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El veterinario Tomás Palomares alerta del error que cometemos al viajar con mascotas: «Los humanizamos”

  • Rocío Álvarez
  • Periodista multimedia especializada en belleza, viajes y estilo de vida. Durante mis años de vida, la lectura se ha convertido en una compañera fiel y gracias a ella descubrí mi vocación: crear y transmitir a través de las palabras. Con esta convicción me matriculé para cursar Periodismo en la Carlos III y, después de años formándome, encuentro mi sitio en el mundo: COOL. ¿Mi ley de vida? Nunca desistas, porque el día que lo hagas siempre pensarás en lo que podría haber sido.

Hay quien no concibe unas vacaciones sin su perro o su gato. Cada vez son más las familias que buscan alojamientos adaptados, playas donde se admiten animales o destinos en los que puedan compartir experiencias con ellos. Sin embargo, que un lugar sea pet friendly no significa necesariamente que sea el mejor para nuestro compañero de cuatro patas. El calor, los desplazamientos largos, el estrés, la falta de planificación o un simple paseo sobre el asfalto en las horas centrales del día pueden convertir un viaje soñado en un serio problema para su salud. Tomás Palomares, veterinario, insiste en que viajar con una mascota exige mirar las vacaciones desde su perspectiva. «No basta con que venga con nosotros; tenemos que preguntarnos si realmente va a disfrutar del viaje». Con esa premisa, comparte las claves para recorrer kilómetros con seguridad, evitar los errores más frecuentes y garantizar que el bienestar del animal forme parte de la planificación desde el primer momento.

Vacaciones pensadas también para ellos

«¿Va a disfrutar realmente de este viaje o simplemente viene porque nosotros queremos que venga?».

Viajar con animales es una práctica cada vez más habitual. Los perros y los gatos ocupan un lugar privilegiado dentro de muchas familias y, por eso, también forman parte de los planes de verano. Sin embargo, para Tomás Palomares hay una idea que debería guiar cualquier escapada: el bienestar del animal debe pesar tanto como el del resto de viajeros.

«Cada vez más personas consideran a su perro o a su gato un miembro más de la familia y quieren compartir también las vacaciones con ellos. Es una tendencia muy positiva, pero creo que debemos dar un paso más», explica.

Ese paso consiste en dejar de pensar únicamente en nosotros. El veterinario invita a hacerse una pregunta antes incluso de reservar un alojamiento: «¿Va a disfrutar realmente de este viaje o simplemente viene porque nosotros queremos que venga?».

Para él, viajar con una mascota no consiste únicamente en permitirle acompañarnos, sino en adaptar el viaje a sus necesidades. «Si para que todos disfrutemos hay que cambiar un horario, elegir un alojamiento más adecuado o adaptar alguna actividad, merece la pena hacerlo», asegura. Incluso recuerda que, en algunos casos, la decisión más responsable puede ser dejar al animal al cuidado de un familiar, un cuidador o una residencia de confianza si el viaje compromete su bienestar.

(Foto: Canva)

Humanizarlos, el error más frecuente

«Los perros y los gatos regulan mucho peor su temperatura corporal y un golpe de calor puede aparecer en cuestión de minutos, especialmente durante un viaje».

Uno de los grandes problemas que observa cada verano nace de una falsa sensación de normalidad. Muchas personas creen que sus mascotas soportan las altas temperaturas igual que ellas.

«El error más frecuente es humanizar a nuestros animales y pensar que toleran el calor igual que nosotros», afirma. La realidad es muy distinta: «Los perros y los gatos regulan mucho peor su temperatura corporal y un golpe de calor puede aparecer en cuestión de minutos, especialmente durante un viaje».

A esto se suman otros fallos muy habituales. Viajar durante las horas de más calor, dejar al animal dentro del coche sólo un momento, no hacer suficientes paradas para hidratarlo o escoger destinos donde pasará la mayor parte del tiempo encerrado en el alojamiento son situaciones que, según Tomás, se repiten verano tras verano.

También insiste en la importancia de preparar el viaje con tiempo. Revisar el estado de salud del animal, llevar la documentación al día, comprobar la normativa del destino y acostumbrarlo poco a poco al medio de transporte puede marcar la diferencia. «Un viaje bien planificado reduce mucho el estrés y los riesgos para toda la familia».

