Muere Josep Cusí, el íntimo amigo de Juan Carlos I que pagó parte de la luna de miel de Felipe y Letizia
Josep Cusí ha fallecido este miércoles en Barcelona a los 92 años
Cusí era íntimo amigo y confidente de Juan Carlos I
Su vida estuvo marcada por el deporte, la vela y la caza

Josep Cusí, uno de los amigos más íntimos y discretos de Juan Carlos I, ha fallecido este miércoles en Barcelona a los 92 años. El empresario catalán, figura clave en la trayectoria deportiva del rey emérito y durante décadas uno de sus grandes confidentes, deja atrás una vida extraordinaria marcada por el deporte, la empresa, la vela, la caza y una relación de más de medio siglo con la Familia Real. Su muerte pone fin a la historia de un hombre que siempre prefirió permanecer en un segundo plano, incluso cuando su biografía estaba repleta de episodios dignos de una película.
Nacido en Barcelona el 13 de enero de 1934, Cusí perteneció a esa burguesía catalana de perfil discreto, vinculada a instituciones como el Real Club Náutico de Barcelona o el Círculo del Liceo. Ingeniero electrónico de formación y empresario, desarrolló además una intensa faceta deportiva desde muy joven. Practicó natación y waterpolo, llegó a competir en campeonatos de Cataluña y, posteriormente, encontró en el tiro una disciplina con la que cumplir uno de sus grandes sueños: convertirse en olímpico. Lo consiguió en México 1968, donde participó en la competición de tiro al plato.

Pero antes de convertirse en uno de los hombres de confianza de Juan Carlos I, Cusí ya había acumulado una colección de experiencias difícil de igualar. Su pasión por el deporte y por el mar le llevó incluso a conocer al legendario explorador francés Jacques Cousteau. Siendo todavía muy joven, sus habilidades como nadador y submarinista llamaron la atención del comandante, que le invitó a participar en una expedición a bordo del mítico Calypso. Cusí viajó hasta el mar Rojo y participó en la filmación de El mundo del silencio, considerada una de las primeras grandes películas rodadas bajo el agua. Allí protagonizó además una de esas historias que parecen inventadas: fue el único que se atrevió a dar de comer a los tiburones mientras permanecía dentro de una jaula. La aventura terminó incluso con un reconocimiento de Francia, que le concedió la Legión de Honor.
Su trayectoria también estuvo ligada durante años a Francisco Franco, para quien ejerció como instructor de tiro al plato y acompañante en jornadas de caza. Fue precisamente en ese ambiente donde conoció por primera vez al entonces príncipe Juan Carlos. Sin embargo, aquella primera coincidencia no fue todavía el inicio de una amistad profunda. El vínculo entre ambos se estrecharía unos años después, cuando sus caminos volvieron a encontrarse en el mundo de las regatas.

La vela terminó convirtiéndose en el gran punto de unión entre los dos. Juan Carlos se preparaba para los Juegos Olímpicos de Múnich de 1972 y Cusí comenzó a introducirse cada vez más en el mundo de la navegación. La competitividad de ambos hizo el resto. El empresario ejercía como armador y el entonces príncipe como patrón, una fórmula que dio lugar a una de las embarcaciones más conocidas de la vela española: el Bribón. Durante décadas, Cusí permaneció al lado de Juan Carlos I en el mar, acompañándole en entrenamientos y competiciones y ejerciendo como uno de sus grandes apoyos.
La relación deportiva se transformó con el tiempo en una amistad personal de enorme confianza. El propio Cusí resumió en una frase la naturaleza de aquel vínculo cuando aseguró que no se consideraba el patrón del rey, sino su «servidor», tanto en el mar como en tierra y dentro y fuera del Bribón. Juntos cosecharon importantes triunfos, entre ellos varios Trofeos Godó, Campeonatos de España y títulos europeos y mundiales. Pero si algo caracterizó a Cusí fue precisamente su discreción. Durante años fue uno de esos hombres que sabía mucho y hablaba poco. Su cercanía al rey emérito le convirtió inevitablemente en testigo de algunos de los capítulos más controvertidos de la vida de Juan Carlos I, aunque él siempre procuró mantenerse al margen del foco. Incluso cuando su nombre apareció vinculado a informaciones relacionadas con la Familia Real, evitó alimentar la polémica.
Una de las historias que más trascendió fue la relativa a la luna de miel de Felipe VI y Letizia. Según publicó The Telegraph, Cusí habría financiado junto al propio Juan Carlos I una parte importante del viaje de novios de los actuales Reyes, cuyo coste habría superado los 402.278 euros. El empresario habría aportado alrededor de 232.000 euros. Un episodio que puso nuevamente de manifiesto hasta qué punto la relación entre Cusí y la familia del emérito iba mucho más allá de las regatas.

También rompió excepcionalmente su silencio para defender a la Reina Sofía y destacar la buena relación que, según él, mantenían Sofía y Letizia. En 2012, tras el polémico viaje de Juan Carlos I a Botsuana, criticó el safari y lanzó una frase que resumía su forma de entender la amistad: había que evitar los tropiezos, tanto en un bungalow como en la vida pública. Unas palabras que reflejaban también los altibajos de su relación con el emérito, marcada por momentos de tensión, como los relatados por la periodista Pilar Urbano cuando Juan Carlos I quiso acudir a algunas reuniones acompañado de Corinna Sayn-Wittgenstein. Pese a ello, su amistad sobrevivió a los años más complicados y continuó incluso después de que el emérito se instalara en Abu Dabi en 2020.
En los últimos años, la distancia física no consiguió romper el contacto. Debido al estado de salud de Cusí y a las dificultades para desplazarse, ambos mantenían conversaciones frecuentes por videollamada. Se llamaban habitualmente y seguían compartiendo confidencias y recuerdos. El rey emérito permaneció especialmente pendiente de su amigo después de que este sufriera un ictus en 2021, tras el que llegó a permanecer un mes en coma. Cusí pasó sus últimos años acompañado de su mujer, Inés Muiños, y rodeado de su familia. Padre, abuelo y bisabuelo, llevaba una vida mucho más tranquila que la que había protagonizado durante décadas. En su casa todavía estaba presente otro vínculo con el rey: un perro jack russell llamado Bribón, regalo de Juan Carlos I, que se convirtió en uno de sus grandes compañeros.