“Nuestro enfoque ha buscado reinterpretar los espacios y las conexiones necesarias para el uso público, reconociendo al mismo tiempo que el significado último del proyecto reside en el compromiso institucional con la apertura, la cultura y la participación”, señala Chipperfield.

Así, el emblemático arco, un elemento que al mismo tiempo define y articula el conjunto arquitectónico, ha sido reinterpretado como un espacio de conexión, convirtiéndolo en el eje vertebrador del edificio mediante el cerramiento parcial de su parte superior. Desde este gran vacío central será visible la principal circulación interior, haciendo patente la nueva permeabilidad del edificio y simbolizando su transformación de antigua sede bancaria en un gran espacio público para la ciudad. Gracias al cuidado diseño de la intervención acristalada y la ubicación de los accesos principales bajo el arco, se refuerza su carácter urbano como una puerta reconocible entre la ciudad y el mar.

Los materiales de la rehabilitación fueron cuidadosamente seleccionados y puestos a prueba mediante la realización de numerosas muestras a tamaño real de distintos acabados de fachada e interiores del proyecto. Entre los nuevos elementos singulares del edificio, destaca la escalera en espiral de estructura de hormigón vista, que caracteriza el espacio de entrada y da comienzo a la secuencia de escaleras que ascienden por el interior del arco y conectan con las distintas galerías expositivas. Las nuevas ampliaciones, que incluyen el arco y el pabellón de la cubierta, fueron diseñadas como unas estructuras ligeras de acero que, por contraste, refuerzan las características del edificio existente.

Vistas hacia la bahía de Santander desde el arco central (izda.) y la terraza (dcha.). Foto: Juan Baraja

En palabras de David Chipperfield, Premio Pritzker y uno de los principales referentes de la arquitectura contemporánea internacional, “el cambio de uso del edificio constituye un gesto de generosidad y de visión de futuro que reconoce la importancia de las instituciones culturales no solo como depositarias del patrimonio y el arte, sino como agentes activos de la vida cívica”. Faro Santander constituye, además, el primer edificio de uso museístico construido por el estudio de David Chipperfield Architects en España, que ha sido desarrollado en colaboración entre la sede de Londres y la de Santiago de Compostela.

Los materiales de la rehabilitación fueron cuidadosamente seleccionados y puestos a prueba mediante la realización de numerosas muestras a tamaño real de distintos acabados de fachada e interiores del proyecto. Entre los nuevos elementos singulares del edificio, destaca la escalera en espiral de estructura de hormigón vista, que caracteriza el espacio de entrada y da comienzo a la secuencia de escaleras que ascienden por el interior del arco y conectan con las distintas galerías expositivas. Las nuevas ampliaciones, que incluyen el arco y el pabellón de la cubierta, fueron diseñadas como unas estructuras ligeras de acero que, por contraste, refuerzan las características del edificio existente.

Corte seccional de Faro Santander. Cortesía de David Chipperfield Architects

En palabras de David Chipperfield, Premio Pritzker y uno de los principales referentes de la arquitectura contemporánea internacional, “el cambio de uso del edificio constituye un gesto de generosidad y de visión de futuro que reconoce la importancia de las instituciones culturales no solo como depositarias del patrimonio y el arte, sino como agentes activos de la vida cívica”. Faro Santander constituye, además, el primer edificio de uso museístico construido por el estudio de David Chipperfield Architects en España, que ha sido desarrollado en colaboración entre la sede de Londres y la de Santiago de Compostela.

De banco a centro de arte

La mayor parte del edificio de Faro Santander se destinará a galerías y espacios expositivos. El centro dedicará una planta completa a mostrar la Colección Banco Santander, un tesoro por descubrir, que tendrá una presencia permanente y dinámica en la programación.

Otra planta completa estará destinada a la presentación de ambiciosas exposiciones temporales. Entre ambas plantas se situará un novedoso espacio de experimentación y exploración para público familiar, un lugar diferencial donde los visitantes podrán disfrutar del arte y la creatividad en un entorno especialmente diseñado para ese propósito.