(Foto: Canva)

El calor, un enemigo silencioso

«Muchas veces pensamos que si un perro o un gato no se quejan, significa que están bien, pero no siempre es así».

Aunque no existe una temperatura universalmente peligrosa para todos los animales, el veterinario reconoce que a partir de los 25 grados conviene extremar las precauciones y que, cuando el termómetro supera los 30 grados, el riesgo aumenta de forma considerable.

Lo más complicado es que los animales no siempre muestran el malestar de una forma evidente. «Muchas veces pensamos que si un perro o un gato no se quejan, significa que están bien, pero no siempre es así», advierte.

Por eso recomienda prestar atención a señales aparentemente pequeñas: un jadeo excesivo sin haber realizado ejercicio, salivación abundante, temblores, inquietud constante, vocalizaciones o intentos de escapar del transportín. En los gatos, además, el estrés suele expresarse justo al contrario: «Es muy frecuente que se manifieste con un silencio absoluto o una postura muy rígida».

Si aparecen vómitos, diarrea, dificultad para respirar o desorientación, el mensaje es claro: hay que detener el viaje y acudir cuanto antes a un centro veterinario. «Nuestro objetivo no es simplemente llegar al destino, sino que el animal llegue en buenas condiciones».

Los animales más vulnerables son los braquicéfalos, como el Bulldog Francés, el Bulldog Inglés, el Carlino o, en el caso de los gatos, el Persa. Debido a la anatomía de sus vías respiratorias, eliminan peor el calor y tienen un mayor riesgo de sufrir un golpe de calor durante los desplazamientos estivales. También requieren una valoración especial los animales muy mayores, los cachorros, aquellos con enfermedades cardíacas o respiratorias y los que experimentan un elevado nivel de estrés cuando viajan.

(Foto: Canva)

Cómo actuar ante un golpe de calor

«Los primeros síntomas suelen ser un jadeo muy intenso y continuo, dificultad para respirar, salivación excesiva, inquietud o, por el contrario, un decaimiento marcado».

El golpe de calor es una de las urgencias veterinarias más graves del verano y puede evolucionar muy rápido. Detectarlo a tiempo resulta fundamental para evitar consecuencias irreversibles. Según explica Tomás Palomares, los primeros síntomas suelen ser «un jadeo muy intenso y continuo, dificultad para respirar, salivación excesiva, inquietud o, por el contrario, un decaimiento marcado».

Si el cuadro avanza, aparecen señales mucho más preocupantes: encías muy rojas o violáceas, vómitos, diarrea, debilidad, desorientación, tambaleos e incluso pérdida de consciencia o convulsiones. «En ese momento existe un riesgo real de fallo multiorgánico y la situación puede ser mortal si no se actúa con rapidez», alerta.

Ante esta situación, los primeros minutos son decisivos. El veterinario recomienda trasladar inmediatamente al animal a un lugar fresco, a la sombra o con aire acondicionado, ofrecerle agua fresca si puede beber por sí mismo y comenzar a enfriarlo de forma progresiva. «Podemos mojar su cuerpo con agua fresca, no helada, prestando especial atención al abdomen, las axilas, las ingles y las almohadillas», explica.

Al mismo tiempo, insiste en que es imprescindible contactar con un centro veterinario y dirigirse allí cuanto antes, incluso aunque el animal parezca recuperarse. «Un golpe de calor puede provocar lesiones internas que no siempre son evidentes y requieren atención veterinaria».

Del mismo modo, advierte de algunos errores que pueden empeorar la situación. «Lo que nunca debemos hacer es utilizar agua con hielo o sumergir al animal en agua excesivamente fría. Ese cambio brusco de temperatura puede dificultar la pérdida de calor». Tampoco recomienda obligarlo a beber si no puede hacerlo por sí solo ni esperar para comprobar si mejora.

(Foto: Canva)

El coche: un lugar donde no caben las improvisaciones

«Como norma general, recomiendo realizar una parada cada dos horas aproximadamente».

