‘La más grande’, el documental hecho con el diario inédito de Rocío Jurado que destapa su ‘doble’ personalidad
La serie documental 'La más grande' cuenta el lado desconocido de Rocío Jurado
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Ésta es la historia de La más grande contada por La más grande: Rocío Jurado. Movistar Plus+ ha conseguido lo que nadie había logrado hasta ahora, a pesar de que la fama de Rocío Jurado supera ya los 60 años. La plataforma estrenará el 25 de junio la serie documental que retrata a la artista como nunca antes, a partir de un diario inédito escrito de su puño y letra que nunca se ha publicado. Un íntimo relato que, combinado con la particular mirada del director Alexis Morante, da como resultado una narración épica.
Los bustos parlantes son casi anecdóticos en la serie documental La más grande, donde el protagonismo absoluto es para quien debía tenerlo, Rocío Jurado. La actriz chilena Daniela Vega pone voz a la autobiografía para asumir el papel de narradora y completar el escenario onírico de La más grande, que ofrece una experiencia inmersiva en la vida de la artista.
La serie documental de Movistar Plus+ destapa la doble personalidad de la cantante: por un lado, Rocío Jurado, la osada, la provocadora, la transgresora, la que celebraba reunir en una sola tarde en el Madison Square Garden de Nueva York al mismo número de personas que conformaban «cuatro veces Chipiona»; por otro, la de Chipiona, Rocío Mohedano, la tímida, la que con 13 años se echó a su familia a las espaldas, la religiosa y devota de la Virgen de Regla, la «mujer caracol», decía, con la casa a cuestas para tener a la familia cerca de gira.
La antítesis personificada, pero ambas con un mismo objetivo: «Ser la primera figura de la canción española». Ya se lo decía Rocío, la Mohedano, a su madre leyendo una revista en la que Carmen Sevilla decía que «se puede ser artista y decente»: «¡Ves cómo se puede!». Porque Rocío, la Jurado, sabía que «siendo así de tímida no iba a llegar ni a la puerta y no iba a ganar ni pa’ pipas».
Su rivalidad con Concha Piquer y su huelga de hambre
La más grande nunca contestó a si cantaba «mejor que Concha Piquer», pero sí que dejó claro que era «más larga que Concha Piquer», no sin antes pronunciar la frase «de esa señora prefiero no hablar». La Reina de la Copla era la ídola de una joven Rocío Jurado que aceptó «con toda la ilusión» una invitación a su casa, para cantarle en su salón. Allí, las palabras de Concha Piquer fueron un jarro de agua fría para la chipionera, cuando le echó en cara que tuviera «la osadía» y «la cara» de cantar uno de sus temas frente a ella, y marcó las distancias con un aire de superioridad. Pasó de ser su artista de culto a su rival.
Rocío Mohedano perdió a su padre a los 13 años, cuando él tenía 36. Su madre, sus hermanos y ella se quedaron en la calle, de donde los «recogió» su abuela, la misma que le dio 8.000 pesetas para irse a Madrid a buscar una suerte que no encontró. Pero no le faltó trabajo en los tablaos, donde actuaba sobre los escenarios con 16 años y se escondía bajo ellos cuando llegaba el inspector. Empezó a ingresar 300 pesetas al día, algo más de lo que ganó a los 14 en un concurso de RNE: unas medias, una gaseosa y 200 pesetas de premio.
En su empeño de ser artista, se puso en huelga de hambre en casa. Toda una farsa: se alimentaba bien por la noche. Finalmente, la fama de la que gozaba a mediados de los 60 se disparó en los 70 con su participación en el Operación Triunfo de la época, Pasaporte a Dublín, con 12 semanas en prime time de las que saldría el representante de España en Eurovisión. Concursó con rivales de la talla de Nino Bravo, Encarnita Polo o Karina, la ganadora. No fue al certamen, pero sí ganó en popularidad.
Su falso secuestro, los escándalos y el destape
Rocío Jurado se soltó el pelo y desató «un escándalo» con su melena. Su imagen se transformó. Dio rienda suelta a su personalidad provocativa, en todos los sentidos. De simular su secuestro para gastar una broma en Inocente, Inocente a su íntimo amigo Moncho Borrajo, con el montaje de un falso informativo, a salir vestida de novia ante los medios para forzar una reacción de su novio, Enrique García Vernetta, al que acabó dejando por no querer casarse.
Pero «la filosofía» de Rocío Jurado era «simple»: «Tirar pa’ lante». Con dos censores en TVE, uno pendiente de lo que se decía o se cantaba y otro de lo que se veía, la artista se plantó en la televisión pública con un pronunciado escote que bordeaba la moralidad. Otro escándalo. «¿Han visto ayer la televisión? Salió Rocío, esa que canta. Porque ya sabemos que las extranjeras no tienen vergüenza, pero que lo haga una española…», decía una espectadora preguntada por un reportero a posteriori.
Rocío Jurado ya había roto con la imagen de la folclórica tradicional y comenzó a diseñar sus propios vestidos, con una inversión de dos millones de pesetas de la época en el vestuario de sus espectáculos. Sin embargo, tanto trabajo le costó 8 meses de mutismo tras pasar por el quirófano por unos nódulos y escuchar del médico que no volvería a cantar. Una época de silencio en la que conoció a Pedro Carrasco, con el que llegó al altar después de que su suegro abriera paso a la pareja a bastonazos entre toda la marea de gente que se coló en la iglesia para ver a los novios.
El boxeador dio un paso atrás para quedarse con su hija, Rocío Carrasco, mientras Rocío Jurado continuaba trabajando y cosechando éxitos. Muchos éxitos: una invitación de Ronald Reagan a la Casa Blanca, ovaciones antes incluso de abrir la boca en Nueva York, 30 discos de oro… Allí, en América, fue donde nació la conocida como La más grande.
Grande y adelantada a su época, aun siendo Rocío Mohedano, la tradicional. Rocío Jurado se declaraba partidaria del divorcio y feminista: era «defensora de los derechos de la mujer, pero no detractora del hombre» o cortante en sus respuestas si las preguntas le parecían machistas -«el único sujetador que me importa es el mental, que es el que tú te tenías que poner para no hacerme esa pregunta [su talla de sujetador]»-. Fue también un icono del destape, con su famosa actuación en TVE o su pecho al descubierto en la película La querida.
Y, aun con el estrés llevándole al hospital en varias ocasiones, rompió moldes como la primera artista que interpretó temas que nunca habrían cantado una mujer, sobre todo si eran autoría de Manuel Alejandro. O entonaba «hace tiempo que no siento nada al hacerlo contigo» (Lo siento mi amor) o la historia de una masturbación en la playa (Amores a solas). Pero siempre las llevaba al escenario como una de esas artistas que no sólo cantaba, sino que además interpretaba cada palabra y daba sentido y emoción a cada letra. Emoción que recoge, traslada y, sobre todo, provoca la serie documental de 4 episodios La Más Grande.
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