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La clave de Sara Carbonero para tener éxito: «Renunciar al placer a corto plazo para obtener la plenitud a largo plazo»

Esta reflexión representa toda una disyuntiva entre disfrutar del hoy o pensar en el mañana

El reto que ha superado Sara Carbonero, meses después de su bache de salud: «Solo yo sé lo que significa»

Sara Carbonero, durante un evento (EP).
Álvaro Olivero

En los últimos años, la sociedad ha vivido a base de estímulos constantes. Buscamos información y la conseguimos al momento, compramos algo por internet y al día siguiente llega a casa, encendemos la televisión y tenemos entretenimiento instantáneo y a la carta. Incluso cuando se tiene un hueco libre, tendemos a rellenarlo con cualquier cosa.

El problema está en que todo lo que proporciona placer puede no resultar en felicidad. A veces, disfrutar de algo efímero no es sinónimo de estar construyendo algo que te gusta o te da una estabilidad plena. La periodista Sara Carbonero ha compartido una reflexión en redes sobre esta diferencia: «Las personas que verdaderamente tienen éxito, aquellas que experimentan una profunda felicidad, están dispuestas a renunciar al placer a corto plazo para obtener la plenitud a largo plazo».

El eterno dilema del «ya»

Nos hemos acostumbrado a tenerlo todo al instante. Se nos agota la paciencia si nos toca esperar por algo y olvidamos que hay situaciones que demandan tiempo y esfuerzo. Esta época de la inmediatez deriva en una silenciosa infelicidad que no sabemos frenar. Gregorio Muñoz, profesor de Psicología en la Universidad Alfonso X el Sabio y autor del libro ¿Quieres o debes ser feliz?, habló sobre este tema con la revista HOLA.

Por qué cuesta renunciar al placer inmediato

Si bien la espera nunca ha sido bienvenida por nadie, hoy en día esta práctica es más tediosa. Muñoz explicó que la cultura de la inmediatez hace que perdamos cualidades como la paciencia o la tolerancia a la frustración. Dos de las capacidades principales cuando se busca lograr algo que implica un tiempo prolongado.

Según señala, nuestros ancestros tenían interiorizado que la constancia, el respeto y la paciencia en las distintas fases de un proceso eran esenciales para alcanzar un objetivo, ya sea en la construcción de relaciones, formalizar una familia o conseguir un nuevo trabajo. Por contraposición, ahora demandamos respuestas al momento.

La explicación se encuentra en el propio cerebro. Una gratificación instantánea ayuda a la liberación de dopamina, relacionada con el sistema de recompensa, y hace que queramos que se repita lo que nos ha hecho disfrutar. El problema es que esto supone una «adicción» y necesitamos esos estímulos constantes para eludir cualquier sentimiento de vacío, malestar o aburrimiento.

Muñoz expuso varios ejemplos que sostienen esta afirmación: cuando vuelve el estrés al acercarse la fecha de retorno al trabajo tras las vacaciones o cuando nos enmogollonamos por no saber qué hacer en unas horas libres. Pero el ejemplo más grave es que ya no sabemos vivir sin redes sociales. «Hemos normalizado la urgencia y la idea de estar siempre activos», dijo el experto.

Plenitud no es lo mismo que placer

Otra de las lecturas que se pueden sacar de la cita compartida por Sara Carbonero es que la plenitud no es lo mismo que el placer. Aun así, tampoco consiste en renunciar a los placeres del presente ni en hacer constantes sacrificios pensando en el largo plazo. La diferencia para Muñoz radica en saber para qué perseguimos recompensas.

No es lo mismo hacer ejercicio porque nos brinda un bienestar, tanto físico como mental, que hacerlo como una vía de desconexión de nuestros problemas. Como tampoco tomar una cerveza porque nos apetece en vez de por despejar la mente un rato. «Desde donde se haga una u otra actividad marcará que la persona a largo plazo se sienta con mayor o menor plenitud», afirmó Muñoz.

El experto advirtió que el placer inmediato otorga una satisfacción pasajera y efímera, mientras que la plenitud permanece en el tiempo y nos hace sentirnos bien con nosotros mismos, con la sensación de que nuestra vida y cómo actuamos ante ella tiene sentido.

Cómo encontrar el equilibrio perfecto

Para lograr una balanza compensada entre disfrutar del hoy y pensar en el mañana, Muñoz propuso comenzar por algo lógico, pero que no se suele poner en práctica: prestar atención a nuestras emociones, acciones y sentimientos. Preguntarnos qué y por qué hacemos algo puede facilitar diferenciar entre lo que disfrutamos y lo que usamos simplemente para evadirnos.

«Cuanto más me conozco, más posibilidades tengo de definir lo que me hace feliz. Cuanto más claro tengo qué me hace feliz, más fácil es diferenciar lo que me acerca o aleja de ella», añadió Muñoz.

Quizás esta reflexión del experto sea el éxito del que habla la publicación de Carbonero. Porque no se trata de perseguir constantemente el éxito material o coleccionar vivencias sin filtro, sino de desarrollar la sabiduría suficiente para diferenciar los subidones fugaces de aquellas decisiones que, al finalizar el día, nos llenan de paz y nos confirman que llevamos las riendas de nuestra propia existencia.