Lara Ferreiro sobre cómo vestir cuando te sientes mal: «La psicología dice que la moda puede ayudar a sentirte mejor»
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Si en momentos difíciles notas que tu vestimenta pasa a un segundo plano, no eres la única persona que lo experimenta. Existe una relación directa entre el estado de ánimo en el que estamos y la forma en que nos vestimos. Lara Ferreiro, psicóloga que ha participado recientemente en un estudio sobre esta relación de la mano de Esmara, la marca de moda de Lidl, explica que «la ropa no sólo comunica algo hacia el exterior, sino que también influye en la forma en la que pensamos, nos comportamos y nos percibimos a nosotros mismos». Con ella hemos profundizado en la relación entre cómo nos vestimos y cómo nos hace sentir.
La cognición vestida
La lógica del porqué ocurre esto es sencilla y la vemos en el día a día, y hablamos entonces de la cognición vestida. Simplemente, al observar a la gente de tu alrededor, el cerebro ya se construye una primera impresión sobre los demás en apenas unos segundos. La ropa, según Ferreiro, «no sólo cumple una función estética, sino también emocional y social: comunica cómo nos sentimos, cómo queremos ser percibidos y puede representar hasta el 93% del impacto que generamos en nuestras interacciones».
Nuestra mente trabaja constantemente mediante asociaciones y, por eso, incluso «investigaciones en psicología social han demostrado que determinadas prendas pueden modificar la atención, la autoconfianza e incluso el rendimiento cognitivo». No es casualidad que muchas personas afirmen sentirse más productivas cuando se arreglan, aunque trabajen desde casa, ya que el cerebro interpreta la vestimenta como una señal contextual que prepara la conducta y el estado mental.
Vestimos como nos sentimos
La ropa también influye directamente en la autoimagen y en la autoestima, hasta el punto de que «cuando una persona siente coherencia entre su identidad y su apariencia externa, aumenta la sensación de autenticidad y confianza». Esto repercute en la manera de relacionarse con los demás, en la postura corporal e incluso en la capacidad para tomar decisiones. Otro punto respecto a la relación en sociedad es que «la ropa condiciona cómo creemos que los demás nos perciben y eso altera nuestro comportamiento». En esta línea, Ferreiro defiende que cuando una persona siente que está adecuadamente vestida para una situación concreta, suele experimentar menos ansiedad social y actuar con mayor confianza.
Lo que ocurre cuando estamos con el ánimo más decaído es que no sentimos ganas de arreglarnos. Desde el punto de vista de la psicología, Lara Ferreiro explica que «cuando una persona atraviesa una etapa de estrés, tristeza, ansiedad o agotamiento emocional, el cerebro entra en un modo de ahorro de recursos, priorizando únicamente lo esencial. «Actividades relacionadas con la imagen personal, como arreglarse, maquillarse o elegir ropa, dejan de percibirse como importantes y pasan a un segundo plano». Incluso más del 60% de las personas con síntomas de ansiedad o depresión reconoce descuidar hábitos de autocuidado y apariencia durante períodos de malestar emocional.
La congruencia emocional
También influye la llamada congruencia emocional, que según Ferreiro se define en que nuestro cerebro busca coherencia entre cómo nos sentimos por dentro y lo que mostramos por fuera. Además, cuando alguien se siente emocionalmente mal, suele experimentar menor autoestima, menos interés por mostrarse hacia el exterior y una necesidad inconsciente de pasar desapercibido.
Por eso es frecuente recurrir a ropa más neutra y cómoda, ya que psicológicamente transmite protección, refugio y baja exposición social, tendiendo al color negro de ropa. «Se ha estudiado que más del 70% de las personas afirma elegir ropa diferente dependiendo de su estado de ánimo. Aproximadamente un 50% cambia radicalmente de estilo tras una ruptura sentimental importante. Además, más del 60% de los jóvenes afirma sentir presión estética a través de redes sociales, y cerca del 75% de la generación Z utiliza la ropa como forma de expresar identidad y estado emocional».
