Palacio Solecio y Balausta: el latir de la alta cocina andaluza en el corazón de Málaga
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Quien visita la capital de la Costa del Sol siempre encuentra un motivo para quedarse. Málaga destaca por su legado histórico con numerosas influencias que reflejan la diversidad de su pasado. Esta filosofía, que impregna cada rincón de la ciudad, marca el carácter inconfundible de Palacio Solecio, el hotel boutique de referencia ubicado en pleno barrio de La Judería, frente a la famosa iglesia de Santiago, en la emblemática calle Granada. Su ubicación estratégica, a escasos pasos del Museo Picasso, la Alcazaba, el Teatro Romano y la Catedral, lo convierte en el punto de partida perfecto para cualquier itinerario cultural y gastronómico.
El edificio que visitamos es, en sí mismo, un monumento vivo. Construido en 1789, este palacio señorial sirvió originalmente como residencia al empresario genovés Félix Solescio, nombrado director de la Real Fábrica de Naipes de Macharaviaya por expreso deseo de José de Gálvez, ministro general de Indias de la corte de Carlos III y marqués de la Sonora. Conocido históricamente como el Palacio del Marqués de la Sonora, este alojamiento irradia una
esencia andaluza que trasciende el tiempo, invitando al huésped a una inmersión total en la sofisticación del siglo XVIII.

Al cruzar su umbral, es imposible no detenerse ante la monumental escalera principal, una joya arquitectónica de la época que actúa como el corazón del hotel. Esta pieza, que sobrevivió milagrosamente a la ruina que amenazó al antiguo palacio durante años, sobresale por su soberbia portada de mármol con columnas toscanas y elementos clásicos. Es, sin duda, la tarjeta de presentación más impactante del hotel: un recordatorio de que aquí, la historia no se cuenta, sino que se vive. Hoy, esta escalera da la bienvenida al visitante, guiándolo hacia un interiorismo donde el lujo y la tradición conviven en perfecta armonía.
Balausta: el nuevo horizonte culinario
En este enclave singular se encuentra Balausta, un restaurante que ha logrado capturar la esencia del Palacio Solecio para transformarla en experiencia sensorial. Bajo la reciente incorporación del chef asesor Dani Carnero (Kaleja, La Cosmo), que suma su genialidad al hacer del chef ejecutivo Sergio Solano, Balausta defiende con orgullo una cocina con identidad, arraigo y profundo respeto por el recetario tradicional sin perder su alma desenfadada. Con la impecable dirección de sala de Simón Assorin, el servicio se siente como una atención medida y elegante que es, en sí misma, parte del menú.
Una propuesta gastronómica que emociona y evoca el sabor del sur
Sentarse a la mesa en Balausta es entender la gastronomía como un lugar de encuentro, emoción y verdad. La carta, diseñada con una vocación desenfadada y pensada para compartir, es un homenaje constante al producto local y a la temporalidad. Durante mi visita, pude comprobar de primera mano ese nivel superlativo de creatividad y técnica depurada donde cada bocado cuenta una historia.

La experiencia comenzó con una sorprendente ostra en tempura y espuma de bearnesa, un juego de texturas donde la delicadeza marina del bivalvo contrasta a la perfección con la ligereza crujiente del rebozado y la sutileza untuosa de la bearnesa, elevando el producto desde el primer segundo. Le siguieron unas magníficas croquetas de gambas al ajillo, coronadas por una
de ellas, de esas que obligan a cerrar los ojos: una bechamel cremosa, casi imperceptible al paladar, envuelta en un frito perfecto que destila todo el sabor tradicional del marisco malagueño con un toque castizo inconfundible.
Uno de los grandes momentos de la comida llegó con el steak tartar de ternera sobre brioche hojaldrado y patata soufflé. ¡Cuánto tiempo hacía que no disfrutaba de unas auténticas patatas soufflé bien hechas! El contraste del pan brioche crujiente y aireado con la finura de la carne aliñada con maestría constituyó un verdadero ejercicio de alta cocina clásica ejecutada con absoluta precisión contemporánea.
Delicatessen marinas y maestría en las brasas
La ruta de sabores continuó con el mar en su máxima expresión: un Tartar de atún rojo con aliño picante al gusto y huevo frito. Una combinación audaz y atrevida donde la grasa noble del atún se funde con la calidez y melosidad del huevo, aportando una dimensión untuosa verdaderamente adictiva..
En los principales, el producto de la lonja local brilló con luz propia a través de la espectacular presentación de la dorada en dos cocciones (primero a la plancha y después terminada en el horno Josper), servida sobre sus espinas fritas, con pipirrana y salsa thai. Un alarde técnico que demuestra cómo la tradición andaluza, representada por la frescura de la pipirrana y la textura crujiente de las espinas, puede dialogar de tú a tú con matices exóticos perfectamente calibrados que no enmascaran, sino que potencian, la excelencia del pescado.

Para cerrar el apartado salado, la paletilla de chivo lechal malagueño asada al carbón, acompañada de un bol de lechuga con cebolleta, supuso la apoteosis del sabor rural y tradicional. Un asado meloso, con el punto exacto de humo que aportan las brasas, donde la carne se deshacía con absoluta delicadeza, equilibrada magistralmente por la sencillez crujiente y fresca de la ensalada.
Para culminar esta sinfonía gastronómica, el apartado dulce no pudo ser más acertado: una panacota con toques de aceite de oliva y sal, magistralmente acompañada por una crujiente teja de caramelo y un delicado helado de miel de caña. Un final que equilibra el dulzor con matices terrosos y salinos, redondeando una experiencia que honra el producto andaluz hasta en su último suspiro.

Tras la experiencia, el Palacio Solecio ofrece un colofón de lujo. En la azotea, La Terraza de Solecio invita a rozar el cielo de Málaga. Con vistas directas a la torre mudéjar de la Iglesia de Santiago, es el lugar idóneo para culminar la jornada con un cóctel o un tradicional campero, mientras se respira el eterno verano malagueño. Además de su piscina exclusiva para huéspedes, el hotel completa su oferta con un gimnasio de última generación y salones para eventos que son el escenario perfecto para cualquier ocasión especial.
Hospitalidad andaluza en estado puro
Más allá de la excelencia en los platos, lo que verdaderamente consolida a Balausta y Palacio Solecio como un referente indiscutible es su atmósfera. El servicio de sala, dirigido por Simón Assorin, cuida cada detalle con una elegancia cercana y sin artificios, haciendo que el comensal se sienta como en su propia casa señorial. Cada rincón del patio abovedado respira historia,
invitando a prolongar la sobremesa y a disfrutar del ritmo pausado del buen vivir.
Balausta se ha afianzado con solvencia en el panorama gastronómico nacional. Una parada obligatoria para quienes visiten Málaga y busquen la autenticidad de una cocina honesta, creativa y profundamente unida a sus raíces. Un templo del buen comer donde el pasado y el futuro caminan de la mano.
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