Faro Santander contará también con unas innovadoras instalaciones en las que la tecnología será protagonista y canal de transmisión de distintos proyectos vinculados a la innovación y la experimentación artística. Además, en la primera planta, la visita a este nuevo centro cultural comenzará por un espacio expositivo dedicado a los artistas de Cantabria, donde podrán cristalizar los proyectos colaborativos desarrollados con distintos agentes culturales del territorio.

El proyecto arquitectónico de David Chipperfield tuvo en cuenta desde el inicio los usos y objetivos de Faro Santander. “La transformación del edificio ha respondido a nuestra visión de crear un centro cultural abierto a la ciudadanía, un lugar cercano y accesible, con espacios muy diversos y de gran calidad, donde todos los públicos puedan disfrutar de una experiencia diferencial”, señala Daniel Vega Pérez de Arlucea, director de Faro Santander.

En suma, “el proyecto es el resultado de una ambición compartida para reimaginar las históricas oficinas del Banco Santander como un espacio cívico y cultural para la ciudad”, recalca Chipperfield. A dos meses de su apertura, Faro Santander se perfila como un espacio donde arte, cultura y tecnología se encuentran en un entorno abierto y accesible a todos los públicos, con la vocación de liderar el posicionamiento de Santander y Cantabria como territorios culturales clave en el norte de España y formar parte del panorama artístico internacional.

El primer espacio museístico BREEAM Excepcional

Vistas de espacios interiores de Faro Santander. Foto: Juan Baraja

La transformación del Edificio Pereda se inscribe en la trayectoria de David Chipperfield Architects, basada en la capacidad de dar nueva vida a los edificios respetando su esencia y su historia. Así, la intervención se apoya en una estrategia de reutilización y adaptación de una estructura existente que protege el patrimonio y minimiza el impacto ambiental –reducción de residuos y emisiones de carbono– asociado a una nueva construcción. En este sentido, los materiales empleados unifican lo antiguo y lo nuevo, respetando los acabados históricos e introduciendo elementos duraderos y contemporáneos que refuerzan la coherencia del conjunto.

De este modo, Faro Santander se consolida como un espacio cultural de referencia en sostenibilidad, con certificación BREEAM Excepcional y una puntuación, en la fase de diseño, de 92,96, la máxima registrada hasta la fecha para un museo o centro cultural en el mundo. La rehabilitación integra soluciones innovadoras que garantizan una alta eficiencia energética y un confort óptimo para la conservación de obras, mediante un novedoso sistema de climatización que combina la geotermia y la termoactivación de la estructura del edificio (TABS).

El proyecto incorpora cubiertas verdes y la reutilización de aguas pluviales para riego, reforzando así su compromiso ambiental. Asimismo, apuesta por la movilidad sostenible mediante infraestructuras para ciclistas que fomentan un acceso más eficiente y saludable al centro. Faro Santander completa su enfoque de sostenibilidad con el uso responsable de materiales y una valorización superior al 95 % de los residuos, posicionándose como un espacio cultural innovador, eficiente y plenamente alineado con los más altos estándares de sostenibilidad.

La certificación BREEAM es uno de los estándares internacionales más reconocidos para evaluar la sostenibilidad de los edificios. Analiza de forma integral aspectos como la eficiencia energética, el consumo de agua, el confort y la salud de los usuarios, el uso de materiales, la gestión de residuos, la movilidad y el impacto ambiental en el entorno. El proceso comienza en la fase de diseño, donde se obtiene un precertificado BREEAM que valida las estrategias planteadas y orienta el proyecto hacia los objetivos de sostenibilidad. Posteriormente, en las fases de construcción y puesta en marcha, se realiza una evaluación detallada que verifica y cuantifica las soluciones implantadas. En función del nivel de desempeño alcanzado, se obtiene una calificación que puede ir desde “Correcto” hasta “Excepcional”.

Contar con un certificado BREEAM no solo garantiza un edificio más eficiente y respetuoso con el medio ambiente, sino que también asegura mejores condiciones de confort para sus usuarios y una mayor resiliencia frente al cambio climático, aportando además valor reputacional y diferenciación.