Gran parte de los desplazamientos estivales se realizan en coche, un entorno que exige adoptar medidas específicas para garantizar la seguridad del animal y del resto de ocupantes.

«La normativa de seguridad vial obliga a que los animales no vayan sueltos dentro del coche, porque en una frenada o un accidente pueden sufrir lesiones muy graves e incluso convertirse en un proyectil para el resto de ocupantes», recuerda.

El sistema de transporte dependerá del tamaño de la mascota. En perros pequeños, Palomares apuesta por un transportín correctamente sujeto. En los de mayor tamaño, considera que un arnés homologado o un transportín bien colocado ofrecen la mejor protección. Lo verdaderamente importante es impedir que el animal pueda desplazarse libremente por el habitáculo.

Además, las pausas forman parte del viaje. «Como norma general, recomiendo realizar una parada cada dos horas aproximadamente», señala. Estos descansos permiten ofrecer agua, que el perro pueda caminar unos minutos, hacer sus necesidades y disminuir el estrés acumulado durante el trayecto.

En el caso de los gatos, la recomendación cambia. Lo más aconsejable es que permanezcan dentro del transportín durante todo el viaje, ya que sacarlos en un área de servicio puede generarles mucho estrés e incluso favorecer que escapen.

También conviene prestar atención a la alimentación. «En general, es preferible evitar una comida abundante justo antes de iniciar un viaje largo», explica. Lo ideal es que hayan comido unas horas antes de salir o esperar a llegar al destino si el trayecto no es demasiado largo. Lo que nunca debe faltar, insiste, es el agua.

(Foto: Canva)

El kit imprescindible para salir de viaje

Más allá de las maletas, hay un equipaje que tampoco debería quedarse en casa. El veterinario recomienda preparar un pequeño kit pensado exclusivamente para la mascota.

«No debería faltar agua fresca y un bebedero portátil, el sistema de retención o transportín adecuado, la documentación del animal, bolsas para recoger los excrementos, una correa de repuesto y una toalla», enumera.

Si el animal sigue algún tratamiento médico, también será imprescindible llevar toda la medicación necesaria para el viaje. Además, aconseja incluir algún objeto familiar, como una manta, un peluche o su juguete favorito. «Estos objetos forman parte de su entorno habitual, les aportan seguridad y pueden ayudar a reducir el estrés durante el viaje».

Tomás también recomienda tener localizado antes de salir el centro veterinario de urgencias más cercano al lugar de destino. «Este pequeño detalle puede salvar la vida de los animales».

(Foto: Tomás Palomares)

Viajar en tren también requiere preparación

«Hay una pregunta que siempre animo a hacerse: ‘¿Mi animal está preparado para este viaje?’».

El tren se ha convertido en una alternativa cada vez más utilizada para viajar con mascotas, aunque cada compañía establece sus propias condiciones.

«Lo primero es comprobar las normas de la compañía ferroviaria, porque no todas tienen las mismas reglas», explica el veterinario. Aspectos como el tamaño permitido, el tipo de transportín, la necesidad de adquirir un billete o la documentación exigida pueden variar considerablemente.

Sin embargo, insiste en que la normativa no es lo único importante. «Hay una pregunta que siempre animo a hacerse: ‘¿Mi animal está preparado para este viaje?’». Los ruidos, las aglomeraciones o los espacios reducidos pueden generar un elevado nivel de estrés en algunos animales.

Para minimizarlo, recomienda comenzar el entrenamiento semanas antes del viaje. «Los animales no entienden de vacaciones, pero sí de rutinas. Cuanto más familiar les resulte la experiencia, mejor la afrontarán».

En perros y gatos que viajan en transportín, aconseja dejarlo abierto en casa para que puedan explorarlo y asociarlo a experiencias positivas. Durante el trayecto, también recomienda mantener un ambiente tranquilo y evitar transmitir nerviosismo, ya que «ellos perciben perfectamente nuestro estado emocional».

Otro mensaje importante tiene que ver con la medicación. «Los tranquilizantes nunca deben administrarse por iniciativa propia. Si un animal presenta un miedo intenso a viajar, debe ser el veterinario quien valore cada caso y proponga la mejor estrategia».

(Foto: Tomás Palomares)