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La reflexión vital de Fernando Fernán Gómez que dejó boquiabierta a Mercedes Milá: «Cuando empecé se vivía en un régimen de amor libre y de moral auténtica»

Fernando Fernán Gómez falleció en 2007, a los 86 años

El escritor y Mercedes Milá mantuvieron una conversación muy interesante

Fernando Fernán Gómez ha sido uno de los autores más famosos de su generación

Fernando Fernán Gómez fue mucho más que uno de los grandes actores españoles del siglo XX. Intérprete, escritor, director, dramaturgo y académico, construyó una trayectoria marcada por una curiosidad intelectual que le llevó a explorar prácticamente todos los ámbitos de la creación. Nunca quiso limitarse a ponerse delante de una cámara o sobre un escenario. También escribió, dirigió y convirtió buena parte de sus experiencias en materia literaria.

En 1986, cuando tenía 65 años, el artista acudió al programa Jueves a jueves, de TVE, donde mantuvo una extensa conversación con Mercedes Milá. La entrevista permitió conocer algunas de las claves de su trayectoria, desde sus comienzos en la interpretación hasta su manera de entender el cine, el teatro y la literatura.

Sus palabras sobre el amor, la libertad y las costumbres de los artistas llamaron especialmente la atención de la periodista. Casi cuatro décadas después, aquella conversación conserva interés no sólo por lo que cuenta sobre una época, sino también porque refleja perfectamente una de las características más reconocibles del pensamiento de Fernán Gómez: su voluntad de cuestionar las convenciones.

Una infancia vinculada al teatro

Fernán Gómez nació en 1921 en Lima, Perú, y creció en un entorno estrechamente relacionado con el mundo de la interpretación. Su madre, Carola Fernán Gómez, era actriz de teatro, y fue precisamente ella quien tuvo una influencia decisiva en sus primeros pasos profesionales.

Durante la Guerra Civil, cuando el futuro actor tenía apenas 16 años, su madre le recomendó que aprendiera el oficio si quería dedicarse al teatro. Así llegó a una escuela de actores de Madrid, donde tuvo como profesora a Carmen Seco. Después de la contienda continuó su formación junto al actor Manuel González, a quien recordaría como uno de sus grandes maestros.

Aquellos primeros años estuvieron condicionados por la dureza de la posguerra. Fernán Gómez explicaba que, para muchos jóvenes de su generación, triunfar no era únicamente una cuestión de ambición o reconocimiento, era una necesidad relacionada con la supervivencia.

Durante aquella conversación con Mercedes Milá llegó a afirmar que «era absolutamente necesario ser alguien». En una época marcada por las dificultades económicas, no destacar podía significar, según su propia visión, quedar condenado a la miseria.

El miedo a quedarse sin trabajo

Ese contexto también explica una de las decisiones que marcaron su trayectoria. Fernán Gómez no quiso depender exclusivamente de la interpretación. El temor a quedarse sin trabajo le llevó a aprender otros oficios dentro de la creación artística, especialmente la escritura y la dirección.

La estrategia terminó proporcionándole una independencia que no todos los actores de su generación pudieron alcanzar. En la entrevista recordaba que llegó a pasar aproximadamente un año y medio sin recibir ninguna oferta como intérprete. Sin embargo, pudo mantenerse gracias a los trabajos que había realizado como director.

Aquella versatilidad acabaría convirtiéndose en una de sus grandes señas de identidad. Fernán Gómez entendió muy pronto que el cine y el teatro podían contemplarse desde diferentes lugares y que conocer el proceso creativo detrás de una obra podía darle una libertad mucho mayor.

También conocía perfectamente uno de los aspectos menos glamurosos del cine: las largas horas de espera durante los rodajes. Recordaba una frase atribuida a Pepe Isbert que terminó haciendo suya: «A los actores se les paga por esperar».

Fernán Gómez aprovechaba esas interminables pausas para leer. De hecho, reconocía que probablemente fue durante los primeros rodajes, mientras esperaba su turno para entrar en escena, cuando más libros llegó a leer.

Las reflexiones de Fernán Gómez

La conversación con Mercedes Milá adquirió un tono especialmente interesante cuando ambos abordaron la forma de vida de los artistas. Fernán Gómez sostenía que los cómicos habían disfrutado históricamente de una libertad moral que no estaba tan extendida en el conjunto de la sociedad.

Mientras trabajaba en El viaje a ninguna parte, adaptación de su propia novela sobre una compañía de cómicos ambulantes, reflexionó precisamente sobre ese universo que conocía de primera mano.

«Los cómicos siempre han llevado en lo moral una vida más avanzada que el resto de la sociedad», afirmó. Para explicar aquella idea, recurrió a cuestiones que en determinados momentos habían sido consideradas tabú: «Los cómicos vivían en amor libre, la homosexualidad no tenía ninguna importancia».

No se trataba, en su planteamiento, de presentar el mundo de los artistas como un espacio perfecto, sino de señalar que quienes vivían de pueblo en pueblo, actuando allí donde encontraban un escenario, habían desarrollado formas de relación diferentes a las establecidas por la sociedad convencional.

Fue entonces cuando Mercedes Milá quiso profundizar en una afirmación anterior del actor. La periodista le preguntó por su idea de que las nuevas costumbres habían terminado arrebatando a los cómicos parte de ese particular patrimonio moral.

Fernán Gómez no se echó atrás. Al contrario, reafirmó su planteamiento con una frase que ha quedado como una de las más llamativas de aquella entrevista: «Cuando empecé se vivía en un régimen de amor libre y de moral auténtica y la sociedad moral nos ha arrebatado parte de este patrimonio».

Como vemos, esta entrevista demuestra que Fernán Gómez no necesitaba grandes titulares para resultar provocador. Le bastaba con hablar con absoluta naturalidad de aquello que pensaba, incluso cuando sus opiniones podían chocar con las ideas dominantes.