¿Qué es la trocanteritis? Te damos sus principales claves
Hay muchas mujeres que empiezan a sentir dolor en la cadera pero no lo asocian a una dolencia más grave hasta que, un día, el dolor se hace constante y/o permanente y deciden acudir al médico para descubrir que se trata de trocanteritis. Este diagnóstico suele producirse tras una entrevista y posterior exploración física que se da en la consulta de traumatología.
Las pruebas tienen como objetivo encontrar el punto más doloroso sobre el trocánter mayor y la causa del dolor, que puede ser consecuencia de un sobreesfuerzo.
Aunque normalmente aparece en mujeres mayores, hay pacientes jóvenes que también la experimentan, y es que la trocanteritis es una lesión habitual que se produce cuando se debilitan los tendones de alrededor del trocánter mayor y afectan a la parte superior del fémur que conecta con la cadera.
Eso ocurre porque las bolsas rellenas de líquido sinovial que protegen el fémur se inflaman y producen ese dolor que puede padecerse solo una o dos veces en la vida o que, en casos más graves puede intensificarse y cronificarse.
Los síntomas de esta dolencia, también conocida por el nombre de tendinosis glútea, suelen ser molestia en la cadera y parte externa del muslo superior y, en casos más graves, también puede traducirse en hormigueos y dolores incluso en la rodilla.
El malestar de quiénes la sufren puede intensificarse al realizar cambios posturales como el que se produce al estar de pie y cambiar la pierna en la que recae nuestro peso, al levantarse de una silla o incluso al girar de un lado al otro de la cama por la noche.
El tratamiento es similar a la rehabilitación que se requiere tras un traumatismo o rotura en la pierna, pues las rutinas de ejercicio físico que funcionan suelen ser en las que el paciente realiza cambios alternos sobre el punto de apoyo o las terapias de frío localizado para reducir el dolor y la inflamación, aunque aplicada a la trocanteritis, esta última solución da alivio, pero no ayuda a mejorar el pronóstico.
En el caso de las rutinas de ejercicio, la clave es seguir de forma constante ese buen hábito en casa.
Solo en los casos más graves se necesita un tratamiento quirúrgico (mediante cirugía abierta o endoscópica) en el que se quita la bursa inflamada y, si es necesario, se corrigen defectos del hueso.
Lo importante, como en la mayoría de tratamientos, es ser constante y meticuloso en la rehabilitación para que un dolor puntual no se convierta en un problema crónico.
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