Si te ves bien, es más fácil que te sientas bien
«Se llama el famoso efecto halo», define Ferreiro, y ocurre cuando una persona siente que su imagen encaja con cómo quiere verse o ser percibida; aumenta la sensación de coherencia interna, seguridad y control. «La ropa influye en la autoestima porque actúa como una extensión de la identidad. Sentirse cómodo con la propia imagen reduce la autocrítica y disminuye la ansiedad social, lo que genera una sensación de mayor libertad psicológica y espontaneidad».
Cuando una persona dedica tiempo a arreglarse o cuidarse, no solo está realizando una acción estética, «sino también un gesto psicológico de atención hacia sí misma». A nivel emocional, Ferreiro subraya que estas conductas activan sensaciones de control, autoestima y autocuidado, algo especialmente importante en momentos de estrés, cansancio o desánimo. «El cerebro interpreta esos pequeños rituales como señales de bienestar y valoración personal. Más del 65% de las personas afirma experimentar una mejora inmediata del estado de ánimo después de realizar rutinas relacionadas con la imagen personal o el cuidado corporal».
La moda como una herramienta de autoestima
La ropa es una extensión de la identidad y una manera de relacionarnos con nosotros mismos y con el entorno. Por eso, «la moda puede funcionar como una forma de autocuidado porque implica dedicar tiempo y atención a uno mismo. Elegir un look, arreglarse o utilizar prendas que generan bienestar activa pequeñas sensaciones de control y autoestima, especialmente en momentos de estrés o vulnerabilidad emocional».
Incluso en psicología esto se relaciona con la construcción de identidad: «Vestir de una determinada manera puede ayudar a conectar con la versión de uno mismo que queremos potenciar, ya sea más segura, más creativa o más fuerte emocionalmente», apunta.
Dentro de la moda hay elementos como los colores que pueden ayudar a generar asociaciones emocionales extremadamente rápidas en el cerebro humano. «Distintos estudios en psicología del color sostienen que entre el 60% y el 90% de la valoración inicial que hacemos de un objeto, espacio o persona puede estar influida únicamente por el color en los primeros segundos de percepción».
- Azul: suele relacionarse con calma, estabilidad, confianza y seguridad emocional.
- Negro: transmite elegancia, sofisticación, poder y sensación de control. Psicológicamente suele asociarse con personas que desean proyectar fortaleza, independencia y autocontrol emocional.
- Rojo: el color más intenso a nivel emocional y se vincula con energía, pasión, deseo, fuerza y seguridad. Además, el rojo activa fisiológicamente al cerebro, aumentando atención y excitación emocional porque se asocia inconscientemente a intensidad, alerta y deseo.
- Blanco: sensación de limpieza, orden, tranquilidad y perfección. Psicológicamente transmite claridad mental y necesidad de equilibrio.
- Verde: se relaciona con equilibrio, bienestar, salud y conexión con la calma. Es uno de los colores que más relajación genera a nivel cerebral porque el cerebro lo asocia automáticamente con naturaleza y seguridad ambiental.
- Amarillo: se asocia con optimismo, creatividad, energía mental y espontaneidad. Es uno de los colores que más rápidamente capta la atención del cerebro humano, motivo por el que se utiliza muchísimo en publicidad y señales visuales.
- Naranja: combina características emocionales del rojo y del amarillo, por lo que suele relacionarse con sociabilidad, entusiasmo, cercanía y dinamismo. Es un color asociado a personas expresivas, abiertas y emocionalmente comunicativas.
- Rosa: se vincula con sensibilidad, afecto, dulzura y necesidad de conexión emocional. Los tonos suaves generan sensación de calma y protección psicológica, mientras que los rosas más intensos transmiten seguridad, expresividad y empoderamiento.
- Morado o voleta: suele relacionarse con creatividad, introspección, sensibilidad emocional y sofisticación psicológica.
- Marrón: transmite estabilidad, protección, sencillez y necesidad de seguridad. Está muy relacionado con lo familiar, lo tradicional y lo terrenal.
- Tonos grises, beige o apagados: suelen transmitir neutralidad, discreción y menor necesidad de llamar la atención. Son colores vinculados al autocontrol y a una emocionalidad más contenida.
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