La obsesión de la Reina Sofía en Marivent: quería una casa donde poder caminar siempre descalza
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Todo sobre Marivent: la residencia 'abandonada'

Cada verano, el Palacio de Marivent vuelve a convertirse en el epicentro de la actualidad de la Familia Real. Aunque la atención suele centrarse en la agenda de los Reyes o en las tradicionales imágenes de sus vacaciones en Mallorca, el complejo guarda infinidad de historias y curiosidades que hablan de cómo se ha vivido realmente entre sus muros durante más de cinco décadas.
Una de las más llamativas la rescataron hace un tiempo nuestros compañeros de OK Baleares, que desvelaron un detalle desconocido sobre la Reina Sofía y su particular manera de entender la vida en Marivent. Cuando don Juan Carlos y doña Sofía se instalaron en el palacio en 1973, tras recibirlo como residencia de verano, fue la propia Reina quien asumió personalmente la decoración de la casa.
Su inspiración no fue otra que Corfú, la isla griega donde pasó gran parte de su infancia y donde disfrutaba de largos veranos rodeada de su familia. Sofía quería reproducir ese ambiente relajado y acogedor en Mallorca y tenía un objetivo muy concreto: convertir Marivent en una casa donde pudiera caminar siempre descalza.

Para conseguirlo, mandó colocar moqueta en varios de los salones del palacio, una decisión poco habitual en una residencia de estas características. Según relatan quienes conocieron aquella primera etapa, el plan no siempre salió como esperaba, ya que los perros de la familia hacían sus necesidades sobre las alfombras, una anécdota que ha quedado como una de las historias más curiosas de aquellos años.
La decoración también llevaba su sello personal. Pintó las puertas de blanco, instaló una mesa de ping-pong en el vestíbulo y creó espacios pensados para disfrutar en familia. Incluso habilitó una gran habitación donde sus hijos y sobrinos dormían juntos sobre colchones en el suelo, recreando el ambiente de un auténtico campamento de verano.

Con el paso de los años, el Gobierno balear acometió una profunda restauración del palacio. Las moquetas desaparecieron para recuperar los suelos originales de cerámica, las puertas recuperaron su color natural y la mesa de ping-pong fue sustituida por una tradicional mesa mallorquina de bienvenida. Sin embargo, el espíritu que Sofía quiso imprimir a Marivent sigue siendo uno de los rasgos más recordados de la residencia: un lugar pensado para la vida familiar, lejos del protocolo y donde, al menos en sus primeros años, la Reina sólo tenía una prioridad: sentirse como en casa, hasta el punto de recorrerla siempre descalza.